martes, 1 de noviembre de 2011

Conmemoración de todos los fieles difuntos (tercera misa)


TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Esd 2, 34-35.-  Dales Señor el descanso eterno y la luz perpetua brille para ellos. Ps. Para Ti, oh Dios se canta un himno en Sion y para Ti entregan ofrendas en Jerusalén; escucha mi oración, a ti vendrá todo lo que está vivo.

Colecta.- Oh Dios, que otorgas el perdón y buscas la salvación de los hombres, pedimos a tu clemencia por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos tus santos, para las almas de tus siervos y siervas que han salido de este mundo, la gracia de tener parte en la beatitud eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Epístola.- Apoc. 14, 13.- En aquellos días: escuché una voz que me ordenaba desde el cielo: «Escribe: ¡Felices los muertos que mueren en el Señor! Sí –dice el Espíritu– de ahora en adelante, ellos pueden descansar de sus fatigas, porque sus obras los acompañan».

Gradual. 4 Esdr2, 34-35  Dales, Señor, el descnaso eterno y brille para ellos la luz perpetua. . La memoria del justo será eterna y no temerá un renombre funesto.

Tracto.- Absuelve, Señor, las almas de los fieles difuntos de los lazos de sus pecados. . Ayúdales tu gracia para que puedan escapar a la sentencia de condenación y gozar eternamente la dicha de vivir en tu luz.

Secuencia.- (se puede omitir)  Este himno latino del siglo XIII fue compuesto por el amigo de san Francisco de Asís: Tomás de Celano (1200-1260). Describe el día del juicio, con la última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino, y en el que el alma suplica la misericordia divina recordando al Señor su pasión redentora y su benevolencia con los pecadores.

1.      Oh día de ira aquel en que el mundo se disolverá, como lo atestiguan David  y Sibila!
2.      Cuán grande será el terror  cuando el juez venga  a juzgarlo todo con  rigor.
3.      La trompeta, al esparcir su atronador sonido por la región de los  sepulcros, reunirá a  todos ante el trono.
4.      La muerte se asombrará, y la naturaleza, cuando resucite lo creado, responderá ante el Juez.
5.      Se abrirá el libro en el que está escrito todo aquello por lo que el mundo será juzgado.
6.      Entonces el Juez tomará asiento. Cuanto estaba oculto será revelado, nada quedará oculto.
7.      ¿Qué diré yo, miserable? ¿A qué abogado acudiré cuando aun el justo apenas está seguro?
8.      ¡Oh Rey de  terrible majestad, que a los que salvas, salvas gratis! ¡Sálvame, fuente de piedad!
9.      Acuérdate, piadoso  Jesús, de que por mí has venido al mundo; No me  pierdas en aquel día.
10.  Al buscarme, te sentaste fatigado, me redimiste padeciendo en la cruz. ¡Qué no se pierda tanto trabajo!
11.  Oh justo juez de las venganzas,  concédeme el perdón en el día en que pidas cuentas.
12.  Gimo como reo, la culpa ruboriza mi cara. Perdona, Señor a quien te lo suplica.
13.  Tú que perdonaste a María (Magdalena), y escuchaste al ladrón y a mí mismo me diste la esperanza.
14.  Mis plegarias no son dignas; pero Tú, buen Señor, muéstrate benigno, para que yo no arda en el  fuego.
15.  Dame un lugar entre tus ovejas y apártame del infierno, colocándome a tu diestra.
16.  Arrojados los malditos a las terribles llamas, convócame con tus elegidos.
17.  Te ruego, suplicante y anonadado, con el corazón contrito como el polvo, que me cuides en mi hora final.
18.  ¡Oh día de lágrimas, aquel en el que resurgirá del polvo el hombre para ser juzgado como reo!
19.  A él/ella perdónale oh Dios. Piadoso Señor Jesús: dales el descanso eterno. Amén

Evangelio. Jn 6, 51-55.- En aquel tiempo: dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».  Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.  Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.

Ofertorio. Señor, Jesucristo, Rey de gloria, liberad las almas de los fieles difuntos de las llamas del Infierno y del Abismo sin fondo: liberadlos de la boca del león para que el abismo horrible no los engulla y no caigan en los lazos de las tinieblas. 'Que san Miguel, portador del estándar-te, los introduzca en la santa luz; como le prometiste a Abrahán y a su descendencia. Súplicas y alabanzas, Señor, te ofrecemos en sacrificio. Acéptalas en nombre de las almas en cuya memoria hoy las hacemos. Hazlas pasar, Señor, de la muerte a la vida, como antaño pro-metiste a Abraham y a su descendencia''.

Secreta.- Oh Dios, cuya misericordia no tiene límites, recibe propicio nuestras súplicas y por estos sacramentos en que se realiza nuestra salvación concede a las almas de todos los fieles difuntos, que a ti te deben el haber profesado la fe cristiana, la remisión de todos sus pecados. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de difuntos.- En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo. Por eso, con los ángeles y arcángeles, con los tronos y dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Comunión.- Brille, Señor, para ellos la luz eterna con tus santos para siempre, porque eres piadoso. V/. Dales Señor el descanso eternos y brille para ellos la luz perpetua; con tus santos para siempre porque eres piadoso.

Poscomunión. Te rogamos, oh Dios omnipotente y misericordioso, que las almas de tus siervos y siervas, por quienes hemos ofrecido a tu majestad este sacrificio de alabanza, sean purificados de todos sus pecados por virtud de este sacramento, y reciban por tu misericordia el gozo de la luz eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.