jueves, 27 de agosto de 2015

XIV domingo despues de Pentecostés

XIV domingo después de Pentecostés
II clase, verde
Gloria, Credo y Prefacio de la Santísima Trinidad

Las lecturas del Breviario están  sacadas, o bien del libro santo del Eclesiástico, si el domingo cae dentro del mes de agosto, o del libro de Job, si por el contrario cae en septiembre.
Comentando S. Gregorio el libro de Job, dice: "Hay hombres que se tiran alocados a los bienes deleznables, ignorando que existen los eternos o no haciendo aprecio alguno de ellos. Creados para contemplar la luz de la verdad, no elevan jamás hasta ella los ojos del alma, jamás tienen un deseo, jamás intentan un vuelo hacia la contemplación de la patria perdurable. Abandónanse a los placeres en que se hallan engolfados, y aman, cual si fuera su patria, el triste lugar del destierro. En el abismo de las tinieblas están tan alegres como si una radiante luz los alumbrara.
   Los elegidos, por el contrario, no teniendo para ellos los bienes transitorios valor alguno, buscan aquellos para los cuales sus almas fueron criadas. Aprisionados en este mundo por las ataduras de la carne, procuran remontarse por encima de este mundo y toman la saludable resolución de despreciar lo que pasa con el tiempo y de suspirar por las cosas que perduran.   
A Job nos le presenta la Sagrada Escritura como tipo despegado de los bienes de la tierra. "Job sufrió con paciencia y dijo: Si hemos recibido los dones de Dios ¿por qué no recibiremos también los males? El Señor me dio estos bienes, Él me los ha quitado; sea e  l nombre del Señor bendito. "
La misa de este día se halla embebida en los mismos pensamientos.
El Espíritu Santo, cuyas abundantes efusiones recayeron sobre la Iglesia en las fiestas de Pentecostés, formó en nosotros un hombre nuevo, que se opone a las manifestaciones del hombre viejo, o sea, a la concupiscencia de la carne y la busca de riquezas.
El Espíritu de Dios es espíritu de libertad, pues nos hace hijos de Dios nuestro Padre y hermanos de Cristo nuestro Señor. Mas para llegar a redimirnos y alcanzar esa envidiable libertad de los hijos de Dios, para llegar a ser hermanos de Cristo, preciso es crucificar la carne juntamente con sus vicios y concupiscencias, y esclavizar a esa carne que guerrea contra el espíritu (Ep.).   
Esos son los dos señores principales que se disputan la posesión y el servicio del hombre; y sin embargo, ya nos dice Jesús en el Evangelio de hoy, que no podemos servir a la vez a dos señores, porque, de intentarlo, no tendríamos contento a ninguno de ellos. Además, no hay lugar a vacilación cuando se trata de escoger un señor a quien servir. Porque a la carne nada le debemos, sino sucias manchas que nos afean y avergüenzan. Nada debemos al mundo, sino ocasiones de traspiés e incitaciones al mal; nada finalmente al demonio. Por eso, nadie ama al demonio, aunque se le soporta con gusto. Nadie tampoco odia a Dios, pero sí se le desprecia, o sea, que no se le teme como quien está seguro de su bondad, olvidando que la paciencia de Dios nos convida a penitencia (Eccli. 6, 6) lejos de animarnos a permanecer encharcados en el mal. (Noct. 3º).
   Dios y sólo Dios es nuestro Amo. Él tiene exclusivo derecho a nuestro dominio, a nuestros servicios, derecho de creación y derecho de conquista, pues tuvo a bien rescatarnos del poder de Satanás con muy subido precio". Así, busquemos ante todo servir a Dios con todas veras, porque se lo debemos en estricta justicia y además nos irá bien en su santo servicio. Es buen pagador, al revés del mundo, del demonio y de la carne, los cuales, tras de prometer mucho, dan poco, y aun eso, aguado con mil hieles de pesares y zozobras. Busquemos en todo y siempre el reino de Dios y su justicia (Ev., Com.), o sea, su mayor gloria; que lo demás ya vendrá con esto, porque nada falta a los que le temen, y "a ningún justo se le ha visto abandonado". Cifremos en Él nuestra esperanza (Gr.), pues Él es nuestro protector (Int.) y hasta envía a su Ángel para librar a los que le sirven (0f.). El es quien conserva nuestra flaca naturaleza, que sin su ayuda, forzosamente había de sucumbir (Or.).
   Preocupémonos ante todo de servir a Dios. Cualquiera otra inquietud sería injuriosa para nuestro Padre celestial, el cual nos ama: "Ipse Parer amat vos", nos ama como a hijos carísimos; por lo cual no puede consentir que nos falte lo necesario aun para la vida del cuerpo, en comida ni en vestido, pues no falta a los mismos animalitos, sin embargo de valer harto menor que nosotros.

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm. 83.10-11,2-3.- El cristiano que implora la protección divina recuerda humildemente a Dios que él lo es todo para sus hijos.
Oh Dios! escudo nuestro, levanta los ojos y mira el rostro de tu Ungido; porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos.  Salmo.- ¡Cuán amables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma suspira y desfallece por los atrios del Señor. V/ Gloria.
Colecta.- Te rogamos, Señor, guardes siempre misericordiosa­mente a tu Iglesia; y pues sin ti no puede sostenerse la humana naturaleza mortal, haz que tus auxilios la preserven siempre de lo nocivo y la dirijan a lo salu­dable. Por nuestro Señor.
Epístola. Gal. 5.16-24.- A medida que se deja guiar el cristiano por el Espíritu Santo, va aprendiendo a descubrir el mal  y a apartarse de él como por instinto. Igualmente se siente inclinar espontáneamente hacia «las obras del Espíritu» y transformarse en un ser nuevo.
Hermanos: Vivid según el espíritu y no satisfaréis los apetitos de la carne. Porque la carne tiene deseos contrarios a los del espíritu, y el espíritu, contrarios a los de la carne; son entre sí opuestos, por lo cual no hacéis lo que queréis. Mas si os conduce el Espíritu, no estáis bajo la Ley. Manifiestas son las obras de la carne: fornicación, deshonestidad, lujuria, idolatría, magia, enemistades, pleitos, enojos, celos, riñas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces, orgías, y cosas parecidas. Os prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen no alcanzarán el reino de Dios. Al contrario, los frutos del Espíritu son: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimi­dad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad. Contra tales cosas no hay Ley. Pero los que son de Cristo, han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias.
Gradual. Salm.117.8-9.- Mejor es confiar en el Señor que confiar en el hombre. V/ Mejor es esperar en el Señor que esperar en los príncipes.
Aleluya. Salm. 94.1.- Aleluya, aleluya. V/. Venid, cantemos alegres al Señor; aclamemos a Dios nuestro Salvador. Aleluya.
Evangelio. Mat. 6.24-33.- «Buscad primero el reino de Dios y su  justicia”. Se trata aquí de la actitud fundamental de nuestra vida en relación con los bienes terrenos. Debemos confiar siempre en Dios, pase lo que quiera, aun en medio de las necesidades más apremiantes.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o al uno sufrirá y al otro despreciará. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os inquietéis por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No es más el alma que la comida, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. Pues ¿no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, a fuerza de discurrir, puede añadir un codo a su estatura? y ¿por qué inquietaros por el vestido? Obser­vad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. Y, sin embargo, yo os digo que ni Salomón en toda su gloria llegó a vestirse como uno de estos lirios. Pues si al heno del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así viste, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? Por estas cosas se afanan los paganos. Mas sabe vuestro .Padre celestial que las necesitáis. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia; y todo lo demás se os dará por añadidura. CREDO.
Ofertorio. Salm. 33.8-9.-  Acampará el ángel del Señor alrededor de los que le temen, y los librará; gustad y ved cuán bueno es el Señor.
Secreta.-  Te rogamos, Señor, nos concedas que esta hostia saludable nos purifique de nuestros pecados y atraiga sobre nosotros el favor de tu potestad. Por nuestro.
Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino .en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. .Santo...
Comunión.-  Buscad primero el reino de Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura; -dice el Señor-.
Poscomunión.-  Oh Dios!, que tus sacramentos nos purifiquen y defiendan siempre; y produzcan en nosotros como efecto  la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

XIII domingo despues despues de Pentecostés

XIII Domingo después de Pentecostés
(II clase, verde)
Gloria, Credo y prefacio de la Trinidad

La Iglesia sigue leyendo los libros Sapienciales, entre ellos el libro del Eclesiastés, el cual se abre con esta gran sentencia: "Vanidad de vanidades, y todo es vanidad... he visto todas las cosas que se hacen bajo el sol, y todas ellas son vanidad y aflicción de espíritu; los perversos difícilmente se enmiendan, y es infinito el número de necios". (1er. Noct.). Pues si esto lo dijo Salomón antes de la ley de gracia y de las luces sobrenaturales tan claras traídas de lo alto por Jesucristo, ¿qué no debiéramos pensar los cristianos de la vacuidad de los goces, de las riquezas y dignidades de este mísero mundo, por que los hombres tanto se perecen? Nosotros, los cristianos, debemos escalar cimas aún más elevadas que el mismo rey Salomón, nos dice S. Juan Crisóstomo (2º Noct.): nuestra vida debe andar regulada por esas virtudes celestiales que nada tienen de corpóreo, y que son todo inteligencia, o sea, por las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, virtudes que pedimos en la colecta, para que mediante ellas, "no amemos sino aquello que Dios nos manda amar". (Or.). 
Hoy se lee la Epístola, que tiene por argumento la fe en Jesucristo, fe que obra a impulsos de la caridad, y que hace cifremos nuestra esperanza en el Salvador, como lo hizo el mismo Abrahán y todos los Patriarcas del Antiguo Testamento. Esa fe activa y confiada hace que las almas cubiertas por la lepra del pecado queden de ella limpias, como lo quedaron los diez leprosos de que el Evangelio nos habla, y sobre todo de aquel samaritano que volvió a dar gracias a Jesús por su curación. La fe salva también las almas. Ella es "el principio y raíz de nuestra justificación " enseña el Santo Concilio Tridentino.
También nos enseña esta página evangélica cómo, si bien es cierto que no tenemos más que un Maestro, y éste es Cristo, con todo eso, hemos de sometemos a las enseñanzas y a las leyes de los substitutos que Él a puesto en la tierra, o sea, a la Iglesia, que es la encargada de curar y de distinguir lepra de lepra en el sacramento admirable de la Penitencia.
Lo que ella perdona, perdonado queda, lo que ella manda, refrendado va por el mismo Dios; el que a ella escucha, a Dios escucha, y el que la desprecia, a Dios mismo desprecia. Tal es la suave y natural economía, tan sabia como humana, que Dios ha tenido a bien establecer. Quiso gobernar a los hombres por medio de hombres. También pondera S. Agustín (Mait.) el desagradecimiento de los leprosos curados, pues que tan sólo uno de ellos fue para volver y dar gracias a su insigne médico, y éste nota el Evangelio que era Samaritano, o sea, de una raza inferior a la judía, descendiente de Abrahán y heredera de sus promesas. Por donde se ve que los verdaderos hijos de Abrahán no son aquellos que vienen de él por descendencia carnal, sino aquellos que participan de la fe viva del Padre de los Creyentes. "Los demás, hinchados con el orgullo, creían rebajarse si devolvían gracias a su Bienhechor (lb.).  Con todo eso, los judíos volverán algún día al redil, único aprisco de salvación, al "pequeño rebañito" de Jesús, decepcionados por el Anticristo. Su exclusión de la Iglesia no es irrevocable. Pidamos la pronta conversión de ese pobre pueblo cantando con el Introito y el Gradual: "Mira, Señor, tu pacto y no abandones hasta el fin las almas de tus pobres..." En cambio nosotros, hijos de gentiles, decimos a Jesús que en Él ciframos toda nuestra esperanza (Ofert.), porque Él se ha declarado nuestro refugio de generación en generación (Alel.), y porque nos alimenta con un Pan del cielo, harto más regalado que el maná llovido a los hebreos durante 40 años en el desierto (Com.)
...
Las virtudes que deben informar toda la vida  del cristiano, las que han de dirigirle, sostenerle y animarle en todos sus actos, no son otras que las virtudes teologales, cuyo aumento pedimos hoy en la Colecta de la santa Misa.  La fe es tan necesaria, que sin ella, como enseña San Pablo, no es posible agradar a Dios. De la esperanza está escrito en los Libros Santos, que es bienaventurado quien no ha decaído de ella y no la ha abandonado. Finalmente, nos asegura el Apóstol que sin la caridad nada somos delante de Dios.
En Abraham, de quien hace mención la Epístola, podemos ver reunidas las virtudes teologales. El creyó cuanto Dios le dijo aún cuando parecía imposible su realización; además, vivió, dice San Pablo, en la tierra que se le había prometido, como en tierra extraña, habitando en tiendas o cabañas, porque tenía puesta la mira y toda su “esperanza" en aquella ciudad de sólidos fundamentos, la celestial Jerusalén, cuyo fundador y arquitecto es el mismo Dios; y amó a Dios con todo su corazón estando dispuesto a sacrificar su propio hijo antes que desagradarle.

El Evangelio nos demuestra cuánto place al Señor que seamos agradecidos a sus favores. Y si debemos agradecerle  todos los beneficios, muy especialmente el haber infundido en nuestra alma la fe, esperanza y la caridad..
TEXTOS DE LA SANTA MISA


Introito. Salm. 73, 19-23,1.-  Acuérdate, Señor, de tu pacto y no olvides por siempre la vida de tus pobres. Levántate, Señor, y defiende tu causa, no olvides las voces de los que te buscan. Salmo.- ¡Oh Dios!, ¿por qué nos has desechado para siempre, y se ha enojado tu furor contra las ovejas que apacientas? V/. Gloria al Padre, y al Hijo.
Colecta.- Las virtudes teologales son las que nos elevan por encima de nosotros y convierten nuestra vida en una respuesta amante y genero­sa a los dones que nos otorga Dios.
Oh Dios todopoderoso y eterno!, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; y para que merezcamos conseguir los bienes que nos prometes, haznos amar lo que nos mandas. Por nuestro Señor.
Epistola. Gál. 3.16-22.- Todo es gratuito en la salvación que nos ofrece Dios: la promesa, su realización en Cristo, su aplicación a cada uno de nosotros. Se requiere, en verdad, la observancia de la Ley; pero no es ella la que nos salva.
Hermanos: Las promesas se hicieron a Abraham y a su descendencia. No se dice: «Y a los descendientes», cual si se tratase de muchos, sino «y a tu descendencia», como si no hubiese más que uno, el cual es Cristo. Esto significa que un contrato hecho por Dios en debida forma, no lo abroga la Ley, que fue hecha cuatrocientos treinta años después, ni anula la promesa. Porque si la herencia se nos da por la Ley, ya no es por la promesa. Pero Dios por medio de la promesa hizo la donación a Abraham. ¿Para qué, pues, la Ley? Púsose en vista de las transgresiones hasta que viniese el descendiente a quien se había hecho la promesa. Ella ha sido promulgada por ángeles por medio de un mediador. Mas el mediador no es de uno solo, y Dios es solo. ¿Luego la Ley es contra las promesas de Dios? No. Si la Ley pudiese dar la vida, la justificación vendría verdaderamente de la Ley. Mas la Escritura todo lo dejó sujeto el pecado, para que la pro­mesa fuese dada a los creyentes por la fe en Jesucristo.
Gradual. Salm.73.20,19,22.- Recuerda, Señor, tu alianza y no olvides para siempre las vidas de tus pobres. V/ Levántate Señor, y defiende tu causa: acuérdate del ultraje que se ha hecho a tus siervos.
Aleluya. Salm. 89.1.- Aleluya, aleluya. V/ Señor, tu has sido nuestro refugio de generación en generación. Aleluya.
Evangelio. Luc. 17.11-19.- De los diez leprosos, uno solo tuvo fe en Cristo, y ésta le salvo. La curación de la lepra es imagen de la del pecado.
En aquel tiempo: Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba por medio de Samaria y de Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron diez leprosos, los cuales se pararon lejos y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, apiádate de nosotros. El, al verlos, dijo: Id y mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, quedaron sanos. Y uno de ellos, cuando vio que había quedado limpio, volvió glorificando a Dios a grandes voces, y se postró en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Era samaritano. Dijo entonces Jesús: ¿Pero no son diez los curados? ¿y los otros nueve, dónde están ? No ha habido quien volviese a dar gloria a Dios, sino este extranjero. Y le dijo: Levántate, vete, porque tu fe te ha salvado. CREDO.
Ofertorio. Salm. 30.15-16.- En ti Señor, he puesto mi esperanza; dije: Mi Dios eres tú, en tus manos están mis días.
Secreta.-  Mira, Señor, propicio a tu pueblo y acepta sus dones; para que, aplacado con esta oblación, nos concedas el perdón y cuanto te pedimos. Por nuestro Señor.
Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...
Comunión.-  Nos diste, Señor, pan del cielo, que encierra en sí todo deleite y todo sabor de suavidad.
Poscomunión.- Recibidos, Señor, los sacramentos celestiales, sír­vannos de auxilio para adelantar en el camino de la salvación. Por nuestro Señor.
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XII domingo despues de Pentecostés

XII DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
(II clase, verde)
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad
Salomón es viva figura de Jesucristo, Rey de la paz y de la celestial Jerusalén, Rey sabio que dijo un día a los incrédulos Judíos:  "He aquí uno mayor que Salomón". En todos estos domingos quiere la Iglesia que leamos los escritos que el Espíritu Santo inspiró a aquel gran monarca para aprovechamiento de todos los venideros. Leamos esos libros saturados de celestial sabiduría, y escuchemos sobre todo la voz de Jesús que será siempre nuestro maestro por excelencia.
   Este Domingo insiste en la caridad. Cumpliéndola debidamente, hemos cumplido toda la Ley y no correremos peligro de desmandarnos, porque esa virtud nos atará a la divina voluntad con atadura y vínculo perfecto, de manera que se podrá decir con todas veras: "Ama, et fac quod vis".
   Cumplir la ley cristiana como Dios manda y no quedarse en su corteza es hacer lo que hizo el buen Samaritano con el pobrecito que los ladrones dejaron maltrecho a la vera del camino. Este buen Samaritano es Jesús, Jesús nuestro médico sapientísimo, cariñoso y desinteresado el cual se vistió traje de pecador, y anduvo, como nosotros, por el camino de una vida mortal buscando precisamente a los pecadores heridos por los dardos del demonio, derramando sobre nuestras llagas gangrenadas el bálsamo del consuelo y el óleo y vino de sus Sacramentos, ese óleo y ese vino de que hablan el Evangelio y la Comunión. Bendigamos, pues, al Señor en todo tiempo (Gr.), por haber extremado así sus bondades con nosotros.
Pero quiere Cristo que lo que Él hizo con todos, como buen Samaritano, lo hagamos también nosotros con nuestros semejantes, sobre todo con los miembros doloridos de Cristo que son los cristianos, máxime cuando son pobres, atribulados o pecadores. Recordemos también que el amor al prójimo ha de ser sobrenatural y así, le hemos de amar en Dios y por Díos, y la limosna que le demos, debemos dársela por Dios, como él la pide por Dios. En el cristiano, siquiera sea pobre y de exterior repugnante no debemos mirar sus harapos y la envoltura de carne magullada que aprisiona su alma preciosa, sino a un ser divinizado, como nosotros, por la gracia de Cristo.
   Hagamos también lo que hizo Moisés, figura de Jesucristo que devolvió bien por males, orando por su pueblo que tan desagradecido se había mostrado (Ofert.). Así es como podremos servir a Dios de un modo digno y merecedor de encomio, y correr por el sendero del cielo, que el Señor nos tiene prometido sin peligro de lamentables caídas (Or.).
   No miremos, pues, con indiferencia, ni menos con asco la miserias físicas y morales de nuestros hermanos, porque por tal camino tampoco nos haríamos acreedores a la compasión que de Dios necesitamos para conseguir las promesas de vida eterna hechas a los misericordiosos.
...
La oración sencilla y sublime y que constituye el Introito de esta Dominica habría de penetrar que tal suerte en lo más profundo de nuestra alma, que de ella nos sirviésemos en todas nuestras necesidades. Así consta que lo practicaban los santos que moraban en los desiertos, según lo testifican Casiano en una de sus conferencias. Sírvanos su ejemplo de modelo para acudir a Dios en todas nuestras necesidades. Orando alcanzaremos la divina gracia para servir al Señor digna y laudablemente como nos lo indica la Iglesia en la Colecta de la Santa Misa. Es tan grande la necesidad de esta gracia, que, conforme nos enseña San Pablo, sin ella no somos suficientes para tener, con solas nuestras fuerzas, ni tan sólo un buen pensamiento. Esta gracia, que constituyó a los Apóstoles ministros y propagadores de las doctrinas de Jesucristo, que los elevó a la mayor de las glorias, también se nos concederá a nosotros, si con humildad y perseverancia la pedimos.

En la parábola del caritativo Samaritano, que leemos en el Evangelio, podemos ver descrita la caridad inmensa de Jesucristo para con el linaje humano, y las cualidades que deben adornar nuestra caridad en favor del prójimo.


TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm. 69.2-4.- :Todas las Horas canónicas comienzan por el Deus In adjutorium, que abre la misa de este domingo. Era la oración incesante de los Padres del desierto.
Oh Dios!, ven en mi socorro; Señor, corre a ayudarme. Confusos y avergonzados queden mis enemigos, los que me persiguen a muerte. Salmo. Arrédrense y sean confundidos los que meditan males contra mí.  V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Colecta.- Omnipotente y misericordioso Dios, que concedes a tus fieles poder servirte digna y laudablemente; haz, te suplicamos, que corramos sin tropiezo a la consecución de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Epístola. 2 Cor. 3.4-9.- San Pablo, predicador del Evangelio, tiene conciencia de ejercer un ministerio incomparable, mucho más grande y más cercano a Dios que es el mismo Moisés. 
Hermanos: Tal es la confianza que tenemos en Dios por Cristo; no que podamos pensar algo bueno como propio nuestro, sino que nuestra suficiencia nos viene de Dios. Él nos ha hecho idóneos ministros de una nueva alianza; no de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Pues si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, fue tan glorioso que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés, por la gloria pasajera de su cara, ¿cómo no había de tenerla mayor el ministerio del Espíritu? Si el ministerio de la condenación era glorioso, mucho más glorioso será el ministerio de la justicia.
Gradual. Salm.33.2-3.- Alabaré al Señor en todo tiempo; no cesarán mis labios de alabarle. V/ En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se alegrarán.
Aleluya. Salm. 87.2.-  Aleluya, aleluya. V/. Señor, Dios de mi salvación: día y noche clamo en tu presencia. Aleluya.
Evangelio. Luc. 10-23-37.- Amar a Dios sobre las cosas y al prójimo como a nosotros mismos es el primer mandamiento de la ley. De este doble amor nos ha dejado Cristo el mayor ejemplo que se puede dar.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que  vosotros veis y no lo vieron, oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la Ley y le dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna? y él le contestó:¿Qué es lo que se halla es­crito en la Ley? ¿Qué lees en ella? Respondió él: Amarás al Señor, tu Dios, con .todo tu corazón, y toda tu alma, con todas tus fuerzas; y todo tu entendimiento; y tu prójimo como a ti mismo. Bien has respondido, dijole Jesús: haz eso, y vivirás. Mas él, queriendo jus­tificarse, preguntó de nuevo: y ¿quién es mi prójimo? Entonces Jesús, tomando la palabra- dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jeri­có y cayó en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio muerto. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote; y, aunque le vio, pasó de largo. Asimismo, un levita, y llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó también de largo. Mas llegó igualmente un viajero sama­ritano, y al verle, movióse a compasión. Y acercándose, le vendó las heridas, y echó en ellas aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó. Y al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, y cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva. ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Respondió el doctor: El que usó con él de misericordia. Dijole Jesús: Pues vete y haz tú otro tanto. CREDO.
Ofertorio. Ex. 32.11,13,14.- Oró Moisés al Señor, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Señor, te irritas contra tu pue­blo? Apláquese tu ira; acuér­date de Abraham, de Isaac y de Jacob, a los que juraste da­rías tierra que fluyera leche y miel, y se aplacó el Señor, y no ejecutó el castigo con que había amenazado a su pueblo.
Secreta.- Te rogamos, Señor, mires propicio los presentes que ofrecemos en los sagrados altares, para que, consiguiéndonos el perdón, rindan honor a tu santo nombre. Por nuestro Señor.
Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino -en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la pro­piedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Salm. 103.13.14.- Del fruto de tus obras, Señor, se sacia la tierra. Tú haces producir a la tierra el pan, el vino que alegra e] corazón del hombre, el aceite que ilumina los rostros. y el pan que fortalece el corazón del hombre.
Poscomunión.- Te suplicamos, Señor, nos dé una nueva vida la participación de este santo misterio, y nos sirva de expia­ción al propio tiempo que de fortaleza. Por nuestro Se­ñor Jesucristo.

jueves, 13 de agosto de 2015

LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA; LA VIRGEN MARIA. 15 de agosto


15 de agosto
LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA
I clase, blanco
“Hoy María Virgen subió a los cielos: alegraos, porque con Cristo reina para siempre”. Es el grito de la Liturgia y de la fe cristiana, dos veces milenaria.
La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, no convenía, no podía, no había de sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un deliquio místico de amor entrañable a su Dios, y en seguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angelicales.
Desde su vistoso sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente “omnipotencia suplicante”. Subió hasta la diestra de su Hijo benditísimo para preceder en la gloria a sus hijos adoptivos, que son más que legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa como madre e intercesora, la “llena de gracia”, la “más bendita de todas las mujeres”.
Y el Papa Pío XII, cediendo a su personal creencia y filial devoción y respondiendo también al unánime voto de toda la cristiandad, define Dogma de fe cristiana esa Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma, para gloria de tan excelsa Señora y esperanza de sus hijos militantes en la tierra.
El 1 de noviembre del Año Santo y Jubilar de 1950 presenció la acogedora plaza de San Pedro el acto más apoteósico que jamás pudo contemplarse en el mundo ante el medio millón de personas de toda raza y país que a la voz del Sumo Pontífice Romano aclamaron a la Reina Asunta a los cielos e imploraron juntos su maternal protección sobre el mundo agonizante y abocado a la catástrofe.
Ya no hay ningún lugar a duda acerca del hecho de la Asunción; y para que la afirmación de fe sea todavía más clara y categórica, el Papa prescribió un nuevo formulario de Misa, suprimiendo la anterior.
María Asunta a los cielos es la gloriosa Mujer del Apocalipsis (Int.); es la Hija del Rey, ricamente engalanada (Gr.); es la triunfadora del Dragón infernal (Ofert.); la nueva Judit (Ep.); la niña preferida de Dios, que le rinde por tantas gracias un Magnificat de gratitud (Evang.). Y al ascender la Madre, provoca a volar a sus hijos de la tierra, que le piden resucitar con Cristo y compartir luego con la Madre su gloria en el empíreo (Or., Sec., Posc.).
Reina y Madre santísima, segura de ti misma, muéstrate solícita con los tuyos, que sufrimos continua lucha y continua tempestad. Tu fiesta, tan antigua, culminará al octavo día con el culto a tu inmaculado Corazón.  
INTROITO  Ap. 12, 1
Signum magnum appáruit in cœlo: múlier amícta sole, et luna sub pédibus ejus, et in capite ejus coróna stellárum duódecim. V/. Cantáte Dómino cánticum novum: quia mirabília fecit. V/. Glória Patri.
Un gran prodigio apareció en el cielo: Una mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas. V/. Cantad al Señor un cántico nuevo: porque ha hecho maravillas. V/.Gloria al Padre.
COLECTA
Omnípotens sempitérne Deus, qui immaculátam Vírginem Maríam, Fílii tui genetrícem, córpore et ánima ad cæléstem glóriam assumpsísti, concéde, quǽsumus, ut, ad supérna semper inténti, ipsíus glóriæ mereámur esse consórtes. Per Dóminum.
OH DIOS todopoderoso y eterno, que llevaste a la gloria celestial a la Inmaculada Virgen María, la Madre de tu Hijo: te suplicamos, nos concedas que, siempre atentos a las cosas del cielo, merezcamos ser participantes de su gloria. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.
EPISTOLA  Judith 13, 22-25; 15, 10.
La Santísima Virgen, dándonos al Redentor, ha desbaratado a todos los enemigos del género humano y se ha encumbrado sobre todos los grandes del cielo y de la tierra, y Ella, nueva Judith, es hoy proclamada por la Iglesia como la gloria, la alegría y la honra del pueblo cristiano.
LÉCTIO LIBRI JUDITH.
Benedíxit te Dóminus in virtúte sua quia per te ad nihilum redégit inimícos nostros. Benedícta es tu, fília, a Dómino Deo excélso, præ ómnibus muliéribus super terram. Benedíctus Dóminus qui creávit cælum et terram, qui te diréxit in vúlnera cápitis príncipis inimicórum nostrórum; quia hódie nomen tuum ita magnificávit, ut non recédat laus tua de ore hóminum, qui mémores fúerint virtútis Dómini in ætérnum, pro quibus non pepercísti ánimæ tuæ propter angústias et tribulatiónem géneris tui sed subvenísti ruínæ ante conspéctum Dei nostri. Tu glória Jerúsalem, tu lætítia Israël, tu honorificéntia pópuli nostri.
R/. Deo gratias.
LECTURA DEL LIBRO DE JUDIT.
El Señor te ha bendecido con su poder; pues por ti ha aniquilado a nuestros enemigos. Bendita eres del Señor Dios excelso tú, oh hija, sobre todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Señor, creador del cielo y la tierra, que dirigió tu mano para cortar la cabeza del príncipe de nuestros enemigos; pues ha hecho hoy tan célebre tu nombre, que no se alejará tu alabanza de labios de los hombres que recordaren por siempre los prodigios del Señor; pues no temiste exponer tu vida por tu pueblo, viendo las angustias y tribulación de tu linaje, sino que evitaste su ruina en la presencia de nuestro Dios. Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el honor de nuestro pueblo.
GRADUALE Sal 44, 11-12 et 14.
Audi fília, et vide, et inclína aurem tuam et concupíscet rex pulchritúdinem tuam. V/. Tota decóra ingréditur fília regis, textúræ áureæ sunt amíctus ejus.

ALLELÚIA,ALLELUIA.V/.Assúmpta est María in cœlum: gaudet exércitus Angelórum.  Allelúja.
Escucha, hija, y mira, y presta oídos, y el rey se prendará de tu hermosura. V/. La hija del Rey entra toda agraciada, brocados de oro son sus vestidos.
ALELUYA. ALELUYA. V/. María ha sido llevada al cielo; y de ello se alegra el ejército de los Ángeles. Aleluya.
EVANGELIO  Luc.  1, 41-50
La proclamada como “la bendita entre todas las mujeres”, por ser la Madre de Dios y por haber creído en su mensaje, es hoy celebrada de generación en generación como la mujer grande por excelencia, reinando en cuerpo y alma  y con plenitud de poderes en el Cielo.  
SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM LUCAM
In illo témpore: Repleta est Spíritu Sancto Elíabeth et exclamávit voce magna, et dixit: «Benedícta tu inter mulíeres et benedíctus fructus ventris tui. Et unde hoc mihi ut véniat mater Dómini mei ad me? Ecce enim ut facta est vox salutatiónis tuæ in áuribus meis exultávit in gáudio infans in útero meo. Et beáta, quæ credidísti, quóniam perficiéntur ea quæ dicta sunt tibi a Dómino.» Et ait María: «Magníficat ánima mea Dóminum; et exultávit spíritus meus in Deo salutári meo; quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ, ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes. Quia fecit mihi magna qui potens est, et sanctum nomen ejus, et misericórdia ejus a progénie in progénies timéntibus eum.»
R/. Laus tibi, Christe.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
En aquel tiempo, quedó Isabel llena del Espíritu Santo, y exclamando en alta voz, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí tanto bien que venga la Madre de mi Señor a mí? Pues lo mismo fue llegar la voz de tu saludo a mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi seno. Y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Y dijo María: Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu salta de gozo al pensar en Dios, Salvador mío; porque miró la bajeza de su esclava, he aquí que desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí grandes maravillas el que es poderoso; y su nombre es santo, y su misericordia se extiende de generación en generación sobre los que le temen.
CREDO
OFERTORIO Gen. 3,15.
Inimicítias ponam inter te et Mulíerem, et semen tuum et Semen illíus.
Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la descendencia de ella.
SECRETA
Ascéndat ad te, Dómine, nostræ devotiónis oblátio, et, Beatíssima Vírgine María in cælum assúmpta intercedénte, corda nostra, caritátis igne succénsa, ad te júgiter adspírent. Per Dóminum.
Ascienda a Ti, Señor, la ofrenda de nuestra devoción, y, por  la intercesión de la Santísima Virgen María, transportada a los cielos, haz que nuestros corazones encendidos en el fuego de la caridad, se dirijan incesantemente a Ti. Por Nuestro Señor Jesucristo.
PREFACIO DE LA VIRGEN
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Et te in Assumptióne beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre, benedícere, et predicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et virginitátis glória permanénte lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant.Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes.
EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable que en todo tiempo y lugar demos gracias, Señor Santo, Padre omnipotente, Dios eterno y alabarte y bendecirte y glorificarte en la Asunción de la bienaventurada siempre Virgen María que concibió a tu Unigénito Hijo por obra del Espíritu Santo y permaneciendo intacta la gloria de su virginidad dio al mundo la luz eterna, Jesucristo Nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu majestad, las dominaciones la adoran, tiemblan las potestades, los cielos y las virtudes de los cielos,  y los bienaventurados serafines la celebran con igual júbilo. Te rogamos que con sus alabanzas recibas también las nuestras cuando te decimos con humilde confesión.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN    Luc. 1, 48-49
Beátam me dicent omnes generatiónes, quia fecit mihi magna qui potens est.
Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque ha hecho en mí grandes maravillas el todopoderoso.




ORACIÓN POSTCOMUNIÓN

Sumptis, Dómine, salutáribus sacraméntis, da quǽsumus, ut, méritis et intercessióne Beátæ Vírginis Maríæ in cælum assúmptæ, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per Dóminum.
Habiendo recibido, Señor, los sacramentos saludables, haz, te rogamos, que, por los méritos e intercesión de la bienaventurada Virgen María, asunta al cielo, seamos llevados a la gloria de la resurrección. Por Nuestro Señor Jesucristo.






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Sugerencias para la homilía Sermón de San Antonio de Padua
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  - Evangelio
I y II Vísperas (folleto bilingue)