lunes, 24 de noviembre de 2014

I domingo de Adviento


Primer  Domingo de Adviento
I clase, morado
Se omite el Gloria. Credo. Prefacio del Adviento  o, en su defecto, de la Santísima Trinidad.

En este primer día y domingo del Año eclesiástico y primera evocación, podría decirse de la Creación, la Iglesia nos pone en contacto con el último día del mundo y de las cosas.  Antes de llevarnos al pesebre de Belén, nos lleva al tribunal del Juicio final, para encarecernos de antemano, con el pensamiento de la cuenta, la correspondencia de la gracia soberana de la Redención, que ese Niño Divino, cuya silueta se dibuja ya en lontananza, viene a realizar. Es una fuerte sacudida que la Iglesia da a nuestra conciencia de cristianos, para despertarnos, o del letargo del pecado, si desgraciadamente estuviésemos sumidos en él, o de la modorra de la indiferencia y de la tibieza espiritual. Es decirnos: Si no estás limpio para presentarte ante el Divino Juez, tampoco lo estás para salir al encuentro de tu Salvador, que es tu mismo y único Dios y Señor; "despójate, por tanto, de las obras de las tinieblas y revístete de las armas de la Luz".
La liturgia del Adviento se abre con un grito de llamada: ¡Ven! Es el grito de los profetas de Israel al Mesías Redentor, cuya venida esperan con ansiedad.
Dios no se hace el sordo a la voz de su pueblo. Cumpliendo la promesa de salvación que hizo a nuestros primeros padres a raíz de su caída, envía a su Hijo al mundo. Y la aplicación a todas las generaciones humanas de la redención, que nos ha adquirido con su pasión el Hijo de Dios hecho hombre, continúa hasta el fin de los tiempos; no se terminará sino con la consumación del mundo, cuando vuelva el Mesías para coronar su obra y trasladarnos a su reino. Así, pues, la historia de la Iglesia se sitúa entre estos dos grandes acontecimientos.
En la Misa del domingo se evoca toda esta obra de la redención, desde su preparación en la esperanza de Israel y su resonancia en nuestra vida presente (epístola) hasta su última consumación (evangelio). Al prepararnos para celebrar en Navidad el nacimiento del que ha venido a rescatar nuestras almas del pecado y hacerlas semejantes a la suya, invoca la Iglesia sobre nosotros y sobre todos los hombres la plena realización de la misión salvadora que Cristo ha venido a cumplir en la tierra.
...
La iglesia ha querido iniciar el año litúrgico con la Estación en la augusta Basílica de Santa María la Mayor, en donde se guarda la Cuna del Redentor del mundo. No podía, en verdad, escoger lugar más propio para celebrar el suspirado advenimiento de Jesucristo. La venida de Cristo, según nos indica la liturgia de esta primera domínica, es doble. El primero, humilde para redimirnos; el segundo, glorioso para juzgarnos. Y aún, si bien lo consideramos, es triple el advenimiento de Cristo; uno cercano, en Belén; otro actual, a nuestros corazones, y en el futuro en el último día de los tiempos. Este último día, esta venida de Cristo, es también doble; pues hay también un último día de nuestra vida en que se hará nuestro juicio particular y se llama en lenguaje bíblico: adviento del Señor; y hay otro día último del mundo, en el que se verificará el juicio universal; este día es el adviento del Señor en su más elevado sentido. La colecta de la Santa misa nos presenta a Cristo como Salvador del mundo. ”!Señor, haced ostentación de vuestro poder, y venid!”. La Epístola nos recuerda que Cristo viene como Salvador a nuestros corazones: “Revestíos de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Estamos más cerca de nuestra salud!. Finalmente el Evangelio nos le describe como Juez y Salvador; al fin de mundo:” Al ver que comienzan a suceder estas cosas, abrid los ojos y alzad la cabeza, porque vuestra redención se acerca”.
El sentimiento dominante de la Liturgia en este primer domingo de Adviento es de temor al juez, y, por efecto de él, de recurso al Salvador.
Este pensamiento tiene toda la Liturgia y se muestra con especial belleza en la Misa. Levantemos los ojos al Salvador (Introito). Miremos a nuestro propio corazón (Epístola).Miremos al Juez, que ha de venir (Evangelio). Si no levantamos los ojos al Redentor, y no los fijamos en nuestro propio corazón habremos de ver un día el rostro terrible del Juez divino.
TEXTOS DE LA MISA
Introito.-  Salm.24.1-4.- A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; pues cuantos en ti esperan, no quedarán confundidos. Salmo. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas. y. Gloría al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.- A ti, Señor, levanto mi alma.
Colecta.-  Despierta, Señor, tu potencia y ven; para que con tu protección merezcamos ser libres de los peligros que nos amenazan por nuestros pecados, y ser salvos con tu gracia. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. R/. Amén.
Epístola. Rom, 13,11-14.-  La primera generación cristiana vivía más que nosotros en la espera de la vuelta gloriosa del Señor. Ella da a nuestra vida cotidiana toda su razón de ser. al prepararnos constantemente para recibirle.
Hermanos: Hora es ya de despertar. Ahora está más cerca nuestra salud que cuando empezamos a creer. Ha pasado la noche y llega el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos de las armas de la luz. Caminemos, como de día, honestamente: no en glotonerías y embriagueces, ni en sensualidades y disoluciones, ni en pendencias y envidias; antes bien, revestíos de nuestro Señor Jesucristo.
Gradual. Salm. 24.3,4.- Cuantos en ti esperan no quedarán confundidos, Señor. V/. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas.
Aleluya. Salm. 84.8.-  Aleluya, aleluya. V/. Muéstranos, Señor, tu miseri­cordia y danos tu Salvador
Evangelio. Luc.21.25-33.- Las señales precursoras del fin de los tiempos serán también las de nuestra liberación definitiva y las del advenimiento del reino : «El mismo Dios estará con ellos; él enjugará las lágrimas de sus ojos. y ya no habrá muerte, ni duelo. ni gemidos, ni dolor, porque todas estas cosas habrán pasado.» (Apocalipsis, 21.4.)
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra consternación de las gentes, por la confusión que causará el ruido del mar y de sus olas. Se morirán los hombres por el temor y recelo de las cosas que sobrevendrán a todo el universo, porque las virtudes de los cielos se tambalearán, y entonces verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen, pues, a cumplirse estas cosas, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. Y les dijo esta comparación: Ved la higuera y todos los árboles: cuando producen ya de sí el fruto, sabéis que está cerca el verano; así también, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo, que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán.
Ofertorio. Salm.24.1-3.-  A ti levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mi mis enemigos; pues ninguno de los que en ti esperan, quedará confundido.
Secreta.-  Que estos sagrados misterios, a nosotros, purificados por poderosa virtud, nos hagan llegar más puros, Señor, a ti, que eres su principio. Por nuestro Señor.
Prefacio de Adviento-Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor; él es, Dios misericordioso y fiel, el Salvador que habías prometido al género humano perdido por  el pecado, para que la Verdad instruyese a los ignorantes, la Santidad justificara a los impíos, la Fortaleza ayudase a los débiles. Mientras está cerca aquel a quién tú nos envías, -ya  viene-, y el día de nuestra liberación ya brilla, llenos de confianza en tus promesas, nos llenamos de piadosos gozos.Y por eso, con los Ánge-les y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar: 
O en su defecto,  Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...
Comunión. Salm.84.13.-  EL Señor nos colmará de su benignidad, y nuestra tierra dará su fruto.
Poscomunión.- Recibamos, Señor, tu misericordia en medio de tu templo, para que preparemos con los debidos honores la solemnidad venidera de nuestra redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIOS CARD. SCHUSTERSUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA
PREFACIO DE ADVIENTO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
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EPÍSTOLA
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EVANGELIO

viernes, 21 de noviembre de 2014

Ultimo domingo después de Pentecostés


ÚLTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
(II clase, verde)
Gloria, Credo y Prefacio de la Trinidad.
El formulario de la misa es el del último domingo después de Pentecostés

Se cierra el Ciclo litúrgico con la semana última del año eclesiástico y, con él, la historia del mundo, que se nos ha ido recordando desde sus comienzos (en el Adviento), hasta su fin postrero (en el Domingo 24º después de Pentecostés).
Por eso ha querido la Iglesia que este día se lea en su Breviario (el libro del profeta MIQUEAS (contemporáneo de Oseas) con el comentario de S. Basilio en que se nos habla del Juicio final, sirviendo de comentario al Evangelio.
El Señor, dice Miqueas, saldrá de su lugar; las montañas quedarán consumidas debajo de Él, y los valles se agrietarán y se fundirán como cera junto a la llama, como las aguas que se precipitan por la pendiente. Todo eso por causa del crimen de Jacob y de los pecados de la casa de Israel (Noct., 50 domo de nov.).
Pero junto a estas amenazas vienen las promesas de salvación: "Yo te juntaré a todo Jacob, y reuniré lo que aún queda de Israel y los pondré juntos como a rebaño en el aprisco" Los asirios han destruido a Samaría y los caldeos a Jerusalén; pero el Mesías restaurará esas ruinas, y ese mesías nos dice Miqueas que ha de nacer en Belén, y que su reino, el de la Jerusalén ce lestial, no tendrá fin.
Los profetas NAHUM, HABACUC, SOFONÍAS, AGGEO, ZACARÍAS y MALAQUÍAS, cuyos escritos se leen también por ahora, confirman lo que dice Miqueas. Jesús mismo empieza por evocar en el Evangelio la profecía de DANIEL, que anuncia la ruina total y definitiva del Templo de Jerusalén y de la nación judía por las armas romanas. Esa "abominable desolación que en el Templo santo reinó" por entonces, fué justo castigo de la infidelidad y obstinación de Israel en no querer admitir a Cristo (Ev.).El vaticinio de Daniel y de Jesús se cumplió al pie de la letra unos años después de la Ascensión de Cristo, y la desolación fue tal que de haber durado algo más ni un solo judío hubiera quedado vivo. Mas Dios quiso abreviar aquellos aciagos días del asedio para salvar a los que, al ver tamaño escarmiento, habían de convertirse.
Algo de esto sucederá también al fin del mundo, del que la ruina de Jerusalén era figura. "Tunc, entonces" o sea, cuando Cristo vuelva, serán todavía mayores los satánicos prodigios, entre ellos el Antecristo, para hacerse pasar por Cristo. Ese hombre maldito de pecado llegará hasta a sentarse en el Templo santo para que se le adore como a Dios.
Al fin de todo vendrá Jesús. Pero no humilde y manso como la vez primera y en un rinconcillo del mundo; antes vendrá con "poderío y majestad" y el Hijo del Hombre aparecerá con la rapidez de un relámpago. Entonces le saldrán a esperar los elegidos con las ansias que el águila manifiesta cuando cae sobre su presa. Su advenimiento se anunciará con cataclismos de cielos, de mar y tierra. Todas las gentes estarán despavoridas y con los ojos desencajados, y se lamentarán antes de morir muertos y antes del juicio sentenciados, cuando vean en el cielo a Cristo a quien no quisieron reconocer ni servir como a su Dios y Señor, y que ahora viene a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego (V. Libera me).
No hay pensamiento tan poderoso como éste para apartarnos del pecado. Claro lo dice S. Basilio en la homilía de hoy: "Cuando el deseo de pecar te ande salteando, quisiera te acordases del tremendo y terrible tribunal de Cristo... ante el cual uno por uno iremos dando cuenta de nuestra vida. Inmediatamente, los que hubieron perpetrado muchos males durante su vida veránse rodeados de ángeles terribles y feísimos que los precipitarán en el abismo sin fondo, en donde arde envuelto de espesas tinieblas un fuego sin llama, y gusanos venenosos devoran sin cesar sus carnes, causándoles con sus mordeduras inaguantables dolores; y por fin, el oprobio y eterna confusión, que es el peor de todos los suplicios. Temed estas cosas y traspasados de este temor, servíos de su memoria como de freno contra la concupiscencia y el pecado. (3" Noct.).
Por eso mismo nos exhorta la Epístola a portarnos de una manera digna de nuestro Dios y a dar frutos de toda clase de buenas obras... dando gracias a nuestro Padre celestial por habernos hecho capaces de tener parte en la herencia de los Santos desde ahora en espíritu, pero desde el día del Juicio Final en cuerpo y alma, merced a la Sangre redentora de su Hijo queridísimo. En medio de las angustias de nuestros postreros momentos precursores de nuestra muerte, desde el fondo del abismo de nuestra poquedad y miseria clamaremos al Señor (Of.) para que, en su misericordia, nos procure los remedios poderosos de los últimos sacramentos (Or.); y nuestro buen Dios, que abriga para con sus fieles sentimientos de paz y no de ira (Int.), y que tiene prometido despachar las plegarias hechas con fe (Com.), nos oirá, librándonos de las terrenales concupiscencias (Sec.), poniendo fin a nuestro cautiverio (Int. V.) e introduciéndonos en el cielo juntos con Jesús triunfante, el cual obrará entonces la consumación de las cosas y entregará a su Padre el reino con tantos trabajos por Él conquistado, como homenaje perfecto de Él y de sus místicos miembros. Aquel día será el de la verdadera Pascua, el verdadero paso del destierro a la Tierra de promisión, a la Patria de la Jerusalén celestial, en aquel inmenso "Templo en que todos cantaremos: ¡Gloria!". Y Dios será todo en todos.
En ese día venturoso, por medio de nuestro Pontífice Jesús, rendiremos un culto eterno a la Santísima Trinidad, diciendo: ¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo! Como en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA

Introito. Jer. 29, 11, 12 y 14. -Dice el Señor: Yo tengo sobre vosotros designios de paz y no de aflicción; me invocaréis y os escucharé, os haré volver de todos los lugares a donde os había desterrado. Salmo. 84, 2.-  Habéis bendecido, Señor, vuestra tierra; habéis acabado con el cautiverio de Jacob. Gloria al Padre...

Oración. Dios tiene otro fin que el de llevarnos a él. Nuestro celo en corresponder a este obra divina no horá sino moverle a reforzar más en nosotros la acción de su gracia. -Moved, Señor, los corazones de vuestros fieles, para que, ejecutando con más fervor el fruto de vuestra divina obra, alcancen mayores auxilios de vuestra piedad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Epístola. Col. 1, 9-14. "Capacitados para tomar parte en la herencia gloriosa de los santos", debemos llevar en la tierra una vida digna de la vocación a la que se nos ha llamado. -Hermanos: Estamos constantemente orando por vosotros. Pedimos a Dios que lleguéis a la plenitud en el conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo; con alegría daréis gracias al Padre que nos ha hecho capaces de compartir la herencia de los santos en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Gradual. Sal. 43, 8-9.- Nos salvaste, Señor, de nuestros enemigos, humillaste a los que nos aborrecen. Todos los días nos glo­riamos en el Señor, siempre damos gracias a tu nombre.

Aleluya. Sal. 129, 1­.- Aleluya, aleluya. Desde lo hondo a ti grito Señor. Señor, escucha mi voz. Aleluya.

Evangelio. Mat. 24, 15-35.- De ningún modo debe turbarnos el evangelio del fin del mundo; es el paso necesario del tiempo a la eternidad. A los que hayan recibido a Cristo en la tierra, Él les introducirá en el cielo; a los que le hayan despreciado, los repudiará. La ruina de Jerusalén, anunciada por Jesús e imagen de las calamidades que señalarán el fin del mundo, se cumplió fielmente cuarenta años después del vaticinio. Nosotros no sabemos cuándo vendrá el fin del mundo; pero el mejor medio de prepararnos a él, es poner toda nuestra confianza en Cristo y cumplir fielmente sobre la tierra nuestro cometido de bautizados.  
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis puesto en el lugar sagrado el ídolo execrable, que anunció el profeta Daniel; entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; el que esté en la terraza, que no baje a coger sus cosas; el que esté en el campo, que no vuelva a coger la capa. Ay de las que estén en­cinta o criando en aquellos días! Orad para que vuestra huida no caiga en invierno o en sábado. Porque habrá entonces una angustia tan grande, como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si no se acortasen aquellos días, no quedará nadie vivo. Pero por los elegidos se acortarán aquellos días. Si alguno os dice entonces: "Mira, el Mesías esta aquí, está ahí", no lo creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, que harán grandes signos y prodigios, capaces de en­gañar (si fuera posible) a los mismos elegidos. Mirad que os he prevenido. Si os dicen: "Mira, está en el desierto", no vayáis; "Mira, está en la despensa", no lo creáis. Porque, como un relámpago que sale de levante y brilla hasta el poniente, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Donde está el cadáver se reunirán los buitres. Y en seguida, después de la angustia de aquellos días, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Y en aquel momento aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Y entonces todas las tribus de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad. Él enviará a sus ángeles con una trompeta atronadora, para que reúnan a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo a otro del cielo. Aprended el ejemplo de la higuera: cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, sabéis que la primavera está cerca. Lo mismo vosotros: cuando veáis todo esto, sabed que ya está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes de que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

Ofertorio. Ps. 129, 1-2.- Desde lo más íntimo de mi corazón clamé a Vos, oh Señor; oíd mi oración, Dios mío; porque me he dirigido a Vos desde lo más íntimo, oh Señor.

Secreta.- Mostraos propicio, Señor, a nuestras plegarias; y después de recibir las ofrendas y oraciones de vuestro pueblo, conducid a Vos los corazones de todos, para que, libre de deseos terrenos, amemos lo ce­lestial. Por N. S. J. C...

Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos tam­bién de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la pro­piedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

Comunión. Marc. 11,24.- En verdad os aseguro que cuantas cosas pidiereis en la oración, tened fe y las alcanzaréis.

Poscomunión.- Conceded, Señor, os suplicamos, que con lo que acabamos de tomar por estos Sacramentos, quede curado en su medicinal virtud todo mal. Por nuestro Señor Jesucristo.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
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  EPÍSTOLA
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  EVANGELIO

viernes, 14 de noviembre de 2014

Domingo XXIII después de Pentecostés


XXIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

 “Jesús, dueño de la vida, tomó de la mano a la niña muerta, y esta se levantó. También es para nosotros fuente de vida eterna. Las palabras que leemos en el Introito nos declaran hermosamente la bondad infinita de Dios y el poder de la oración. Dios es el Autor de la paz; por lo mismo a Él debemos acudir siempre que nos sobrevenga alguna aflicción. Él ha prometido atender a nuestras oraciones. En la Epístola nos exhorta San Pablo a la mortificación, a la imitación de sus virtudes, a que tengamos nuestro corazón ocupado en los bienes, no de la tierra, sino en los verdaderos, que son los del cielo. Es esta Epístola un hermoso y breve programa de la vida cristiana. El poder maravilloso de Jesús, su divina omnipotencia, su bondad sin límites, resplandecen admirablemente en el Evangelio. Si deseamos la salud así del alma como del cuerpo, vayamos a Jesús. Él es en verdad Médico divino.



TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Jer. 29, 11, 12 y 14. -Dice el Señor: Yo tengo designios de paz sobre vosotros, y no de aflicción; me invocaréis y Yo os escucharé; os haré volver del cautiverio y os reuniré de todos los lugares adonde os había desterrado. Salmo. 84, 2.- Habéis bendecido, Señor, vuestra tierra; habéis acabado con el cautiverio de Jacob. Gloria al Padre...

Oración. -Perdonad, Señor, los pecados de vuestro pueblo, para que, por vuestra bondad, seamos libres de los pecados, que habíamos contraído por nuestra fragilidad. Por nuestro Señor Jesucristo...

Epístola. Fil. 3, 17-21. -Hermanos: Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en mí. Porque, como os decía muchas veces y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la Cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran acosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queri­dos. Ruego a Evodia y ruego a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, leal compañero, te pido que ayudes a estas mujeres, que compartieron conmigo la lu­cha por el evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nom­bres están en el Libro de la Vida.

Gradual. Sal. 43, 8-9. -Nos salvaste, Señor, de nuestros enemigos, humillaste a los que nos aborrecen. Todos los días nos glori­amos en el Señor, siempre damos gracias a tu nombre.

Aleluya. Sal. 129,1.- Aleluya, aleluya. Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz. Aleluya.

Evangelio. Mat. 9, 18-26. -En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, se acercó un personaje que se postró ante y le dijo; Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá. Jesús se levantó y lo acompañaba con sus discípulos. Entonces una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto. Porque se decía: Con sólo tocar su manto, me curaré. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado. Y desde aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y cuando vio a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo; ¡Fuera! La niña no está muerta, sino dormida. Y se reían de Él. Cuando echaron a la gente, entró Él, tomó la niña de la mano, y ella se levantó. Y se divulgó la noticia por toda aquella región.

Ofertorio. Ps. 129, 1-2. -Desde lo más íntimo de mi corazón clamé a Vos, oh se­ñor; oíd benignamente mis oraciones, Dios mío; porque a Vos llamé desde lo más ínti­mo, Señor.

Secreta. -Os ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza, para que aumentéis nuestros deseos de obsequiaros Y acabéis de perfeccionar lo que habéis empezado sin mérito alguno nuestro. Por nuestro S. J. C...

Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

Comunión. Marc. 11, 24. -En verdad os aseguro que cuantas Cosas pidiereis en la oración, tened viva fe de conseguirlas y se os concederán.

Poscomunión. -Os suplicamos, oh Dios omnipotente, que a los que alegráis con vuestros misterios, no permitáis sean vícti­mas de humanos peligros. Por N. S. C.

viernes, 7 de noviembre de 2014

CALENDARIO LITÚRGICO DE LA FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO 2014-2015


Calendario litúrgico de la Forma Extraordinaria del Rito Romano 2013-2014. (215 páginas). Encuadernación en wiro con tapas duras e impresión en color. Este calendario contiene el ordo diario de la misa y del oficio divino de todo el año litúrgico, con introducciones a los tiempos litúrgicos y sus normas, a las fiestas más importantes y a algunas peculiaridades de la forma extraordinaria del Rito Romano. Además contiene esquemas introductorios sobre las nociones fundamentales del Año Litúrgico y sus normas, así como esquemas explicativos del oficio. En Apéndice se recogen las lecciones contratas de la fiesta de los santos aprobadas para el Calendario Nacional del Reino de España (1963). El presente calendario trae las citas de las lecturas diarias de la Santa Misa con una frase resumen, con los títulos de las misas correspondientes a cada celebración.

PRECIO: 11,50 euros + gastos de envío.

PEDIDOS:
Iglesia del Salvador de Toledo
Email: misagregorianatoledo@gmail.com
Tlfno. (00 34) 622 53 45 16
Dirección postal: Pasaje de las Hazas, 2 Bº N. 45002 TOLEDO (ESPAÑA)

DEDICACIÓN DE LA ARCHIBASÍLICA DEL SALVADOR. 9 de noviembre

DEDICACIÓN DE UNA IGLESIA

Nuestro Señor Jesucristo, por su muerte y resurrección, se convirtió en el verdadero y perfecto templo de la Nueva Alianza y congregó en la Iglesia al pueblo adquirido por Dios. Iglesia que es templo de Dios edificado con piedras vivas, donde el Padre es adorado en espíritu y en verdad. Desde antiguo se llamó también «iglesia» al edificio en el que la comunidad cristiana se congrega para escuchar la Palabra de Dios, orar unida, recibir los sacramentos y celebrar la Eucaristía.
Según una costumbre muy antigua de la Iglesia, fundada en la tradición del Antiguo Testamento, los templos son dedicados al Señor con un rito solemne destinado exclusiva y establemente al culto divino.

INTROITO  Gn 28, 17.  Sal 83, 2-3
TERRÍBILIS EST locus iste: hic domus Dei est, et porta cæli: et vocábitur aula Dei. (T.P. Allelúja, allelúja.) V/. Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum! concupiscit, et déficit ánima mea in átria Dómini. V/. Glória Patri.
TERRIBLE es este lugar. Esta es la casa de Dios y la puerta del cielo, y se debe llamar el palacio de Dios. V/.  ¡Que amables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma suspira y desfallece por los atrios del Señor. V/.  Gloria al Padre.  

COLECTA
DEUS, qui nobis per síngulos annos hujus sancti templi tui consecratiónis réparas diem, et sacris semper mystériis repræséntas incólumes: exáudi preces pópuli tui, et præsta; ut, quisquis hoc templum benefícia petitúrus ingréditur. cuncta se impetrásse lætétur. Per Dóminum.
OH DIOS, que todos los años renuevas el día de la consagración de este santo templo, y nos conservas incólumes para asistir a los santos misterios: escucha las preces de tu pueblo, y haz que todo el que entre en este templo para pedirte beneficios, se alegre de haberlos conseguido.  Por nuestro Señor Jesucristo.
Se dicen las conmemoraciones que convengan. Si cae en domingo, se omite la conmemoración de este.

EPISTOLA  Ap 21, 2-5
LÉCTIO LIBRI APOCALÝPSIS BEÁTI JOÁNNIS APÓSTOLI.
In diébus illis: Vidi sanctam civitátem Jerúsalem novam vidi descendéntem de cælo a Deo, parátam sicut sponsam ornátam viro suo. Et audívi vocem magnam de throno dicéntem: "Ecce tabernáculum Dei cum homínibus, et habitábit cum eis." Et ipsi pópulus ejus erunt, et ipse Deus cum eis erit eórum Deus: et abstérget Deus omnem lácrimam ab óculis eórum: et mors ultra non erit, neque luctus, neque clamor, neque dolor erit ultra, quia prima abiérunt. Et dixit qui sedébat in throno: "Ecce nova fácio ómnia.
R/. Deo gratias.
LECTURA DEL LIBRO DEL APOCALIPSIS DEL APOSTOL SAN JUAN.
En aquellos días: vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.» Entonces dijo el que está sentado en el trono: «Mira que hago nuevas todas las cosas.»

GRADUAL Sal 137, 2
LOCUS ISTE a Deo factus est, inæstimábile sacraméntum, irreprehensíbilis est. V/. Deus, qui astat Angelórum chorus, exáudi preces servórum tuórum.

ALLELÚIA,ALLELUIA. V/. Adorábo ad templum sanctum tuum: et confitébor nómini tuo.  Allelúja.
ESTE LUGAR ha sido hecho por Dios, y es un lugar de impenetrable misterio, es inmaculado. V/. Oh Dios, a quien asiste el coro de Ángeles, oye las plegarias de tus siervos.

ALELUYA. ALELUYA. V/. Te adoraré en tu santo templo; y alabaré
tu nombre. Aleluya.

EVANGELIO  Lc 19, 1-10
SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM LUCAM.
In illo témpore: Ingréssus Jesus perambulábat Jéricho. Et ecce vir nómine Zacchǽus: et hic prínceps erat publicanórum, et ipse dives: et quærébat vidére Jesum, quis esset: et non póterat præ turba, quia statúra pusíllus erat. Et præcúrrens ascéndit in árborem sycómorum ut vidéret eum: quia inde erat transitúrus. Et cum venísset ad locum, suspíciens Jesus vidit illum, et dixit ad eum: "Zacchǽe, festínans descénde; quia hódie in domo tua opórtet me manére." Et festínans descéndit, et excépit illum gaudens. Et cum vidérent omnes murmurábant, dicéntes, quod ad hóminem peccatórem divertísset. Stans autem Zacchǽus, dixit ad Dóminum: "Ecce dimídium bonórum meórum, Dómine, do paupéribus: et si quid áliquem defraudávi, reddo quádruplum." Ait Jesus ad eum: "Quia hódie, salus dómui huic facta est: eo quod et ipse fílius sit Abrahæ. Venit enim Fílius hóminis quǽrere, et salvum fácere, quod períerat.
R/. Laus tibi, Christe.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura.  Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.».

CREDO (si la fiesta es de I o II clase)

OFERTORIO 1 Cro, 29, 17-18
DÓMINE, Deus, in simplicitáte cordis mei lætus óbtuli univérsa; et pópulum tuum, qui repértus est, vidi cum ingénti gáudio: Deus Israël, custódi hanc voluntátem, alleluja.
SEÑOR Dios, con sencillez de corazón he ofrecido gozoso todas estas cosas; y he visto con gran alegría a tu pueblo, aquí congregado. Oh Dios de Israel, conserva en él esta voluntad, aleluya.

SECRETA
(las palabras que están entre corchetes se dicen solamente en la misma iglesia dedicada)
ANNUE, quǽsumus, Dómine, précibus nostris: (ut quicúmque intra templi hujus, cujus anniversárium dedicatiónis diem celebrámus, ámbitum continémur, plena tibi, atque perfécta Córporis et ánimæ devotióne placeámus) ut, dum hæc vota prǽséntia réddimus, ad ætérna prǽmia, te adjuvánte, perveníre mereámur.  Per Dóminum.
TE ROGAMOS, Señor, que atiendas a
nuestras humildes súplicas; (a fin de que cuantos nos hallamos reunidos dentro de este templo, cuyo día aniversario de su dedicación celebramos, te agrademos con plena y perfecta devoción de cuerpo y alma); y al ofrecerte los presentes votos, merezcamos llegar con tu ayuda, a los premios eternos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PREFACIO COMÚN
(Si la fiesta es en domingo, se dice prefacio de la Santísima Trinidad)
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
VERDADERAMENTE es digno y justo, es nuestro deber y nuestra salvación, el que te demos gracias en todo tiempo y en todo logar, Señor Padre santo, omnipotente y eterno Dios, por Cristo nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, las Dominaciones la adoran, las Potestades la temen, los Cielos y las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines la celebran unidos en la misma alegría. Con ellos te rogamos que nos dejes unir nuestras voces proclamando con suplicante alabanza.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN    Mt 21, 13
DOMUS MEA, domus oratiónis vocábitur, dicit Dóminus: in ea omnis, qui petit, áccipit: et qui quærit, invenit, et pulsánti aperiétur. (T.P. Allelúja).
MI CASA  será llamada casa de oración,  dice el Señor. En ella, todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; el que llame, se le abrirá (T.P. Aleluya).

ORACIÓN POSTCOMUNIÓN

DEUS, qui de vivis et électis lapídibus ætérnum majestáti tuæ prǽparas habitáculum: auxilliáre pópulo tuo supplicánti; ut, quod Ecclésiæ tuæ corporálibus próficit spátiis spirituálibus amplificétur augméntis. Per Dóminum.
OH DIOS, que con piedras vivas escogidas preparas eterna morada a tu Majestad; dígnate auxiliar a tu pueblo suplicante; y al acrecentarse tu Iglesia en espacios materiales, se amplíe con aumentos espirituales. Por Nuestro Señor Jesucristo.








Partituras y grabaciones de los propios.
Sugerencias para la homilía
Partituras de las oraciones y lecturas
Grabaciones de las lecturas
  Dedication of the Archbasilica of Our Holy Redeemer - Epistle
  Dedication of the Archbasilica of Our Holy Redeemer - Gospel
Vísperas cantadas