sábado, 18 de mayo de 2019

IV DOMINGO DE PASCUA


IV Domingo después de Pascua
Forma Extraordinaria del Rito Romano
II blanco, blanco
Gloria, Credo y prefacio de Pascua

Los últimos domingos después de Pascua continúan cantando la gloria de Cristo y las alegrías de su resurrección. En la misa de hoy  llaman la atención el introito y el júbilo exultante del ofertorio, una de las melodías más bellas del canto gregoriano.
Al acercarse la Ascensión y Pentecostés nos advierten los evangelios que Jesús está preparando a sus discípulos para su partida definitiva, con el anuncio del envió del Espíritu Santo, Él será para ellos, luz, fuerza y apoyo. Esta enseñanza sobre la misión del Espíritu Santo vale tanto para nosotros como para los apóstoles. A él se ha confiado la dirección de la Iglesia, de la que es inspirador y guía, así como es también para todo fiel «bautizado en el agua y en el Espíritu» la fuente misma de la vida cristiana. Por su papel permanente en la Iglesia, prolonga el Espíritu Santo la obra Cristo y da testimonio de él. A un mismo tiempo convence al mundo de error y de pecado por no haber aceptado al Salvador.
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El Introito  de la Misa forma parte del salmo noventa y siete en que el Profeta Rey invita a todas las naciones a cantar al Dios de Israel, pues los prodigios obrados con su omnipotencia a favor de su pueblo. La alegría de que se muestra tan poseída la Iglesia en la Liturgia de todo el Tiempo Pascual , no creemos hallarla de un modo absoluto en la presente vida, no; la verdadera felicidad solamente la poseeremos en el cielo.
Por eso nos exhorta la Iglesia en la Colecta a que tengamos fijos nuestros corazones en los verdaderos goces de la Gloria., aun medio de las constantes mudanzas de la presente vida. Del cielo, nos advierte el Apóstol Santiago en la Epístola, es de donde nos viene todo son perfecto.
De Dios que nos ha dado la vida de la gracia lo mismo que la vida natural, hemos de esperar todos los verdaderos bienes. Para que nuestra esperanza sea más sólida, hemos de apartarnos de todo cuanto pueda manchar nuestra alma, recibiendo con docilidad la palabra divina, pues ella, como nos advierte el mismo Apóstol puede salvar nuestras almas.
Siendo estas domínicas como una preparación para la Ascensión, el Evangelio nos recuerda las últimas amonestaciones de Jesucristo a sus Apóstoles, aquellas palabras de inefable consuelo que brotaron de Corazón divino antes de separarse de aquellos a quienes tanto amaba.

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito.  Salm. 97.1,2,1.  Cantad al   Señor   un cántico nuevo, aleluya; porque ha hecho mara­villas el Señor, aleluya; ha manifestado su justicia ante las naciones, aleluya, aleluya, aleluya. Salmo. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. V/. Gloria al Padre, y al Hijo.

Colecta.-  Vivir como bautizados, fieles a Dios, en esta difícil vida, no es posible sino con la ayuda de la gracia de Dios. Oh Dios!, que das a las almas de los fieles un solo querer,  concede a tus pueblos amar tus mandatos y ansiar tus promesas, para que entre los halagos del mundo tengamos fijos nues­tros corazones allí donde están los verdaderos goces.

Epístola. Sant.1.17-21.-  Nada mejor haría el hombre que dejarse moldear por Dios, que ha emprendido y prosigue en él esta gran obra. Después de crearnos, nos ha redimido; no queda sino purificar nuestra vida y recibir la palabra celestial en lo más íntimo de nuestras almas.
Carísimos: Toda dádiva preciosa y todo don per­fecto de arriba viene, del Pa­dre de las luces, en quien no cabe mudanza ni sombra de variación. Porque de su volun­tad nos ha engendrado con la palabra de la verdad, a fin de que seamos como las primi­cias de su creación. Bien lo sabéis, hermanos míos muy queridos. Y así sea todo hom­bre pronto para escuchar, pe­ro comedido en el hablar y re­frenado en la ira. Porque la ira del hombre no obra la jus­ticia de Dios. Por lo cual, dan­do de mano a toda inmundicia y exceso vicioso, recibid con docilidad la divina palabra, que ha sido como ingerida en  vosotros,  y  que  puede salvar vuestras almas.

Aleluya.- Aleluya, aleluya V/. La diestra del Señor ha hecho prodigios; la diestra del Señor me ha salvado. Aleluya, V/. Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no tendrá ya dominio sobre él. Aleluya

Evangelio. Juan 16.5-14.- El Espíritu Santo revela a los fieles la autenticidad de la misión de Cristo y el sentido de su redención: denunciando el pecado del mundo que no ha querido creer en Cristo, mostrando que Jesús ha sido el único Justo, afirmando que ha resucitado y subido por virtud divina a los cielos.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: voy a aquél que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Mas porque os he dicho estas cosas, se ha llenado de tristeza vuestro corazón. Pero os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; que si no me voy, no vendrá a vosotros  el  Consolador; pero si me voy, os le enviaré. Y cuando venga él, convencerá al mundo en orden al pecado, en orden a la justicia y en orden al juicio. En orden al pecado por cuan­to no han creído en mí; res­pecto a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; y tocante al juicio, porque ya ha sido juzgado el príncipe de este mundo. Aún tengo otras muchas co­sas  que  deciros;  mas por ahora no  podéis compren­derme. Mas cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará  todas las verdades; pues no hablará por sí, sino que dirá las cosas que habrá oído, y os anunciará las venideras. Él me glorificará a mí, porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará.

Ofertorio. Salm.65.1-2,16.-  Cante a Dios toda la tierra; cantad la gloria de su nombre. Venid y oíd vosotros, todos los que teméis a Dios, y os contaré cuán grandes cosas ha hecho el Señor a mi alma, aleluya.

Secreta.- Oh Dios! Que por la sagrada recepción de este sacrificio nos has hecho partícipes de tu soberana divinidad, concede, te suplicamos, que después de haber conocido tu verdad, podamos conseguirla con dignas costumbres. Por N.S.

Prefacio de Pascua.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero con más gloria que nunca en este día (en este tiempo), en que se ha inmolado Cristo, nuestra Pascual. El cual es el verdadero Cordero que quitó los pecados del mundo y que, muriendo, destruyó nuestra muerte, y, resucitando, reparó nuestra vida. Por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejercito celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo…

Comunión. Juan 16.8.-  Cuando venga el Espíritu Consolador convencerá al mundo  en orden al pecado, a la justicia y al juicio,  aleluya, aleluya.

Poscomunión.- Asístenos, Señor Dios nuestro, para que los misterios que con fe hemos recibido, nos purifiquen de nuestras culpas y nos libren de todos los peligros.

PROPIOS MP3
COMENTARIO DEL CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA


COMENTARIOS AL EVANGELIO
 Homilía de maitines ERAN CONSOLADOS CON SU PRESENCIA. San Agustín
LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO. Santo Tomás de Villanueva 
LA REVELACIÓN DE LA VERDA. Santa Teresa de Jesús
Benedicto XVI - LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO

PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
  Epístola
  EVANGELIO
I Vísperas  II Vísperas Propio de Pascua Propio del Domingo

TEXTOS EN LATÍN
Dominica Quarta post Pascha
II Classis

Introitus: Ps. xcvii: 1 et 2
Cantáte Dómino cánticum novum, allelúja: quia mirabília fecit Dóminus, allelúja: ante conspéctum géntium revelávit justítiam suam, allelúja, allelúja, allelúja. [Ps. ibid., 1]. Salvávit sibi déxtera ejus: et bráchium sanctum ejus. Glória Patri. Cantáte.
Oratio:
Deus, qui fidélium mentes uníus éfficis voluntátis: da pópulis tuis id amáre quod prǽcipis, id desideráre quod promíttis; ut inter mundánas varietátes ibi nostra fixa sint corda, ubi vera sunt gáudia. Per Dóminum.

Jacobi i: 17-21
Léctio Epístolæ beáti Jacóbi Apóstoli.
C
aríssimi: Omne datum óptimum, et omne donum perféctum desúrsum est descéndens a Patre lúminum, apud quem non est transmutátio, nec vicissitúdinis obumbrátio. Voluntárie enim genuit nos verbo veritátis, ut simus initium áliquod creatúræ eius. Scitis, fratres mei dilectíssimi. Sit autem omnis homo velox ad audiéndum: tardus autem ad loquéndum, et tardus ad iram. Ira enim viri iustítiam Dei non operátur. Propter quod abjicientes omnem inmundítiam, et abundántiam malítiæ, in mansuetúdine suscípite ínsitum verbum quod potest salváre ánimas vestras.
Allelúja, allelúja. [Ps. cxvii: 16] Déxtera Dómini fecit virtútem: déxtera Dómini exaltávit me. Allelúja. [Rom. vi: 9] Christus resúrgens ex mórtuis, jam non móritur: mors illi ultra non dominábitur. Allelúja.
9 Joann. xvi: 5-14
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: “Vado ad eum qui misit me: et nemo ex vobis intérrogat me: Quo vadis? Sed quia hæc locútus sum vobis tristítia implévit cor vestrum. Sed ego veritátem dico vobis: éxpedit vobis ut ego vadam: si enim non abíero Paráclitus non véniet ad vos: si autem abíero, mittam eum ad vos. Et, cum vénerit ille árguet mundum de peccáto, et de justítia, et de judício. De peccáto quidem, quia non creddidérunt in me: de justítia vero, quia ad Patrem vado, et iam non vidébitis me: de judício autem, quia princeps hujus mundi jam judicátus est. Adhuc multa hábeo vobis dícere: sed non potéstis portáre modo. Cum autem vénerit ille Spíritus veritátis docébit vos omnem veritátem. Non enim loquétur a semetípso: sed quæcúmque áudiet loquétur, et quæ ventúra sunt, annuntiábit vobis. Ille me clarificábit: quia de meo accípiet: et annuntiábit vobis.
Credo.
Offertorium: Ps. lxv: 1-2 et 16.
Jubiláte Deo, univérsa terra, psalmum dícite nómini ejus: veníte et audíte, et narrábo vobis, omnes qui timétes Deum, quanta fecit Dóminus ánima meæ, allelúja.
Secreta:
Deus, qui nos per hujus sacrifícii veneránda commércia, unius summæ divinitátis partícipes effecísti: presta quǽsumus; ut sicut tuam cognóscimus veritátem sic eum dignis móribus assequámur. Per Dóminum.
Communio: Joann. xvi: 8
Cum vénerit Paráclitus Spíritus veritátis, ille árguet mundum de peccáto, et de justítia, et de judício, allelúja, allelúja.
Postcommunio:

Adesto nobis, Dómine Deus noster; ut per hæc, quæ fidéliter súmpsimus, et purgémur a vítiis, et a perículis ómnibus eruámur. Per Dominum.

sábado, 4 de mayo de 2019

II domingo de Pascua. Domingo del Buen Pastor

II Domingo después de Pascua
Domingo del Buen Pastor

El Evangelio de este domingo es uno de los más bellos que la Sagrada Escritura nos ofrece. En él, Jesucristo, presentándose en figura de un buen pastor, nos declara su amor. El mismo Jesucristo afirma que su amor no tiene en cuenta los sacrificios, ni reconoce límites, ni admite excepción alguna
EL AMOR NO REPARA EN SACRIFICIOS.- En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: "Yo soy el buen pastor" (Juan, 10, 11). ¡Qué contraste tan pronunciado se nos presenta en las primeras palabras del Evangelio!: Jesús y los Fariseos; éstos, los pastores egoístas, duros y soberbios de la casa de Israel; Jesús, el Salvador del mun¬do, el buen Pastor.
Poco antes había Jesús dado la vista a un pobre ciego de nacimiento, cuyos ojos se abrieron al mismo tiempo a la luz del día y a los esplendores de la fe. Aquellos fariseos, pastores de Israel, respondieron a este gran beneficio, expulsando de la sinagoga  al nuevo discípulo de Jesús, y excomulgándolo formalmente. Jesucristo da una buena lección a tan caritativos pastores, queriendo convencerles de la injusticia que cometía al perseguirle a El y a sus discípulos.
1. El Pastor prometido a Israel-. Yo soy el buen  pastor, dice el maestro, con la sencillez y majestad que le caracterizan. Soy aquel gran pastor que anunciaron los Profetas: "Estableceré sobre mis ovejas un solo pastor que las apaciente, esto es el hijo de David, siervo mío: él mismo las apacentará y él será su pastor" (Ezeq. 34, 23).
El pastor prometido a Israel será un buen pastor. El Salmista lo ensalza en términos elogiosos. "El Señor me pastorea, nada me faltará. El me ha colocado en lugar de pastos; me ha conducido junto a unas aguas que restauran y recrean. Convirtió a mi alma. Me ha conducido por los senderos de la justicia, para gloria de su nombre" (XXII, 1-3).
2.  Jesús dio la vida por sus ovejas.- Aquel buen pastor prometido "soy yo", dice Jesús, y probó esta aserción con títulos de derechos más que sobrado, "el buen pastor da la vida por sus ovejas" (Juan, 10, 11). ¿Acaso no cumplió El su palabra? Bien sabemos que sí, y conocemos perfectamente la buena nueva de nuestra salvación: Cristo, Hijo de Dios, murió por nosotros en la cruz, y con su muerte dolorosa y sangrienta nos libró de la muerte eterna. Todos los años la Iglesia conmemora solemne¬mente esta obra de infinito amor. Llena de gratitud recita en el día de Viernes Santo estas palabras: "¡Oh inefable obra de caridad! Para rescatar al siervo, oh Padre eterno, condenasteis a vuestro Hijo". Jesús dijo en cierta ocasión: "Nadie tiene amor más grande, que el que da su vida por sus amigos" (Juan, 15, 13). Efectivamente, sacrificar uno su vida por aquellos a quienes ama, es lo más grande que se puede hacer. ¿Quién de nosotros estaría dispuesto a dar su vida por la   persona amada?
3. Jesús dio la vida por sus enemigos.- El amor de Jesús fue más allá todavía. Comprendiéndolo así, San bernardo, en dulce coloquio con Jesús, le dijo: "TU amor llegó aún más lejos; a nosotros, que éramos tus enemigos, nos reconciliaste con tu Padre". Jesús llegó a sacrificar su vida para dársela a sus enemigos. El mundo no conoce mayor generosidad; el ejemplo de Jesús es único en la historia. Es el ejemplo de un amor que no repara en sacrificios; de un amor que todo lo sacrifica, hasta la misma vida, para salvar a sus ovejas que cayeron en poder del enemigo.
4. Mercenarios: Avaricia y ambición. iCuán diferente es el amor de Jesús del de aquellos pastores de Israel, a quienes propuso la parábola del buen Pastor! "El mercenario, y el que no es el propio pastor, de quien no son propias las ovejas, en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño. El mercenario huye, por la razón de que es asalariado, y no tiene interés alguno en las ovejas" (Juan X, 12-13). La indirecta era bien clara, los malos pastores, los mercenarios eran ellos, los sacerdotes y los fariseos, que sólo buscaban la leche y lana de las ovejas, y para nada se cuidaban de las almas inmortales. No atendían, en su oficio de pastores, a los valores eternos del rebaño confiado a sus cuidados, sino a los provechosos materiales que satisfacían su avaricia y ambición. Vino efectivamente el lobo, y ellos huyeron, puso Satanás obrar con entera libertad y destrozar las almas, sin hallar la menor resistencia. Jesús encontró a las ovejas de Israel, sin pastor, sin defensa y sin consejo. Compadecido de ellas, se convirtió en su cariñoso pastor.
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Este domingo ha sido designado con el nombre de Domínica del Buen Pastor, porque en ella se lee el pasaje del Evangelio en que Jesucristo designa a sí mismo con este amable título. Nombre muy apropiado por cierto a Jesús en relación con la obra que realizó durante los cuarenta días después de la Resurrección. En éstos fundó y consolidó la Iglesia, fiel depositaria de su doctrina y continuadora de la obra de la redención y Jesucristo comienza por constituirse a sí mismo Pastor que había de gobernar hasta el fin de los siglos. La alegría que la Iglesia siente al solo recuerdo del Buen Pastor, es la nota dominante en la Liturgia de este domingo. El Introito, formado por las palabras del profeta David, canta las misericordias del Señor que se extienden a todos los pueblos, mediante la Iglesia, fundada en los Apóstoles representados, según el lenguaje simbólico de las Escrituras por los cielos. En la Epístola, que está tomada de la carta de San Pedro, nos une el modelo de este Buen Pastor, que va delante de sus ovejas, para que sigamos sus ejemplos recordándonos cómo el serlo le costó los padecimientos y humillaciones de la Pasión. Los títulos  por los que se ha hecho acreedor a este nombre dulcísimo, van indicados y explicados por El mismo en el Evangelio de San Juan: Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por sus ovejas; y las defiende de lobo, las conoce y sabe a sus necesidades; las busca cuando alguna se extravía y las conduce al aprisco. Tanto en los Aleluyas como en la Poscomunión se celebran estas cualidades de nuestro Buen Pastor, que nos alimenta con el pan celestial de su cuerpo, y en ello le conocemos como los discípulos de Emaús. Por esto no se cansa la Iglesia de repetir una y otra vez las mismas palabras del Salvador: Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí, aleluya. Que siempre seamos sus fieles ovejas, siguiendo sus amorosas inspiraciones, escuchando sus palabras, practicando sus ejemplos, comiendo su manjar divino, y apacentándonos de sus pastos saludables, para que, consiguiendo la gracia de la nueva vida, podamos siempre gloriarnos con tan rico don en el eterno “aprisco”, que lo que la Iglesia pide en la última plegaria.
II DOMINGO DE PASCUA
II clase, blanco

INTROITO Salmo 32, 5-6. 1
MISERICÓRDIA DÓMINI plena est terra, allelúja: verbo Dómini cæli firmáti sunt, allelúja, allelúja. V/. Exultáte justi, in Dómino: rectos decet collaudátio. V/. Glória Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amén.
TODA LA TIERRA está llena de la misericordia del Señor, aleluya; la palabra del Señor ha hecho los cielos, aleluya, aleluya.  V/. Regocijaos, justos, en el Señor;  a los rectos de corazón conviene alabarle. V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

ORACION COLECTA
El abatimiento del Hijo levanta al mundo. Al entregarse Jesús para la salvación de los que le ha confiado su Padre, se revela como el verdadero pastor prometido por Dios a su pueblo
DEUS, qui in Fílii tui humilitáte jacéntem mundum erexísti: fidélibus tuis perpétuam concéde lætítiam; ut, quos perpétuæ mortis eripuísti cásibus, gáudiis fácias pérfrui sempitérnis. Per Dóminum nostrum Iesum Christum Filium tuum qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus per omnia saecula saeculorum. R/. Amen.
¡OH DIOS!, que con la humillación de tu Hijo has elevado al mundo abatido: concede a tus fieles perpetua alegría, para que hagas gozar de una felicidad sin fin a los que libraste de caer en la muerte eterna. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos.  R/. Amén.

EPISTOLA 1 Pedro 2, 21-25
San Pedro aplica a Jesús, “cuyas heridas no han curado”, la profecía del profeta Isaías sobre el Mesías paciente.
LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PETRI APÓSTOLI.
Caríssimi: Christus passus est pro nobis, vobis relínquens exémplum, ut sequámini vestígia ejus. Qui peccátum non fecit, nec invéntus est dolus in ore ejus: qui, cum maledicerétur, non maledicébat: cum paterétur non comminabátur: tradébat autem iudicánti se injúste, qui peccáta nostra ipse pértulit in córpore suo super lignum: ut peccátis mórtui, justítiæ vivámus: cujus livóre sanáti estis. Erátis enim sicut oves errántes, sed convérsi estis nunc ad pastórem et epíscopum animárum vestrárum. R/. Deo gratias
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO.
Hermanos: Carísimos: Cristo también padeció por nosotros, dándoos ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado alguno, ni se halló engaño en su lengua; él, cuando le maldecían, no maldecía; cuando le atormentaban, no amenazaba, antes se ponía en manos del que le sen­tenciaba injustamente; él llevó la pena de nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, a fin de que muertos a los pecados, viviésemos para la justicia; por sus llagas fuisteis sanados. Andabais como ovejas descarriadas, mas ahora os habéis convertido al Pastor y custodio de vuestras almas. R/. Demos gracias a Dios.

ALELUYA PASCUAL Lucas 24, 35. Juan 10, 14
ALLELÚIA, ALLELUIA. V/. Cognovérunt discípuli Dóminum Jesum in fractióne panis. ALLELÚJA. V/. Ego sum pastor bonis: et cognósco oves meas, et cognóscunt me meæ. ALLELÚJA.
ALELUYA, ALELUYA. V/. Conocieron los discípulos al Señor al partir el pan. ALELUYA. V/. Yo soy el buen Pastor, conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí, ALELUYA.

EVANGELIO Juan 10, 11-16
«Yo conozco mis ovejas; es decir, las amo -aclara san Gregorio-. Y mis ovejas me conocen. Me aman y me siguen. Ahora bien, hermanos: mirad a ver si realmente sois vosotros de sus ovejas, si le amáis, si le seguís.» Homilía de maitines.
SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM JOANNEM.
R. Gloria tibi, Domine.
In illo témpore: Dixit jesus pharisǽis: “Ego sum pastor bonus. Bonus pastor ánimam suam dat pro óvibus suis. Mercenárius autem et qui non est pastor, cujus non sunt oves própriæ, videt lupum veniéntem, et dimíttit oves et fugit: et lupus rapit et dispérgit oves: Mercenárius autem fugit, quia mercenárius est, et non pértinet ad eum de óvibus. Ego sum pastor bonus et cognósco meas et cognóscunt me meæ. Sicut novit me Pater et ego agnósco Patrem: et animam meam pono pro óvibus meis. Et álias oves hábeo, quæ non sunt ex hoc ovíli: et illas opórtet me addúcere, et vocem meam áudient, et fiet unum ovíle et unus pastor.” R. Laus tibi, Christi.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN.
R. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Pero el mercenario, el que no es pastor propio, como no son suyas las ovejas, en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño; el mercenario huye, porque es asalariado y no tiene interés en las ovejas. Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí, así como me conoce a mí mi Padre y yo conozco a mi Padre. Yo doy mi vida por mis ovejas. Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco, las cuales debo recoger; y oirán mi voz, y se hará un solo rebaño y un solo pastor. R. Alabanza a ti, Cristo.

ANTÍFONA DEL OFERTORIO Salmo 62, 2. 5
DEUS, DEUS meus, ad te de luce vígilo: et in nómine tuo levábo manus meas, allelúj.
SEÑOR, DIOS mío te busco desde la aurora;  yo levanto mis manos invocando tu nombre, aleluya.

SECRETA
BENEDICTIÓNEM nobis, Dómine, cónferat salutárem sacra semper oblátio: ut, quod agit mystério, virtúte perfíciat. Per Dóminum nostrum Iesum Christum Filium Tuum qui tecum vivit et regnat in unitate Spíritus Sancti Deus
CONFIÉRANOS siempre, ¡oh Señor!, esta oblación santa una bendición saludable a fin de que produzca realmente el efecto del misterio que representa. Por nuestro Seño.  Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

PREFACIO DE  PASCUA
VERE DIGNUM et justum est, aequum et salutare: Te quidem, Domine, omni tempore, sed in in hoc potissimum gloriosius praedicare, cum Pascha nostrum immolatus es Christus. Ipse enim verus es Agnus, qui abstulit peccata mundi. Qui mortem nostram moriendo destruxit, et vitam resurgendo reparavit. Et ideo cum Angelis et Archangelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis exercitus, hymnum gloriae tuae canimus, sine fine dicentes:
VERDADERAMENTE es digno y justo, debido y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero principalmente con mayor magnificencia en éste, en que Jesucristo inmolado es, nuestra Pascua. Porque Él es el verdadero Cordero que quita los pecados del mundo. El cual muriendo, destruyó nuestra muer te, y resucitando, reparó nuestra vida. Por esto, con los Ángeles y Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, can tamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

Antífona de Comunión Juan 10.14
EGO SUM pastor bonus, allelúja: et cognósco oves meas, et cognóscunt me meæ, allelúja, allelúja.
YO SOY el buen Pastor, aleluya; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, aleluya, aleluya.

ORACION POSCOMUNION
PRÆSTA NOBIS, quǽsumus, omnípotens Deus: ut vivificatiónis tuæ grátiam consequéntes, in tuo semper múnere gloriémur.  Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spíritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. R/. Amen.
TE PEDIMOS, ¡oh Dios todopoderoso! Nos concedas que, habiendo recibido la gracia de tu vivificación, podamos siempre gloriarnos de conservar este don divino. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. R/. Amén.