sábado, 19 de julio de 2014

VI domingo después de Pentecostés


VI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad
«EI Señor es la fortaleza de su pueblo.» Cántico magnifico de alegría y de varonil confianza, en que, una vez mas, expresa el pueblo cristiano su confianza y su seguridad. El gradual, el aleluya y el ofertorio hacen eco a este hermoso cántico de entrada. La epístola y el evangelio ponen de nuevo ante nuestros ojos nuestra condición de bautizados: ¡Muertos al pecado por el bautismo, deberíamos vivir una vida nueva, en que no hubiese lugar alguno para el pecado; la vida de Cristo debe regular la nuestra y llevarla hacia Dios, sin ningún compromiso con la pasada esclavitud, de la que nos ha liberado. Mas sería irrealizable esta exigencia de santidad, e imposible de sostener nuestra marcha hacia Dios, Si, él no viniera en nuestra ayuda para comunicarnos la fuerza necesaria. Entre todos los socorros sobrenaturales que se nos prodigan y cuya acción bienhechora canta la misa de hoy, ocupa, el primer lugar, la eucaristía. La multiplicación de los panes, que la anunciaba, muestra el pan cotidiano de nuestra vida cristiana, el alimento sustancial que ha de sostener nuestras fuerzas para seguir a Cristo «sin desfallecer en el camino».
...
Después de invocar el auxilio del Altísimo en el Introito, y de haber pedido el aumento de la virtud de religión en la Colecta, nos recuerdan la Epístola la dignidad de los que hemos sido bautizados. Cuantos hemos sido bautizados en Jesucristo, lo hemos sido con la representación de su muerte. Como si dijera: todos sus los que os gloriáis del nombre cristiano recibido en el Bautismo, reconoced que esta gracia la debéis a la muerte de Jesucristo. El Bautismo nos ha constituido miembros de Jesucristo.. ¿Puede darse mayor dignidad? Pero si somos miembros de Cristo hemos de vivir como vive Cristo, es decir, una vida santa, una vida pura, una vida exenta de todo pecado. Para vivir unidos con Cristo, recordemos que la Eucaristía es el alimento de nuestras almas. No basta oída la palabra divina, es necesario comer el  Pan del cielo, que es Cristo. Esto sin duda quiere señalarnos la iglesia al proponernos en el Evangelio el milagro de la multiplicación de los panes. Después que Cristo, instruyó a los pueblos que le seguían les dio el alimento nutritivo del pan. Así nosotros, después de haber escuchado las palabras del divino Maestro, acerquémonos al banquete eucarístico para que nuestras almas tengan virtud para practicar nuestros deberes de cristianos, de miembros de Jesucristo.

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito Salm. 27.8-9,1.- EL Señor es la fortaleza de su pueblo; es un castillo de salvación para su ungido. Salva, Señor, a tu pueblo, y bendice a tu he­redad, y rígelos siempre.  Salmo.- A ti, Señor, clamo; no te hagas sordo a mis ruegos, Dios mío. No calles, no sea que me asemeje a los que bajan al sepulcro V/. Gloria al Padre.
Colecta.-  La acción de Dios acompaña al hombre en todos sus caminos y aumenta constantemente el bien que en él ha creado, y, una vez aumentado, le protege. He ahí la gran providencia divina, llena de vigilante bondad. OH Dios de la fortaleza, fuente de toda perfección el bien  que en nosotros hay, y merced a nuestro fervor, guardes esos mismos bie­nes que en nosotros has ido regando con tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola. Rom. 6.3-11.-  Al unirse los fieles a Cristo por medio del bautismo, se transforman en un ser nuevo que, bajo pena de repudio, debe conformar su vida a la de su cabeza. Hermanos: Todos los que hemos sido bautizados en Jesucristo, lo hemos sido en su muerte. Hemos quedado sepultados con él, por el bautismo que nos sumerge en su muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por el poder del Padre, también nosotros vivamos vida nueva. Porque si fuimos injertados en él por medio de la semejanza de su muerte, lo seremos también por la de su resurrección. Sabemos bien que nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que sea destruido el cuerpo de pecado, y no sirvamos ya más al pecado. Pues el que muere, se libera del pecado, Y si estamos muertos con Cristo, creemos que viviremos también con Cristo. Sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere, ya no tiene la muerte dominio sobre él. Su muerte fue muerte al pecado, una vez para siempre; su vida es una vida para Dios. Así, vosotros, consideraos muertos al pecado, más vivos ya para Dios, en Jesucristo nuestro Señor,
Gradual. Salm. 89.13.1.- Vuélvete, Señor, un poco, y atiende a los ruegos de tus siervos. V/. Tú has sido, Señor, nuestro refugio de generación en generación,
Aleluya. Salm. 30.2.3.- Aleluya, aleluya. V/. En ti, Señor, busco amparo, no sea confundido para siempre. Líbrame por tu justicia, y sálvame; inclina a mí tu oído, corre a librarme. Aleluya.
Evangelio. Marc. 8.1-9.-Sostenido Elías por el alimento que le dio un ángel, caminó durante cuarenta días: mas vosotros, si os alimenta Jesús, marcharéis hasta llegar a la patria que habitan los santos” San Ambrosio. En aquel tiempo: Hallándose una inmensa turba en torno a Jesús y no teniendo qué comer, llamó a sus discípulos, y les dijo: Lástima me da esta multitud, porque tres días hace que me siguen, y no tienen qué comer, y si los envío a sus casas en ayunas, desfallecerán en el camino, pues algunos han venido de lejos. Respondiéronle sus discípulos: ¿Quién será capaz de procurarles pan abundante en esta soledad? Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete. Mandó entonces a la gente sentarse en el suelo, Y tomando los siete panes, dio gracias y los partió, y dio a sus discípulos para que los distribuyesen entre las gentes; y se los repartieron. Como tenían algunos pececillos, bendíjolos también, y mandó distribuírselos. Comieron hasta saciarse, y de las sobras se recogieron siete cestos, siendo los que habían comido como cuatro mil; y los despidió. CREDO.
Ofertorio. Salm. 16.5-7.- Afianza mis pasos en tus sendas, para que no vacilen mis pies. Préstame atención y oye mis palabras; haz que brillen en mí tus misericordias, pues salvas a los que esperan en ti, Señor.
Secreta.- Muéstrate, Señor, propicio a nuestros ruegos, y acepta benigno estas ofrendas de tu pueblo; y para que ningún anhelo sea fallido y ninguna oración desatendida, haz que consigamos eficazmente lo que con fe pedimos. Por nuestro Señor.
Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción, De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y  los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Salm.26.6.- Rodearé tu altar e inmolaré en tu santo templo víctimas de júbilo; cantaré y, entonaré un salmo al Señor.
Poscomunión.- Ya que hemos sido colmados de tus dones, haz, Señor, que quedemos limpios mediante su virtud y fortalecidos con su auxilio. Por nuestro Señor.
PARTITURAS DE LOS PROPIOS Y GRABACIONES EN MP3
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA  -  SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA 
COMENTARIO CARDENAL SHUSTER
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS

AUDIO DE LAS LECTURAS
  6th Sunday after Pentecost - Epistle
  6th Sunday after Pentecost - Gospel
I VÍSPERAS -  II VÍSPERAS -  PROPIO DEL DOMINGO

lunes, 14 de julio de 2014

Conmemoración de Nuestra Señora del Monte Carmelo - 16 de julio


NUESTRA SEÑORA DEL MONTE CARMELO
IV clase, conmemoración.
En España, III clase. Gloria sin Credo. Secuencia donde esté permitida.

Nuestra Señora del Monte Carmelo, llamada comúnmente Virgen del Carmen, es una de las advocaciones marianas más populares. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel que  podría traducir como 'jardín', donde el Profeta Elías vivía con una pequeña comunidad de discípulos. Una gran sequía asolaba la región y el Profeta subió a la montaña para pedir lluvia y divisó una nubecilla de luminosa blancura de la cual brotaba el agua en abundancia; comprendió que la visión era un símbolo de la llegada del Salvador esperado, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. Desde entonces, aquella pequeña comunidad se dedicó a rezar por la que sería madre del Redentor.
Aquella comunidad siguió su existencia a lo largo de los siglos. Según la tradición, la Virgen María todavía en carne mortal se les apareció y los alentó a seguir en esa vida de oración. Más tarde se construyó un templo dedicado a Ella. La devoción se extendió a Europa por los ataques musulmanes en Tierra Santa.
El 16 de julio de 1251, la Virgen del Carmen se apareció a San Simón Stock, superior general de la Orden, al que le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita. Según es tradición la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo, creencia que ha sido respaldada por los Pontífices.
La devoción mariana hacia la Virgen del Carmen se extendió a muchos países de Europa y América, destacando entre ellos España.
El formulario de esta fiesta es un filial homenaje a la Madre de Dios y Madre nuestra, la Virgen María, por su constante protección e intercesión por sus hijos. Ella es la madre del amor puro que promete la vida eterna a quien le ama. En las tres oraciones, la Iglesia no cesa de reclamar su poderosa intercesión. Destaca por su hermosura textual y musical la secuencia compuesta en sus primeros versos por San Simón Stock.
Pidamos a la Virgen que nos proteja siempre baja su manto y que en la hora de la muerte nos lleve cogidos de su escapulario al cielo.  
  
INTROITO Sal 44,2 
Gaudeámus omnes in Dómino diem festum celebrántes sub honóre beátæ Maríæ Vírginis: de cujus solemnitáte gaudent Angeli, et colláudant Fílium Dei.  
V/. Eructavit cor meum verbum bonum: dico ego opera mea Regi. V/. Gloria Patri.  Adeamus
Alegrémonos todos en el Señor  al celebrar la festividad de este día en honor de Bienaventurada Virgen María,  de cuya solemnidad se alegran los ángeles  y alaban a una al  Hijo de Dios.  V/. Entone mi corazón un bello cantico;  ofrezco mi canto al Rey.   V/. Gloria al Padre.










ORACION COLECTA 
Deus qui beatíssime semper Vírginis et Genetrícis tuæ Maríæ singulári título Carméli órdinem decorásti: concéde propítius; ut, cujus hódie Commemoratiónem solémni   celebrámus offício, ejus muníti præsídiis, ad gáudia sempitérna perveníre mereámur. Qui vivis et regnas cum Deo Patri in unitate Spiritus Sancti Deus per omnia saecula saeculorum.  R. Amen.
Oh Dios, que ennobleciste la Orden del Carmelo con el insigne honor de la bienaventurada siempre Virgen María tu Madre; concédenos propicio, que los que en este día  celebramos solemnemente su conmemoración, ayudados de su poderoso valimiento, merezcamos llegar a los goces sempiternos. Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos.  R. Amén.

















EPÍSTOLA  Eccli 24, 5  et 7, 9-11. 30-31
Yo soy la madre del amor puro 
LECTIO LIBRI SAPIEN-TIAE. Ego quasi vitis fructi-ficávi suavitátem odóris: et flores mei, fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis, et timóris, et agnitiónis, et sanctæ spei. In me grátia omnis viæ et veritátis: in me omnes spes vitæ et virtútis. Transíte ad me omnes qui concupíscitis me, et a generatiónibus meis implémini. Spíritus enim meus super mel dulcis, et heréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatiónes sæculórum. Qui edunt me, adhuc esúrient: et qui bibunt me, adhuc sítient. Qui audit me, non confun-détur: et qui operántur in me, non peccábunt. Qui elúcidant me, vitam ætérnam habébunt. R/. Deo gracias.
LECTURA DEL LIBRO DE LA SABIDURIA.  He dado, como la vid, graciosos retoños y mis flores han dado frutos de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor puro, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. En mí se halla toda la gracia de la doctrina y de la verdad, toda la esperanza de la vida y de la virtud. Venid a mí los que deseáis y hartaos de mis frutos, porque pensar en mí es más dulce que la miel y poseerme, más que el panal de miel. Mi memoria vivirá de generación en generación. Los que me coman tendrán aún hambre, y quienes me beban tendrán aún sed. El que me escucha no sufrirá decepción y los que obran por mí, no pecarán. Los que me dan a conocer, tendrán la vida eterna.




GRADUAL

Benedícta et venerábilis es, Virgo María quæ sine tactu pudóris invénta es mater Salvatóris. V/. Virgo Dei Génitrix, quem totus non capit orbis in tua se clausit víscera factus homo.
Bendita y venerable eres, Virgen María: que sin mancha de tu pudor, fuiste Madre del Salvador. V/. Oh Virgen, Madre de Dios: aquel a quien todo el orbe no puede contener,  se encerró hecho hombre en tus entrañas.








ALELUYA 
Allelúja, allelúja. V/. Per te, Dei Génitrix, nobis est vita pérdita: quæ de cælo suscipísti prolem, et mundo genuísti Salvatórem. Allelúja..
Aleluya. Aleluya.  V/. Por ti, Madre de Dios, se nos fue dada la vida perdida;  por ti que recibiste del cielo la prole  y engendraste para el mundo al Salvador. Aleluya.







SECUENCIA
(Sólo donde esté permitida)
1.         Flos Carmeli,  vitis florigera,  splendor caeli,  virgo puerpera singularis.
2.         Mater mitis  sed viri nescia Carmelitis esto propitia  stella maris.
3.         Radix Iesse  germinans flosculum nos ad esse  tecum in saeculum  patiaris.
4.         Inter spinas  quae crescis lilium  serva puras  mentes fragilium tutelaris.
5.         Armatura fortis pugnantium furunt bella  tende praesidium scapularis.
6.         Per incerta  prudens consilium  per adversa  iuge solatium  largiaris.
7.         Mater dulcis  Carmeli domina, plebem tuam  reple laetitia  qua bearis.
Paradisi  clavis et ianua,  fac nos duci  quo, Mater, gloria coronaris.  Amen. Alleluia.
1.         Flor del Carmelo, viña florida,  Esplendor del Cielo,  Virgen fecunda  y singular.
2.         Madre dulce,  intacta de mano de hombre, a los carmelitas se propicia, estrella del mar.
3.         Retoño de Jesé en quien germinó una flor para estar contigo  y padecer  por el mundo.
4.         Entre las espinas,  tú creces como lirio,  conserva limpias  nuestras almas,  cuida de los débiles.
5.         Armadura fuerte  de los que luchan,  en  la guerra furiosa  tiende la defensa  del escapulario.
6.         Concede  en la incertidumbre  prudente consejo,  en la adversidad  danos refugio. 
7.         Oh dulce Madre,  Señora del Carmelo,  llena a tu pueblo  de la alegría  que  tú tienes.
Llave y puerta  del cielo,  Oh Madre; haznos  ser coronados  en la gloria.  Amén. Aleluya.




























SANTO EVANGELIO Lc 11, 27-28 
Sequentia sancti Evangelii secundum Lucam.
In illo témpore: Loquénte Jesu ad turbas, extóllens vocem quædam múlier de turba, dixit illi: «Beátus venter, qui te portávit, et úbera quæ suxísti.» At ille dixit: «Quinímmo beáti, qui áudiunt verbum Dei, et custódiunt illud.»  R/. Laus tibi, Christe.

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, hablando Jesús a las turbas, una mujer entre la multitud levantando la voz dijo: Bienaventurado el vientre que te llevo y los pechos que te amamantaron. Pero él dijo: Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.













ANTIFONA DEL OFERTORIO Jer 18, 20
Recordáre, Virgo Mater Dei, dum stéteris in conspectu Dómini, ut loquáris pro nobis bona, et ut avértat indignatiónem suam a nobis.
Acuérdate, oh Virgen Madre,  en la presencia de Dios,  de pedir bienes para nosotros,  y que aparte de nosotros su indignación.







ORACIÓN SECRETA 
Sanctífica, Dómine, quǽsumus, obláta libámina: et beátæ Dei Genitrícis Maríæ salubérrima intercessióne, nobis salutária fore concéde. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Filium tuum qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus.
Santifica, Señor, te lo suplicamos, estas libaciones ofrecidas: y por la salubérrima intercesión de Santa María Madre de Dios, haz que sean saludables para nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios.








  
PREFACIO DE LA VIRGEN 
Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Et te in conmemoratione beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre, benedícere, et predicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et virginitátis glória permanénte lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable que en todo tiempo y lugar demos gracias, Señor Santo, Padre omnipotente, Dios eterno y alabarte y bendecirte y glorificarte en la memoria de la bienaventurada siempre Virgen María que concibió a tu Unigénito Hijo por obra del Espíritu Santo y permaneciendo intacta la gloria de su virginidad dio al mundo la luz eterna, Jesucristo Nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu majestad, las dominaciones la adoran, tiemblan las potestades, los cielos y las virtudes de los cielos,  y los bienaventurados serafines la celebran con igual júbilo. Te rogamos que con sus alabanzas recibas también las nuestras cuando te decimos con humilde confesión:
























ANTÍFONA DE COMUNIÓN 
Regína mundi digníssima, María Virgo perpétua, intercéde pro nostra pace et salúte, quæ genuísti Christum Dóminum Salvatórem ómnium.
Dignísima Reina del mundo, María, Virgen perpetua; intercede por nuestra paz y salud,  tú que engendraste a Cristo, el Señor, Salvador de todos.






ORACIÓN POSTCOMUNIÓN 
Audjuvit nos quǽsumus, Dómine, gloriósæ tuæ Genetrícis sempérque Vírginis Mariæ, intercéssio veneránda: ut, quos perpétuis cumulávit benefíciis, ea quæ agénda sunt júgiter vidére fáciat, et ad implénda quæ víderint convaléscere: Qui vivis et regnas cun Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sæcula sæculórum. R. Amen..
Te pedimos, Señor, que nos ayude la venerada intercesión de tu gloriosa Madre y siempre Virgen María; para que, a los que colmó de perpetuos beneficios, libre de todos los peligros, los haga concordes con su piedad. A ti que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos.  R. Amén.













Partituras de los propios

Audiciones de los propios

V Domingo despues de Pentecostés

V DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.

La epístola y el evangelio inculcan fuertemente el deber de la caridad fraterna. Seremos responsables ante Dios, no sólo de atentar contra la vida de nuestros hermanos, si lo hacemos, sino también de toda falta a su respecto. Debemos volver bien por mal y ser en todo tiempo obradores de paz. Hemos de sufrir, si es necesario, por la justicia y seguir sin perturbarnos la práctica del bien.
Sin esto no hay acceso a Dios. Nuestras relaciones con Dios ordenan nuestra actitud para con nuestro prójimo. Nadie es tan bueno como Dios; nadie ama como Dios ama. Por nuestra parte, también debemos estar llenos de compasión, de amor fraterno y de misericordia. Procuremos, pues, la felicidad de los demás, ya que se nos ha llamado a poseer en herencia la felicidad de Dios.
....
Es el Introito una ferviente oración que el rey David dirige el Señor para pedirle su auxilio y su fortaleza. Nosotros, como él, necesitamos también que esta ayuda del cielo para vencer a nuestros enemigos: el demonio, el mundo y la carne, los cuales hacen cuanto pueden para apartarnos del amor que le debemos a Dios. Este amor es el que pedimos en la Colecta de la Santa Misa. Amando a Dios en todas las cosas y sobre todo, conseguiremos las divinas promesas que exceden cuanto puede desear el corazón humano. Pero la prueba más sólida de nuestro amor a Dios debe consistir en la caridad para con nuestros próximos. A ella nos exhorta en la  Epístola el Príncipe de los Apóstoles. La unión y verdadera caridad fraterna, concordia y la paz, son virtudes del todo indispensables para conseguir la dicha posible en la presente vida y la felicidad eterna. En el Evangelio se nos manifiesta claramente la voluntad de Cristo respecto de nuestra conducta con nuestros próximos. Hemos de amarlos de corazón, hemos de tratarlos con caridad. Tanto desea Jesús que reine la paz entre los cristianos, que ni le son gratos los más excelentes dones si salen de un corazón enemistado con su prójimo. El Dios de la caridad nada quiere tanto como el  reinado del verdadero amor entre los hombres.


TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm.  26.7, 9,1.-  Escucha mi voz, que te llama, Señor; tú eres mi ayudador; no me abandones ni me desprecies, oh Dios de mi salvación. Salmo. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién habré de temer? V/. Gloria al Padre, y al Hijo.
Colecta.- “Ni puede ver el ojo, ni oír el oído, ni comprender el corazón del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman”.   Oh Dios!, que tienes preparados bienes invisibles a los que te aman, infunde en nuestros corazones el afecto de tu amor; para que, amándote en todo y sobre todo, consigamos esas tus promesas, que exceden a todo deseo. Por nuestro Señor.
Epístola. 1 Pdr. 3.8.-15.-  Recompensa de la práctica del bien y de la caridad fraterna  es, ya aquí abajo, al sentirnos bajo la mirada de Dios, que nos sigue y nos ama. Carísimos: Seguid unidos en la oración: sed compasivos, amantes de todos los hermanos, misericordiosos, modestos, humildes: No volváis mal por mal, ni maldición por maldición; bendecid, por el contrario, porque a esto sois llamados, a fin de que poseáis en herencia la bendición. Pues, el que quiere amar la vida, y vivir días dichosos, refrene su lengua del mal y sus labios de las palabras engañosas; huya del mal y obre el bien; busque la paz y sígala. Por­que Dios tiene sus ojos sobre los justos, y está pronto a oír sus súplicas; pero mira con enojo a los que obran mal. Y ¿quién habrá que os pueda hacer daño, si os empleáis en hacer el bien? Pero si sucede que padecéis algo por amor a la justicia, sois bienaventura­dos. No temáis nada de vuestros enemigos, ni perdáis la paz; mas santificad a nuestro Señor Jesucristo en vues­tros corazones.
Gradual. Salm. 83.10,9.~ Mira ¡oh Dios!, protector nuestro, a estos tus sier­vos. V/. iOh Señor de los ejércitos!, escucha las ora­ciones de tus siervos .
Aleluya. Salm. 20-2.- Aleluya, aleluya. V. ¡Oh Señor!, el rey se alegra de tu fuerza y tu ayuda le alegra grandemente. Aleluya.
Evangelio. Mat.5.20-24.-  La exigencia de la caridad cristiana se extiende a las intenciones y disposiciones más secretas del corazón. Antes de acercarnos a Dios debemos reconciliarnos con nuestros hermanos.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Si vuestra justicia no es más cumplida que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los mayores: No matarás, Y quien mate merece juicio. Pe­ro yo os digo aun más: quien se encoleriza con su hermano, merecerá juicio, y el que le llame raca,  merecerá juicio del Sanedrín; quien le llame fatuo, merece la gehena del fuego. Si pues, al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; y después volverás a presentar tu ofrenda. CREDO.
Ofertorio. Salm. 15.7-8.-  Alabaré al Señor, que se ha hecho mi consejero. Yo tengo al Señor constan­temente ante mis ojos; él está a mi diestra y yo no he de vacilar.
Secreta.- Atiende propicio, Señor, a nuestros ruegos y recibe benigno estas ofrendas de tus siervos y siervas; para que lo que cada cual ha ofrecido en honor de tu nom­bre, les aproveche para su salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
Prefacio de la Santísima Trinidad.- EN verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y  lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distin­ción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario,  diciendo a una voz.

Comunión. Salm. 26.4.- Una sola cosa pido al Señor, y la deseo ardientemente: Habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida.
Poscomunión.-  CONCEDE, Señor, a los que has alimentado con el don celestial vernos limpios de nuestras culpas ocultas, y libres de los lazos del enemigo. Por nuestro Señor.


PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS EN MP3
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA      -    SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA    COMENTARIO LITÚRGICO CARD. SCHUSTER
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GRABACIONES DE LAS LECTURAS
  5th Sunday after Pentecost - Epistle
  5th Sunday after Pentecost - Gospel
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