jueves, 18 de octubre de 2018

XXII domingo después de Pentecostés

XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, credo y prefacio de la Santísima Trinidad

La indignación de Jesús ante los fariseos ha de ser para nosotros una lección. Jamás se ha censurado tan severamente la hipocresía. Siempre odiosa, lo es doblemente cuando con ella tratamos de sustraernos a los deberes para con Dios. Ocurre a veces que una excesiva preocupación por nuestros deberes para con los hombres deja muy a la smvre lo que debemos al que es nuestro Creador y soberano Señor. Meditemos bien las palabras de Cristo: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". 
Es estos últimos domingos del año litúrgico evoca la Iglesia el día de Cristo, que será el del fin del mundo, cuando vuelva a juzgar. Nos invita a esperarle con confianza, no apoyándonos en nuestros méritos, pues el hombre ante Dios no es más que miseria, sino asiéndonos a la misericordia divina, y recordando que no cesa el Omnipotente de proseguir hasta su consumación la obra salvífica que ha comenzado en nosotros.  

Interpretación de los textos de la misa en relación con las lecturas de Maitines. (No todos los años coincide). Lo que algunos han llamado rebelión de los Macabeos, es un testimonio magnífico del respeto debido a las cosas divinas, a la Ley de Dios, a su Culto, a su Templo. Dícennos los santos Libros que, viéndose apurado Judas y sabiendo que los romanos eran los amos del mundo, los llamó en su ayuda, llegando el Senado a firmar con el Macabeo un tratado de paz y de alianza, tratado que después fue renovado por Jonatás y luego por su hermano Simeón. Pero muy pronto la guerra civil vino a desgarrar a aquel reino ya medio deshecho, pues dos hermanos enemigos se disputaban la corona. Uno de ellos creyó conveniente llamar en su ayuda a los romanos, los cuales vinieron en efecto, apoderándose Pompeyo de Jerusalén el año 63, con lo cual Palestina vino a ser colonia romana, porque Roma jamás soltaba lo conquistado por sus armas. Con esto, el Senado romano nombró a Herodes rey de los judíos, y éste, más por bienquistarse a sus nuevos súbditos que por devoción, volvió a levantar por vez tercera el Templo de Jerusalén, el mismo en que había luego de entrar triunfalmente Jesús, nuestro divino Salvador. Desde entonces el pueblo judío hubo de pagar tributos a Roma.  Así la escena evangélica de la misa enlaza perfectamente con lo anterior, y tuvo lugar en los últimos días de la vida de Jesús, confundiendo el Maestro a sus rabiosos émulos, que no esperaban había de responder con tanto acierto a su insidiosa pregunta de si había o no de pagarse tributo al emperador romano, su señor. Si Jesús respondía que si, se indisponía con el pueblo que llevaba mal resignado el yugo romano; si decía que no, caería sobre Él la furia del fisco. Pero Jesús, con su infinita sabiduría, sin contestar con una evasiva, supo dar la más atinada respuesta al capcioso dilema, trazándonos al propio tiempo un programa de nuestros deberes cívicos y religiosos, los cuales no pugnan entre sí. Al poder secular, que gobierna con la autoridad participada de la de Dios, los pueblos deben tributos metálicos, respeto y acatamiento a sus justas órdenes y leyes*. A Dios se le debe amor, servicio y adoración rendida de cuerpo y alma, se le debe de justicia el culto litúrgico. Nosotros somos la moneda que Dios troquela a su imagen; y Dios reclama esa moneda como el César la suya.
El Evangelio y la misma Epístola, estando ya pronto a expirar el año litúrgico, nos traen la memoria de los últimos días del mundo y de cada hombre, y el justo juicio de Dios en el día de Cristo Jesús (Ep.).
Pidámosle, pues, la perseverancia final en el bien, que es la gracia de las gracias. "Que nuestra caridad vaya en aumento, procurando llegar a la plenitud de Cristo, a que se verifique en nosotros el ideal, el cual consiste en que se forme en nosotros Cristo". Pongamos nuestra confianza en Jesús "para ese día tremendo en que los mismos cielos y tierra han de temblar", porque, "si Dios se fijase en nuestras iniquidades, ¿quién sería capaz de resistir su mirada?" (Int.). Pero Dios es el apoyo de los que en Él esperan (Alel.) y en el Dios de Israel se encuentra la miseri cordia (Int., Sec.), y la tendrá para con nosotros, si nosotros la tenemos con nuestros hermanos.   En la hora del peligro acudamos al recurso magno de la oración, porque "si invocamos al Señor, Él nos oirá" (Com.). Teniendo en cuenta que la oración eminentemente social y fraternal que Dios escucha con preferencia es la oración litúrgica, la oración de la Iglesia, su Esposa. Por quererla tanto como la quiere, no puede resultar fallida, y la oye, como el rey Asuero oyó la de su esposa Ester cuando quiso salvar a su pueblo.
...
El Introito expresa los sentimientos del pueblo judío durante el cautiverio de Babilonia. Humildemente confiesa que aún merece mayores castigos por sus iniquidades. Con todo, reconoce ser más grande la misericordia de Dios que su malicia. Esto los consuela y esfuerza para confiar en la bondad infinita de Dios.
La Epístola nos demuestra la ternura con que San Pablo miraba a los fieles de la ciudad de Filipos, los cuales, por su parte, le correspondían afectuosos, y le daban señales muy claras de su reconocimiento por las gracias espirituales que les había procurado desde su conversión, asistiéndole en sus necesidades e interesándose en sus prisiones.

Habiendo resuelto los fariseos sorprender a Jesús, por lo menos en sus palabras, ya que nada hallaban reprensible en sus obras, no cesaban de tenderle lazos, haciéndole preguntas capciosas. La que hoy nos recuerda el Evangelio, era delicada, pero la respuesta del Salvador, que leía en su corazón los malos designios que en él abrigaban, nos sirvió más que para cubrirlos de confusión, haciendo brillar su divina sabiduría.

TEXTOS DE LA MISA
Introito. Salmo 129, 3-4. 1-2 - Ante el pensamiento de la grandeza del Señor, pide a Dios la Iglesia que olvide las faltas de los hombres para no atender mas que a su misericordia.
Si miras, Señor, nuestros pecados, Señor, ¿quién resistirá? Mas en ti reside la misericordia, ¡oh Dios de Israel!  Salmo.- Del fondo del abismo clamo a ti, Señor ; Señor, oye mi voz. V/. Gloria al Padre.

Colecta.- Oh Dios!, refugio y for­taleza nuestra, oye las piadosas plegarias de tu Iglesia, tú, el autor mismo de toda piedad, y haz que con­sigamos eficazmente lo que con fe pedimos. Por nuestro.

 Epístola. Fil.1.6-11.-  La Iglesia continúa su obra de evangelización en espera de la «vuelta del Señor». Su alegría, como la de San Pablo, es ver extenderse la vida cristiana por el mundo y su anhelo, sentirla progresar en cada uno de nosotros. Hermanos: Tengo la seguridad en Nuestro Señor Jesucristo de que quien comenzó en vosotros esta hermosa obra, continuará su perfeccionamiento hasta el día de Jesucristo. Y es justo que yo sienta esto de todos vosotros, porque os llevo en el corazón, ya que compartís la gracia que se me ha dado en mis  prisiones y en la defensa y confirmación del Evangelio. Dios me es testigo de que os amo a todos vosotros con la ternura misma de Jesucristo. Y esto pido: que vuestra caridad abunde más y más en luz y en inteligencia, para que sepáis discernir lo que es mejor y seáis sinceros e intachables hasta el día de Cristo, llenos de frutos de justicia por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Gradual. Salm. 132.1-2.- Oh, qué bueno y delicioso vivir los hermanos en unión! V/ Es como un perfume valioso sobre la cabeza, que se desliza por la barba, la barba de Aarón.
Aleluya, aleluya. Salm. 113.11.- V/. Los que teméis al Señor, confiad en él; es vuestro amparo vuestra defensa.

Evangelio. Marc. 22.15-21.- El cumplimiento de nuestros deberes para con los hombres nada ha de sustraer al soberano dominio de Dios. En aquel tiempo: Fueron los fariseos y se confabularon para sorprender a Jesús en lo que hablase. Para lo cual le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz y que ense­ñas el camino de Dios según, la verdad, y sin consideración a quienquiera que sea, porque no miras a la calidad de las personas. Dinos, pues, ¿qué te parece, es lícito pagar tributo al César, o no? Mas Jesús, conociendo su perversidad, repuso: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos te ofrecieron un denario. Les dijo entonces Jesús: ¿De quién es esta figura e inscripción? Y al responderle ellos: Del César, dijo entonces Jesús: Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Ofertorio. Est 14, 12-13.-  Acuérdate de mí, Señor, tú que dominas sobre toda potestad; y pon en mi boca palabras rectas, para que puedan con ellas agradar al rey.

Secreta.-  Haz, ¡oh Dios misericordioso!, que esta oblación saludable nos libre sin cesar; de nuestros propios pecados, y nos defienda de todo lo adverso. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en ]a individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancias Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...

Comunión. Salm. 16.6.-  A ti invoco, Dios míos tú me escucharás. Inclina a mí tu oído y escucha mis palabras.

Poscomunión.- Habiendo recibido, Señor, los dones del sagrado misterio, te rogamos humildemente que sirva de auxilio a nuestra flaqueza lo que nos mandaste hacer en memoria tuya. Tú Que vives

PARTITURAS  Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIO CARDENAL SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

COMENTARIOS AL EVANGELIO
NADA MÁS JUSTO NI MÁS RAZONABLE. San Juan María Vianney
EL HOMBRE DESCONOCE SU VALOR. Santo Tomás de Villanueva

PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS


GRABACIÓN DE LA EPÍSTOLA Y EL EVANGELIO
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  EPÍSTOLA
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  EVANGELIO
 TEXTOS EN LATÍN 

Dominica Vigesima Secunda Post Pentecosten
II Classis
Introitus: Ps.cxxix: 3-4
Si iniquitátes observáveris, Dómine, quis sustinébit? Quia apud te propitiátio est, Deus Israël. [Ps. ibid., 1-2]. De profúndis clamavi ad te, Dómine: Dómine exaudi vocem meam. Glória Patri. Si iniquitátes.
Collect:
Deus, refúgium nostrum, et virtus: adésto piis Ecclésiæ tuæ précibus, auctor ipse pietátis, et presta: ut quod fidéliter pétimus, efficáciter consequámur. Per Dóminum.
ad Philíppenses i: 6-11
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Philíppenses.
Fratres: Confídimus in Dómino Jesu, quia qui cœpit in vobis opus bonum perfíciet usque in diem Christi Jesu. Sicut est mihi justum hoc sentíre pro ómnibus vobis: eo quod hábeam vos in corde, et in vínculis meis, et in defensióne, et confirmatióne Evangélii, sócios gáudii mei omnes vos esse. Testis enim mihi est Deus, quómodo cúpiam omnes vos in viscéribus Jesu Christi. Et hoc oro ut cáritas vestra magis ac magis abúndet in sciéntia, et in omni sensu: ut probétis potióra, ut sitis sincéri, et sine offénsa in diem Christi, repléti fructu justítiæ per Jesum Christum, in glóriam et laudem Dei.
Graduale Ps. cxxxii: 1-2
Ecce quam bonum, et quam jucúndum, habitáre fratres in unum! V. .Sicut unguéntum in cápite, quod descéndit in barbam, barbam Aaron.
Allelúja, allelúja. [Ps. cxiii: 11] Qui timent Dóminum sperent in eo: adjútor et protéctor eórum est. Allelúja.
Matt. xxii: 15-21
    +    Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
In illo témpore:. Abeúntes Pharisǽi consílium iniérunt ut cáperent Jesum in sermóne. Et mittunt ei discípulos suos cum Herodiánis, dicéntes: "Magister, scimus quia verax es, et viam Dei in veritáte doces, et non est tibi cura de áliquo: non enim réspicis persónam hóminum: dic ergo nobis quid tibi vidétur, licet censum dare Cǽsari, an non?" Cógnita autem Jesus nequítia eórum, ait: "Quid me tentátis, hypócritæ? Osténdite mihi numísma census." At illi obtulérunt ei denárium. Et ait illis Jesus: "Cujus est imágo hæc et suprascríptio?" Dicunt ei: "Cǽsaris." Tunc ait illis: "Réddite ergo quæ sunt Cǽsaris, Cǽsari; et quae sunt Dei, Deo.
Credo.
Offertorium: Esth. xiv: 12-13.
Recordáre mei, Dømine, omni potentáti dóminans: et da sermónem rectum in os meum, ut pláceant verba mea in conspectu príncipis.
Secreta:
Da, miséricors Deus: ut hæc salutáris oblátio et a própriis nos reátibus indesinéntur expédiat, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum.
Communio: Ps. xvi: 6
Ego clamávi, quóniam exaudísti me, Deus: inclina aurem tuam, et exáudi verba mea.
Postcommunio:
Sumpsimus, Dómine, sacri dona mystérii, humíliter deprecántes: ut quæ in tui commemoratiónem nos fácere præcepísti, in nostræ profíciant infirmitátis auxílium: Qui vivis.




sábado, 13 de octubre de 2018

XXI domingo despues de Pentecostés

XXI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

La ley de la caridad y de la misericordia, que nos recuerda el evangelio es de una exigencia absoluta: "¿No debías haber tenido compasión de tu compañero como la he tenido yo de ti?" El perdón de las ofensas y el amor al prójimo son la réplica necesaria y como la prolongación en nuestra vida del magnánimo perdón que nos otorga Dios.
En Dios encuentra el cristiano la ley de su vida: "Sed buenos porque yo soy buen. Sed perfectos como lo es el Padre celestial. Amaos los unos a los otros como yo os he amado."
Feliz el cristiano al poder vivir iluminado por una revelación que, con una justa concepción de Dios, le da una regla de conducta toda ella arraigada en él. Tratándose de verdad y felicidad, nada hay tan pacificador para el hombre como el conocer la voluntad soberana de Dios, asimilársela y con las armas que ella misma proporciona consagrar toda la vida a la práctica del bien. 
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 Llámese este domingo el de los dos deudores o del perdón de las injurias, por tratar de ese asunto el Evangelio. Éste nos enseña que hemos de perdonar a nuestros hermanos, de lo íntimo de nuestro corazón, las ofensas que nos hayan hecho, si queremos que Dios nos perdone los pecados que hemos cometido contra Él. 
En la Epístola, después de haber exhortado San Pablo a todos el cumplimiento de las obligaciones de su estado, nos advierte que para resistir a los enemigos invisibles de nuestra salvación, es necesario nos revistamos con las armas espirituales, las cuales señala muy particularmente. Una de ellas, sin duda muy poderosa, es la fe. Con ella podremos apagar todos los dardos encendidos del maligno espíritu.
El Introito está tomado de la oración que Mardoqueo hizo a Dios juntamente con el pueblo judío, para suplicar al Señor que se dignase mirar las lágrimas y los gemidos de un pueblo consagrado singularmente y al que el orgullo de un solo hombre quería perder para siempre./

Interpretación de los textos de la misa según el oficio divino. (No siempre coincide). Síguese leyendo por ahora en los Maitines la historia de los esforzados Macabeos. La vida cristiana es un combate en que están comprometidas la gloria de Dios y nuestra salvación. Esto respira en todas las piezas de la misa de hoy y por eso nos recuerda todavía a Job  (Ofert.) llagado y perseguido (Ofert.) y a Mardoqueo odiado por Amán (Int.),. por "aquel calumniador", figura del demonio y de sus ministros Infernales, contra los cuales hemos de luchar sin tregua, pues flotan por los aires, buscando alguno a quien dañar con sus maleficios (Ep.). No son seres de carne y sangre, dice el Apóstol, sino espíritus y espíritus malignos de tinieblas; y por eso mismo más temibles, si bien con una sola señal de la cruz podemos ahuyentar a todo el infierno junto.
Eso nos dice a las claras que nuestras armas contra ellos deben ser ante todo espirituales. Debe ser la oración perseverante y confiada. Armados con ella nos sentiremos todopoderosos contra el diablo, como se sentía Santa Teresa, como se sentían los Macabeos en la lucha contra los impíos perseguidores de su religión y de su pueblo. He aquí la armadura más sencilla. Pero la mística panoplia contra nuestros mortales enemigos es la rectitud, la justicia, la paz y la fe, como armas defensivas; y como ofensivas, las palabras divinamente inspiradas que la Iglesia recibió del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Ahora bien, la palabra de Dios, que hoy se nos sirve en el Evangelio. comprendía toda la vida cristiana, haciéndola consistir en el ejercicio de la caridad, que nos impulsa a obrar con nuestro prójimo como Dios se porta con nosotros. Si Él nos perdona nuestras culpas, otro tanto debemos hacer con nuestros semejantes, y no lo de aquel siervo malo y despiadado que ahoga  a su compañero, exigiéndole una suma insignificante, cuando su señor acaba de condonarle una fabulosa cantidad. ¡Qué contraste tan enorme entre la magnanimidad del amo y la ruindad de ese mal siervo!.  Ese amo es Dios, y siervos somos todos los hombres. El Señor nos ha de exigir cuentas a todos (Ev.);.pero cábenos el consuelo de pensar que, si las deudas exceden a nuestra solvencia, Dios se portará con nosotros como nos hubiéremos portado con nuestros consiervos. No pudo, pues, sellar con sello más dulce ni más fuerte el precepto del amor fraterno, que todos nos debemos en Cristo, y de la tolerancia mutua. Si ajustamos nuestras cuentas con el prójimo conforme a justicia, conforme a ella las ajustará Dios con nosotros. Conviénenos, pues, ajustarlas con mucha rebaja, porque entonces seguros estamos de que Dios, supremo Juez, a quien tanto debemos todos, usará con nosotros de esa misma consideración y miramiento, lejos de entregamos a los poderes infernales para que nos atormenten. Estamos ya en vísperas de cerrar el Ciclo litúrgico, y este periodo postrero del mismo nos recuerda que los demonios andarán desatados al fin del mundo. Busquemos en Dios un castillo de refugio, pues contra su voluntad nada se resiste (Int.), y al fin saldremos vencedores y no habremos por qué temer el día del Juicio. Para eso vino Cristo, nos dice S. Juan, " para que tengamos confianza en el día del Juicio", "en ese día grande y por demás amargo" para los malos y enemigos de Cristo.


TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Ester 13,9 y 10-11. -Todo está en vuestras manos, Señor, y no hay quien pueda resistir a vuestro poder; Vos lo ha­béis creado todo, el cielo y la tierra y cuan­toen ellos se contiene. Vos sois Señor de todo. – Salmo. 118,1.- Dichosos los limpios de corazón; los que andan por el camino de la ley de Dios. Gloria al Padre.

Oración. No puede haver vida verdadera sin una constante asistencia de Dios.- Os suplicamos, Señor, que guardéis con perpetua clemencia a vuestro pueblo, a fin de que, con vuestra protección, se vea libre de todo mal, y os sirva santamente. Por N. S. J. C...

Epístola. Ef. 6,10-17. "Ciertamente, en el Señor y en su virtud soberana es donde debéis buscar vuestras energías. Vestíos la armadura de Dios." El mismo Señor arma al cristiano para el combate espiritual contra Satanás, su verdadero enemigo.- Hermanos: Buscad vuestra fuerza en el Señor y en el vigor de su poder. Poneos la armadura de Dios, para poder resistir a las estratagemas del diablo. Porque no peleamos contra gente de carne y hueso, sino contra los principados, las potestades, los poderes cósmicos de este mundo tenebroso: los espíritus malignos de los espacios. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal, y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. ¡Estad firmes! Usad como cinturón la verdad; como coraza, la justicia; como calzado, la prontitud para el evangelio de la paz; en toda ocasión tomad como escudo la fe: para que se apaguen en ella las flechas incendiarias del Maligno. Finalmente, poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu: la Palabra de Dios.

Gradual. Sal. 89, 1-2. -Señor, tú has sido nuestro baluarte, de generación en generación. Antes de engendrarse los montes, antes de nacer el orbe de la tierra, de eternidad a eternidad tú existes, oh Dios.

Aleluya, aleluya. Sal. 113,1. Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo extranjero. Aleluya.

Evangelio. Mat. 18, 23-35. PEdro acaba de hacer esta pregunta: "Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete?- Yo no digo siete -responde Jesús- sino hasta setenta veces siete." Las palabras que van a seguir son un verdadero comentario al diálogo entre el Señor y su discípulo.- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Ofertorio. Job. 1.- Había en el País de Hus, en Idumea, un hombre llamado Job, hombre sencillo, recto y temeroso de Dios, al cual pidió Satanás para tentarle, y Dios le dio poder de dañarlo en sus bienes y en su carne. Perdió Job todos sus bienes y sus hijos, viendo sus carnes llagadas de graves úlceras.

Secreta.- Recibid, Señor, propicio nuestras ofrendas, con las cuales quisisteis ser aplacado, y concedednos la salvación por vuestra poderosa misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

Comunión. Ps. 118, 81, 84 y 86.- Mi alma ha esperado en Vos, Salvador mío, y en vuestra palabra. ¿Cuándo haréis justicia contra mis perseguidores? Los malvados me persiguen; ayudadme, Señor y Dios mío.

Poscomunión.- Después de recibir, Señor, el sustento que da la inmortalidad, os rogamos que lo que hemos tomado lo sigamos de corazón. Por N. S. J. C.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
AUDIO DE LA EPÍSTOLA Y EL EVANGELIO
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 Epístola
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  Evangelio

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Dominica Vigesima Prima post PentecostenII Classis
Introitus: Esther 13: 9, 10-11
In voluntáte tua, Dómine, univérsa sunt pósita, et non est qui possit resístere voluntáti tuæ: tu enim fecísti ómnia, cælum et terram, et univérsa quæ in cæli ámbitu continéntur: Dóminus universórum tu es. [Ps. cxviii, 1]. Beáti immaculáti in via: qui ámbulant in lege Dómini. Glória Patri. In voluntáte.
Collect:
Famíliam tuam, quǽsumus, Dómine, contínua pietáte custódi: ut a cunctis adversitátibus, te protegénte, sit líbera: et in bonis áctibus tuo nómini sit devóta. Per Dóminum.

Ephesios vi: 10-17
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Fratres: Confortámini in Dómino, et in poténtia virtútis ejus. Indúite vos armatúram Dei, ut possítis stare advérsus insidias Diáboli. Quóniam non est nobis colluctátio advérsus carnem et sánguinem; sed advérsus príncipes et potestátes, advérsus mundi rectóres tenebrárum harum, contra spirituália nequítiae in cæléstibus. Proptérea accépite armatúram Dei, ut possítis resístere in die malo, et in ómnibus perfécti stare. State ergo succíncti lumbos vestros in veritáte et indúti lorícam justítiæ, et calceáti pedes in præparatióne Evangélii pacis: in ómnibus suméntes scutum fídei, in quo possítis ómnia tela nequíssimi ígnea extínguere: et gáleam salútis assúmite: et gládium spíritus, quod est verbum Dei.
Graduale Ps. lxxxix: 1-2
Dómine, refúgium factus es nobis, a generatióne et progénie. V. Priúsquam montes fíerent, aut formarétur terra et orbis: a sǽculo, et usque in sǽculum tu es Deus.
Allelúja, allelúja. [Ps. cxiii: 1] In éxitu Israël de Ægýpto, domus Jacob de pópulo bárbaro. Allelúja.
Matt. xviii: 23-35
        Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolum hanc: Assimilátum est regnum cælórum hómini regi qui vóluit ratiónem pónere cum servis suis. Et cum cœpísset ratiónem pónere, oblátus est ei unus, qui debébat decem míllia talénta. Cum autem non habéret unde rédderet, jussit eum dóminus venúmdari, et uxórem ejus, et fílios, et ómnia quæ habébat, et reddi. Prócidens autem servus ille, orábat eum, dicens: "Patiéntiam habe in me, et ómnia reddam tibi." Misértus autem dóminus servi illíus, dimísit eum, et débitum dimísit ei. Egréssus autem servus ille, invénit unum de consérvis suis, qui debébat ei centum denários: et tenens suffocábat eum, dicens: "Redde quod debes." Et prócidens consérvus ejus rogábat eum, dicens: "Patiéntiam habe in me, et ómnia reddam tibi." Ille autem nolúit, sed ábiit, et misit eum in cárcerem donec rédderet débitum. Vidéntes autem consérvi ejus quae fiébant, contristáti sunt valde: et venérunt et narravérunt dómino suo ómnia quæ facta fúerant. Tunc vocávit illum dóminus suus, et ait illi: "Serve nequam, omne débitum dimísi tibi, quóniam rogásti me: nonne ergo opórtuit et te miseréri consérvi tui, sicut et ego tui misértus sum?" Et irátus dóminus ejus, trádidit eum tortóribus, quoadúsque rédderet univérsum débitum. Sic et Pater meus cæléstis fáciet vobis, si non remiséritis unusquisque fratri suo de córdibus vestris.
Credo.
Offertorium: Job 1.
Vir erat in terra Hus, nómine Job: simplex et rectus, ac timens Deum: quem Satan pétiit, ut tentet: et data est ei potéstas a Dómino in facultátes, et in carnem ejus: perdítque omnem substántiam ipsíus, et fílios: carnem quoque ejus gravi úlcere vulnerávit.
Secreta:
Súscipe, Dómine, propítius hóstias: quibus et te placári voluísti, et nobis salútem poténti pietáte réstitui. Per Dóminum.

Communio: Ps. cx: 81, 84 et 86
In salutári tuo ánima mea, et in verbum tuum sperávi: quando fácies de persequéntibus me judícium? iníqui persecúti sunt me, ádjuva me, Dómine, Deus meus.
Postcommunio:
Immortalitátis alimóniam consecúti, quǽsumus, Dómine Deus, ut quod ore percépimus, pura mente sectémur. Per Dominum.

jueves, 11 de octubre de 2018

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR Patrona de la Hispanidad. 12 de octubre


12 DE OCTUBRE
NUESTRA SEÑORA DEL PILAR
Patrona de la Hispanidad
“Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima
vino en carne mortal a Zaragoza.
Sea por siempre bendita y alabada.”
Estando el Apóstol Santiago el Mayor cierta noche en oración a las orillas del río Ebro, se le apareció la Santísima Virgen María, viviendo aun en carne mortal, para consolarle y esforzare a proseguir en España su obra de evangelización, y que allí mismo le mando construir un templo en honor suyo. Este templo vino después a convertirse en la actual basílica del Pilar, centro de grandes peregrinaciones.
El Papa Juan XXIII elevó a I clase esta fiesta en agradecimiento a la Virgen por el descubrimiento de América el 12 de octubre de 1492 y la evangelización del nuevo continente; y como voto a la Madre y Reina de España y de los pueblos hermanos para que por su intercesión se conserve y aumente la fe.

INTROITO Ex 13, 22; Sal 98, 6-7
COLUMNAM ducem habemus quae numquam defuit per diem neque per noctem coram populo. V/.  Invocabant Dominum, et ipse exaudiebat eos: in columna nubis loquebatur ad eos. V/. Glória Patri.
TENEMOS por guía la Columna que nunca falto delante del pueblo, ni de día ni de noche. V/. Invocaban al Señor y él los oía; desde la Columna de nube les hablaba. V/. Gloria al Padre.

COLECTA
OMNIPOTENS sempiterne Deus, qui per gloriosissimam Filii tui Matrem caeleste praesidium nobis mirabiliter praeparasti: concede propitius, ut quam peculiari titulo de Columna pia devotione veneramur, ejus perpetuo protegamur auxilio. Per eumdem Dominum nostrum Iesum Christum.
OMNIPOTENTE y sempiterno Dios, que por la Gloriosísima Madre de tu Hijo nos deparaste celestial amparo: concédenos propicio que cuantos con piadosa devoción la veneramos bajo el especial título del Pilar seamos protegidos perpetuamente con su auxilio. Por  Nuestro Señor Jesucristo.

EPÍSTOLA Sab 24, 5-13
LÉCTIO LIBRI SAPIÉNTIÆ.
Ego ex ore Altissimi prodivi primogenita ante omnem creaturam. Ego feci in caelis, ut oriretur lumen indeficiens, et sicut nebula texi omnem terram. Ego in altissimis habitavi, et thronus meus in columna nubis. Gyrum caeli circuivi sola, et profundum abyssi penetravi: in fluctibus maris ambulavi, et in omni terra steti, et in omni populo et in omni gente primatum habui: et omnium excellentium et humilium corda virtute calcavi: et in his omnibus requiem quaesivi, et in hereditate Domini morabor. Tunc praecepit et dixit mihi Creator omnium: et qui creavit me requievit in tabernaculo meo, et dixit mihi in Iacob inhabita, et in Israël hereditare, et in electis meis mitte radices.
LECTURA DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA.
Yo salí de la boca del altísimo, engendrada antes que fuese criatura alguna. Yo hice nacer en los cielos la luz indeficiente y como niebla cubrí toda la tierra. En los altísimos cielos puse yo mi morada, y mi trono sobre una columna de nube. Yo sola rodee todo el giro del cielo y penetre en el profundo del abismo. Pase sobre las olas del mar, recorrí toda la tierra, y en todos los pueblos y naciones tuve supremo dominio; con mi poder sujete los corazones de todos, grandes y pequeños y en todos los pueblos busque donde posar, y en la herencia del Señor fije mi morada. Entonces el Creador de todas las cosas me hablo y el que me crio, descanso en mi seno y me dijo: Habita en Jacob y sea Israel tu heredad y arraiga en medio de mis escogidos.

GRADUAL Sal 26, 6. 39, 3
IN PETRA exaltavit me: et nunc exaltavit caput meum super inimicos meos. V/. Statuit super petram pedes meos: et direxit gressus meus.
ME PONDRÁ en alto sobre una piedra y luego levantara mi cabeza sobre mis enemigos. V/. Asentó mis pies sobre piedra, y enderezo mis pasos.

ALELUYA Ex 17, 9
ALLELÚIA, ALLELÚIA. V/. En ego stabo ibi coram te super petram. Allelúia.
ALELUYA, ALELUYA. V/. Mira que yo estaré allí ante ti sobre la piedra. Aleluya.

EVANGELIO Lc 11, 27-28
SEQUÉNTIA SANCTI EVANGÉ-LII SECÚNDUM LUCAM.
In illo témpore: Loquente Jesu ad turbas, extollens docem quaedam mulier de turba, dixit illi: Beatus venter qui te portavit, et ubera quae suxisti. At ille dixit: Quinimmo beati qui audiunt verbum Dei et custodiunt illud.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS.
En aquel tiempo, mientras hablaba Jesús a las turbas, una mujer, levantando la voz en medio del pueblo exclamo: dichoso el vientre que te llevo, y los pechos que te amamantaron. Mas Jesús respondió: Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.
Se dice Credo.

OFERTORIO Eclo. 45,14
Corona aurea super caput ejus, expressa signo sanctitatis et gloria honoris: opus virtutis, et desideria oculorum.
Corona de oro sobre su cabeza, adornada con sello de santidad, ornamento de gloria, obra primorosa, que cautiva las miradas.

SECRETA
DEUS, qui protegente Genitrice Filii tui, fidei lumen nobis splendescere fecisti; praesta, quaesumus: ejus meritis et praecibus, in eadem fide stabiles inveniamur, et in caritate ferventes. Per eumdem Dóminum nostrum Jesum Christum.
OH DIOS, que con la protección de la Madre de tu Unigénito hiciste resplandecer a nuestros ojos la luz de la fe: haz, te rogamos, por sus méritos y preces, que permanezcamos firmes en la misma fe y fervientes en la caridad. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PREFACIO
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Et te in festivitate beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre, benedícere, et predicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et virginitátis glória permanénte lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
VERDADERAMENTE es digno y justo, es nuestro deber y nuestra salvación el darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, Padre santo, omnipotente y eterno Dios: Y que en la festividad de la bienaventurada siempre Virgen María, te alabemos, bendigamos y aclamemos. Ella después de haber concebido a tu único Hijo por obra y gracia del Espíritu Santo y conservando siempre la gloria de la virginidad, dio a luz al que es la luz eterna, Jesucristo, nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu Majestad, las Dominaciones la adoran, las Potestades la temen, los Cielos y las Virtudes de los cielos y el ejército bienaventurado de los Serafines unidos en la misma alegría la celebran. Con ellos te pedimos también quieras admitir nuestras voces que en suplicante alabanza dicen:

COMUNIÓN Is 22, 16
EXCIDISTI in excelso memoriale diligenter, in petra tabernaculum tibi.
LABRASTE con esmero un monumento en lugar elevado, en la piedra una mansión para ti.

POSCOMUNIÓN
Caelestibus pasti deliciis, te supplices deprecamur, Domine Deus noster; ut beatissimae Genitricis Filii tui titulo de Columna solemnitatem celebrantes, ipsa intercedente, ad gaudia aeterna feliciter pervenire valeamus. Per eumdem Dominum nostrum Jesum Christum.
Señor Dios nuestro, alimentados con las celestiales delicias, te rogamos suplicantes: que, pues, celebramos la solemnidad de la Santísima Madre de tu Hijo con la advocación del Pilar, logremos por su valimiento arribar felizmente a los goces eternos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Agradecimiento por la colaboración de Dña. Ana Galvez Aguiló.
Comentario Card. Schuster
Partituras de las oraciones y lecturas
Grabaciones de las lecturas

Vísperas cantadas