sábado, 28 de marzo de 2015

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

Solemnidades de la Semana Santa

La Semana Santa es la cumbre central del Año Litúrgico. Por ello la Sta. Madre Iglesia, ya desde los tiempos apostólicos, da anualmente a esta Semana una solemnidad muy singular. Nuestra Semana Santa restaurada enmarca las funciones litúrgicas e n su hora apropiada y esto proporciona a los fieles una participación más perfecta y fructuosa, ya que los Ritos de la Semana Santa poseen una singular fuerza y eficacia sacramental para alimentar la vida cristiana.

II DOMINGO DE PASIÓN O DOMINGO DE RAMOS.
(I clase)
  • Bendición y procesión (pluvial roja, y en su defecto, estola)
  • Santa Misa (morado). Lectura de la Pasión (sin Dnus. vob., sin señal de la cruz, sin beso ni per evangelica) . Prefacio de la cruz. (Si hubo bendición de los ramos, se omiten las oraciones preparatorias ante el altar hasta el "Oramus te")
  • Si no hubo bendición el Último Evangelio es sustituido por el Evangelio propio de la Bendición.

Día del homenaje a Cristo Rey. Es el día de rendir público testimonio de reconocimiento y amor a Cristo Rey, al conmemorar su entrada triunfal en Jerusalén. Todas las familias cristianas deben asociarse a esta procesión litúrgica. Reconozcamos en N. S. Jesucristo, Dios y Hombre verdadero a nuestro Rey y Él nos reconocerá como fieles vasallos en el día del juicio.

SOLEMNE PROCESION
DE LAS PALMAS EN HONOR DE CRISTO REY

El sacerdote se reviste con ornamentos rojos. Colocados los ramos en su respectivo lugar, y estando ya todo preparado, los Ministros del altar hacen la debida reverencia. Entretanto se canta o reza la siguiente antífona:

 Hosanna al Hijo de David: bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo!

El celebrante, con las manos juntas, dice: El Señor esté con vosotros

Y todos contestan: Y con tu espíritu.

Oración.- Bendice, Señor, estas palmas (estos ramos de olivo, de laurel, de otros árboles), que en señal de alabanza lleva hoy tu pueblo; y concédenos que a este homenaje externo correspondamos con un espíritu fiel, para así triunfar del enemigo, y unirnos plenamente a la obra de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
DISTRIBUCION DE LOS RAMOS

El Celebrante, de cara al pueblo, distribuye los ramos, primero a los clérigos y a los demás ministros; después a los fieles: Entretanto se cantan o rezan estas antífonas y salmos:

Antífona 1ª.- Los niños hebreos, llevando ramos de olivo salieron al encuentro del Señor, aclamando: “Hosanna en el cielo!
Entretanto se cantan o rezan estas antífonas y salmos:
Salmo. Ps. 23, 1-2 y 7-10. — Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe, y todos sus habitantes: Él la fundó sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos.
Se repite: Los niños hebreos...
¡Portones! alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternas, va a entrar el Rey de la Gloria. ¿Quién es ese Rey de la Gloria? El Señor, héroe valeroso, el Señor, hé­roe de la guerra.
Se repite: Los niños hebreos...
¡Portones! alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternas, va a entrar el Rey de la Gloria. ¿Quién es ese Rey de la Gloria? Es el Señor, Dios de los Ejércitos: Él es el Rey de la Gloria.
Se repite: Los niños hebreos...
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite: Los niños hebreos...
Antífona 2ª.- Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: "Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor."
Salmo 46 — Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo: porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.
Se repite: Los niños hebreos...
Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; Él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado.
Se repite: Los niños hebreos...
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.
Se repite: Los niños hebreos...
Porque Dios es el Rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Se repite: Los niños hebreos...
Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los grandes de la tierra, y Él es excelso.
Se repite: Los niños hebreos...
Gloria al Padre... Como era...
Se repite: Los niños hebreos...

EVANGELIO
Distribuidos los ramos se canta o reza el Evan­gelio, según sea la Misa solemne o rezada:

Evangelio Mat. 21, 1-9. — En aquel tiempo Jesús se acercó a Jerusalén y al lle­gar a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea de enfrente y en seguida en­contraréis una burra atada, con su pollino: desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle: "El Señor los necesita; los devolverá en seguida." Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el Profeta: "Decid a la hija de Sión: Mira a tu Rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila." Fue­ron los discípulos e hicieron lo que les ha­bía mandado Jesús: trajeron la burra y el pollino, echaron sobre ellos sus mantos y Jesús se montó encima. La multitud exten­dió sus mantos por el camino; otros corta­ban ramas de árboles y alfombraban el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor.

Terminado el Evangelio, el Subdiácono en las Misas solemnes lleva el libro al Celebrante para que lo bese, pero éste no recibe la incensación del Diácono.

PROCESIÓN DE LAS PALMAS


Puesto incienso en el incensario, el Diácono de la Misa solemne dice de cara al pueblo:
V. Marchemos en paz.
R. En el nombre de Cristo. Amén.
Al empezar la Procesión puede cantarse alguna de las siguientes antífonas:


Antífona 1ª.- Con palmas y flores, la gente sale al encuentro del Redentor, y rinden homenaje al Vencedor que viene en triunfo. Los pueblos lo proclaman Hijo de Dios, y hasta las nubes resuenan las voces que alaban a Cristo: "Hosanna."
Antífona 2ª.- Con los ángeles y los niños mostremos nuestra fe, aclamando al Vencedor de la muerte: "Hosanna en el cielo."
Antífona 3ª.- La multitud que había acudido a celebrar la fiesta aclamaba al Señor: "Bendito el que viene en nombre del Se­ñor: Hosanna en el cielo."
Antífona 4ª.- Lc. 19, 37 y 38. — El gentío que bajaba, empezó a alabar a Dios con vo­ces de alegría, por todos los milagros que habían visto, aclamando: "Bendito el Rey que viene en nombre del Señor; paz en la tierra y gloria en el cielo."

Durante la Procesión se canta el siguiente himno. Convendría que el pueblo, a cada estrofa, fuese repitiendo el primer verso.

HIMNO A CRISTO REY

Gloria, alabanza y honor os sea dado, Rey Cristo Redentor. A quien los niños can­taban piadosamente.
1. Vos sois Rey de Israel, de la noble familia de David. Bendito Rey que venís en nombre del Señor.
2. En el Cielo alaban los Ángeles y Santos. Y el hombre mortal y todo lo criado.
3. El pueblo hebreo salió a recibiros con palmas. Y nosotros nos presentamos a Vos con oraciones, votos e himnos.
4. Ellos os alababan cuando ibais a pa­decer. Nosotros os cantamos con armonio­sos cánticos, oh Rey inmortal.
5. Aquellos os agradaron. Agrádeos también nuestra devoción, oh Rey bueno, Rey benigno, que os complacéis en todo lo bueno.
Antífona 5." — Todos alaban tu nombre diciendo: "Bendito el que viene en nombre del Señor: Hosanna en el cielo."

Salmo 147— Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión: que ha re­forzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina; Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza; hace caer el hielo como migajas, con el frío congela las aguas; envía una orden y se derriten, sopla su aliento y corren. Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 6ª.- Agitando palmas adoramos al Señor que llega; salgamos a su encuentro cantando himnos, proclamemos su gloria diciendo: "Bendito sea el Señor."

Antífona 7.a — ¡Salve! Rey nuestro, Hijo de David, Redentor del mundo, los profetas anunciaron tu venida como Salvador de Israel. El Padre te envió como víctima para salvar al mundo; te esperaban todos los santos desde la creación del mundo: noso­tros te aclamamos: "Hosanna al Hijo dé David, bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el cielo."

No hay inconveniente alguno en que el pueblo cante, por ejemplo, el Christus Vincit u otro cántico en honor de Jesucristo Rey, incluso en lengua vulgar.


Al entrar la Procesión en la Iglesia, se canta la última antífona.

Antífona 8.— Al entrar el Señor en la santa ciudad, los niños hebreos, anunciando la Resurrección de la Vida, con ramos de palma aclamaban: "Hosanna en el cielo." Al enterarse el pueblo que Jesús llegaba a Jerusalén, salieron a su encuentro con ramos de palma, aclamando: "Hosanna en el cielo."

El Celebrante, de cara al pueblo, da por terminada la Procesión a Cristo Rey diciendo:

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

Oración después de la procesión. — Señor Jesucristo, Rey y Redentor nuestro, en tu honor hemos llevado los ramos, cantando alabanzas; concede que la gracia de tu ben­dición descienda donde se lleven estos ra­mos y, vencidos la maldad y el engaño del demonio, tu brazo proteja a los que has re­dimido. Que vives y reinas.

El Celebrante y Ministros se ponen los ornamentos morados para la Misa.
Durante la lectura o canto de la Pasión en la Misa no se han de tener en las manos los ramos bendecidos.

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Ps. 21, 20 y 22. — Señor, no te quedes lejos, ven corriendo a ayudarme, sálvame de las fauces del león, salva a este pobre de los cuernos del búfalo.  Salmo. Ibíd. 2. — Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Señor, no te quedes lejos.

Oración. — Dios todopoderoso y eterno. Por voluntad tuya, nuestro Salvador se hizo hombre y murió en la cruz, para que imitáramos su ejemplo de humildad. Te pe­dimos la gracia de guardar las enseñanzas de su pasión y asíí tener parte un día en su resurrección gloriosa.

Epístola. Fil 2, 5-11. — Hermanos: Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó has­ta someterse a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió, el "Nombre-sobre-todo-nom­bre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble —en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo—, y toda lengua proclame: "¡ Jesucristo es Señor!", para gloria de Dios Padre.

Gradual. Sal. 72, 24 y 1-3. — Me has cogido de la mano, y me has guiado con tu consejo, y me has llevado a tu gloria. Qué bue­no es el Dios de Israel para los limpios de corazón. Por poco tropiezan mis pies, casi resbalan mis pisadas, porque me daban envidia los impíos, viendo la prosperidad de los pecadores.

Tracto. Sal. 21, 2-9, 18 19, 22, 24 y 32. — Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has aban­donado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no respondes, de noche, y no me haces caso. Aunque habitas en el santuario, esperanza de Israel. En ti confiaban nuestros padres, confiaban y los ponías a salvo; a ti gritaban, y quedaban libres, en ti confiaban y no los defraudaste. Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo: al verme se burlan de mí, hacen visajes menean la cabeza. "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo, que lo libre, si tanto lo quiere." Ellos me miran triunfantes, se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Sálvame de las fauces del león, a este pobre, de los cuernos del búfalo. Fieles del Se­ñor, alabadlo, linaje de Jacob, glorificadlo. Hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de na­cer: todo lo que hizo el Señor.


EVANGELIO DE LA PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO (Caps. 26, 36-75; 27, 1-60)

Jesús ora en el huerto. Su agonía

En aquel tiempo Jesús va con sus discí­pulos a un huerto, llamado Getsemaní y les dice: Sentaos aquí, mientras voy allá a orar. C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dice: Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo. C. Y adelantándose un poco, cayó cara a tierra y oraba diciendo: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no como quiero yo, sino como quieres tú. C. Y se acerca a los discípulos y los encuentra dormidos. Dice a Pedro: ¿Con­que no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación; pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil. C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acerca a sus discípulos y les dice: Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en ma­nos de los pecadores. /Levantaos, vamos!

Jesús es besado por Judas y hecho prisionero

Ya está cerca el que me entrega. C. Todavía estaba hablando, cuando en esto apareció Judas, uno de los doce, y con él un tropel de gente, con espadas y palos, mandada por los Sumos Sacerdotes y los notables del pueblo. El traidor les había dado esta señal : S. El que yo bese, es Él: detenedlo. C. Después se acercó a Jesús y le dijo: S. ¡Salve Maestro! C. Y lo besó. Pero Jesús le contes­tó: Amigo, ¿a qué vienes? C. Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, deteniéndolo. Y uno de los que estaban con Jesús agarró la espada, la desenvainó e hirió al criado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:. Vuelve la espada a su sitio, porque quien usa espada, a espada morirá. ¿O crees que no puedo acudir a mi Padre y me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles? Si no, ¿cómo se va a cumplir la Escritura según la cual esto tiene que pasar? C. En aquella hora dijo Jesús a la gente:¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario me sentaba y enseña­ba en el templo y no me detuvisteis. C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Jesús es presentado a Caifás

Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el Sumo Sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los notables. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumó Sacerdote y entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los Sumos Sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente comparecieron dos que declararon: S. Éste ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días." C. El Sumo Sacerdote se puso en pie y le dijo: S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti? C. Pero Jesús callaba. Y el Sumo Sacerdote le dijo: S. Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. C. Jesús le responde: Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene so­bre las nubes del cielo. C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: S. Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.

Jesús, negado por Pedro

¿Qué os parece? C. Y ellos contestaron: S. Es reo de muerte. C. Entonces le escupie­ron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo: S. Haz de profeta, Mesías, dinos quién te ha pegado. C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo: S. También tú andabas con Jesús el Galileo. C. Él lo negó delante de todos diciendo: S. No sé qué quieres decir. C. Y al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí: S. Éste andaba con Jesús el Nazareno. C. Otra vez negó él con jura­mento: S. No conozco a ese hombre. C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: S. Seguro, tú también eres de ellos, hasta el acento te delata. C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo: S. No conozco a ese hom­bre? C. en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús:

Jesús presentado a Pilato. Fin del traidor

"Antes de que cante el gallo me negarás tres veces." Y saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los Sumos Sacerdotes y los notables del pueblo se reunieron para planear la condena a muerte de Jesús. Y atándolo, lo llevaron y lo entre­garon a Pilato, el gobernador. Entonces, el traidor sintió remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los Sumos Sacerdotes y ancianos, diciendo: S. He pecado entregando sangre inocente. C. Pero ellos dijeron: S. ¿A nosotros qué? ¡Allá tú! C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue, y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron: S. No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre. C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero, para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama "Campo de Sangre" hasta el día de hoy. Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: "Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había or­denado el Señor." Jesús fue llevado ante el gobernador; y el gobernador le preguntó:

Jesús ante Pilato

S. ¿Eres tú el rey de los judíos? C. Jesús respondió: Tú lo dices. C. Y mientras lo acusaban los Sumos Sacerdotes y los nota­bles, no contestaba nada. Entonces le dice ¿No oyes cuántos cargos presen­tan contra ti? C. Él no contestó a una sola pregunta, de modo que el gobernador estaba muy extrañado. Por la Fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso,

Jesús, pospuesto a Barrabás

llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: S. ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías? C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado el tribunal, su mujer le mandó a decir: S. No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con Él. C. Pero los sumos sacerdotes y los notables convencieron a la gente que reclamaran a Barrabás y exigieran la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: S. ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? C. Ellos dijeron: S. A Barrabás. C. Pilato les dice: S. ¿Y qué hago con Jesús llamado el Mesías? C. Contestaron todos: S. Que lo crucifiquen. C. Él dijo: S. Pues ¿qué mal ha hecho? C. Pero ellos gritaban más fuerte: S. ¡Que lo crucifiquen ¡ C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo: S. Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros! C. Y el pueblo entero contestó: S. ¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos! C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al Pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la compañía:

Jesús azotado y coronado de espinas

lo desnudaron y le pusieron un manto color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante El la rodilla, se burlaban de El diciendo: S. ¡Salve, Rey de los Judíos! C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón;

Jesús sube al Calvario. Es crucificado

y lo forzaron a que llevara la cruz. Llegados al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de “La Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con hiel; El lo probó y no lo quiso beber. Después de crucificarlo, se repartieron sus ropas echándolas a suerte y luego se sentaron a custodiarlo. Sobre su cabeza colocaron un letrero con la acusación: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS. Y crucificaron con El a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban menean­do la cabeza y diciendo: S. Tú que destruías

Jesús, clavado en la cruz, es insultado



el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. C. Lo mismo los Sumos Sacerdotes con los letrados y los notables se burlaban diciendo: S. A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Es Rey de Israel: que baje ahora de la cruz y le cree­remos. Ha confiado en Dios: que Dios lo libre ahora si tanto lo quiere, ya que ha di­cho que es Hijo de Dios. C. Incluso los ban­didos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía vinieron las tinieblas sobre toda aquella tierra hasta la media tarde. Y hacia la media tarde, Jesús exclamó con voz potente: Elí, Elí, lamá sabaktaní. C. (Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). C. Algunos de los que estaban por allí, al oírlo, dijeron: S. A Elías llama Éste. C. En seguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola a una caña, le daba de beber. Los demás decían: S. Déjalo, a ver si viene Elías a sal­varlo. C. Y Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

(Todos de rodillas. Breve pausa.)

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; y la tierra tembló; y las rocas se hendieron; y las tumbas se abrieron; y muchos cuerpos de los santos ya muertos, resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Él resucitó, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba se aterrorizaron y dijeron: S. Realmente Éste era Hijo de Dios. C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena y María la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

Jesús es bajado de la Cruz y sepultado

Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús, Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

Los Sacerdotes que hayan de celebrar hoy dos o tres Misas no están obligados, en la 2.a y 3.a Misa, a repetir la historia de la Pasión; y en su lugar leerán el siguiente Evangelio en la forma acostumbrada:

Evangelio. Mat. 27, 45-52. — En aquel tiempo, después que Jesús fue crucificado, desde la hora de sexta hasta la nona, toda la tierra se cubrió de tinieblas, y cerca de la hora nona, dio Jesús un grande grito diciendo: Elí, Elí, lamá sabaktaní.? C. Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado? Algunos, pues, de los que esta­ban presentes, oyendo esto, decían: S. A Elías llama éste. C. Y corriendo al punto uno de ellos, tomó una esponja y la empapó en vinagre; y, poniéndola en una caña, la alargaba para que bebiese. Mas los otros decían: S. Deja: veamos si viene Elías a librarle. C. Mas Jesús, dando de nuevo un grande grito, entregó su espíritu.

(Todos de rodillas. Breve pausa.)

Y al mismo tiempo, el velo del templo se rasgó en dos partes, de alto abajo, y la tie­rra tembló, y se partieron las piedras, y los sepulcros se abrieron, y muchos cuerpos de los santos que habían muerto resucitaron.

Credo.

Ofertorio. Ps. 68, 21-22. — La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión y no la hay, consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, en mi sed me dieron vinagre.

Secreta. — Te pedimos, Dios todopoderoso, que estas ofrendas sean gratas a tus ojos, para que ellas nos alcancen la gracia de servirte con amor y nos traigan la eter­nidad dichosa.

Prefacio de la Cruz o de la pasión.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde tuvo origen la muerte, de allí surgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido; por Cristo nuestro Señor. Por El los Ángeles y los Arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente

Comunión. Mt. 26, 42. — Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Poscomunión. — Por la eficacia de este misterio se nos perdonen, Señor, nuestros pecados, y veamos cumplidos nuestros san­tos deseos.
Propios de la misa en latín
Domingo de Ramos (P. Ribera)
Comentario Card. Schuster
Sugerencias para la homilía      Sermón de san Antonio
Partituras de las oraciones y lecciones
Grabaciones de las lecturas
  Passion Sunday - Epistle
  Passion Sunday - Gospel
  Palm Sunday - Epistle
  Palm Sunday - The Passion
Vísperas
I VÍSPERAS II VÍSPERAS COMÚN DEL TIEMPO DE PASIÓN PROPIO DEL DOMINGO

viernes, 27 de marzo de 2015

SÁBADO DE LA I SEMANA DE PASION


SÁBADO DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Estación en San Juan ante Portam Latinam

Idea dominante de la Misa de esta Feria: Nuestra oración humilde y nuestra penitencia nos hacen agradables a Dios.

INTROITO     Salmo 30, 10, 16 y 18
Apiádate de mí, oh Señor, porque me veo atribulado; líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen; oh Señor, no quede yo confundido, ya que te he invocado. (S) Señor, en ti tengo puesta mi esperanza; no quede yo para siempre confundido: sálvame, pues eres justo. Apiádate…

COLECTA
Te  rogamos, Señor, que adelante en deseos de una devoción piadosa el pueblo a ti consagrado, para que instruido en las acciones sagradas, cuanto más grato se haga a tu majestad, tanto más preciosos dones reciba. Por nuestro Señor…

EPÍSTOLA Jeremías 18,18-23.  Mas ellos dijeron entonces: Venid y tratemos seriamente de obrar contra Jeremías, porque a pesar de lo que él predice, no nos faltará la explicación de la ley de boca del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni la palabra del profeta. Venid, pues, atravesémosle con los dardos de nuestra lengua, y no hagamos caso de ninguna de sus palabras.  ¡Oh Señor!, mira por mí, y para tu atención en lo que dicen mis adversarios.  ¿Conque así se vuelve mal por bien? ¿Y así ellos, que tanto me deben, han cavado una hoya para hacerme perder la vida? Acuérdate, ¡oh Señor!, de cuando me presentaba yo en tu acatamiento, para hablarte a su favor, y para desviar de ellos tu enojo.  Por tanto, abandona sus hijos al hambre, y entrégalos al filo de la espada; viudas y sin hijos queden sus mujeres, y mueran de una muerte infeliz sus maridos, y se vean en el combate sus jóvenes atravesados con la espada.  Oiganse alaridos en sus casas. Porque tú has de conducir contra ellos súbitamente al salteador, contra ellos que cavaron la hoya para cogerme, y tendieron lazos ocultos para mis pies.  Mas tú, ¡oh Señor!, conoces bien todos sus designios de muerte contra mí. No les perdones su maldad; ni se borre de tu presencia su pecado, derribados sean delante de ti; acaba con ellos en el tiempo de tu furor.

GRADUAL    Salmo 34, 20 y 22
Me hablaban con señales de paz mis enemigos, y en la ira me eran molestos. v/.Tú lo has visto, Señor, no calles por más tiempo y  no te apartes de mí.

EVANGELIO Juan 12,10-36.
Por eso los príncipes de los sacerdotes deliberaron quitar también la vida a Lázaro,  visto que muchos judíos por su causa se apartaban de ellos, y creían en Jesús. Al día siguiente, una gran muchedumbre, que habían venido a la fiesta, habiendo oído que Jesús estaba para llegar a Jerusalén,  cogieron ramos de palmas y salieron a recibirle, gritando: ¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!  Halló Jesús un burro, y montó en él, según está escrito: No tienes que temer, hija de Sión: Mira a tu rey que viene sentado sobre un burro.  Los discípulos por entonces no reflexionaron sobre esto; mas cuando Jesús hubo entrado en su gloria, se acordaron que tales cosas estaban escritas de él, y que ellos mismos las cumplieron.  Y la multitud que estaba con Jesús, cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio de él.  Por esta causa salió tanta gente a recibirle, por haber oído que había hecho este milagro. En vista de lo cual se dijeron unos a otros los fariseos. ¿Véis cómo no adelantamos nada? He aquí que todo el mundo se va con él. Al mismo tiempo ciertos gentiles de los que habían venido para adorar a Dios en la fiesta,  se acercaron a Felipe, natural de Betsaida en Galilea, y le hicieron esta súplica: Señor, deseamos ver a Jesús. Felipe fue y lo dijo a Andrés; y Andrés y Felipe juntos, se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió, diciendo: Venida es la hora en que debe ser glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo, después de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. Así el que ama desordenadamente su alma, la perderá; mas el que aborrece o mortifica su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que me sirve, sígame; que donde yo estoy, allí estará también el que me sirve; y a quien me sirviere, le honrará mi Padre. Pero ahora mi alma se ha conturbado. Y ¿qué diré? ¡Oh Padre!, líbrame de esta hora. Mas no, que para esa misma hora he venido al mundo. ¡Oh Padre! glorifica tu santo Nombre. Al momento se oyó del cielo esta voz: Le he glorificado ya, y le glorificaré todavía más. La gente que allí estaba, y oyó el sonido de esta voz, decía que aquello había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. Jesús les respondió, y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.  Ahora mismo va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera. Y cuando yo sea levantado en alto en la tierra, todo lo atraeré a mí. (Esto lo decía para significar de qué muerte había de morir).  Le replicó la gente: Nosotros sabemos por la ley, que el Cristo debe vivir eternamente; pues ¿cómo dices que debe ser levantado en alto o crucificado el Hijo del hombre? ¿Quién es ese Hijo del hombre? Les respondió Jesús: La luz aún está entre vosotros por un poco de tiempo. Caminad, pues, mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan; que quien anda entre tinieblas, no sabe adónde va,  mientras tenéis luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz. Estas cosas les dijo Jesús; y fue, y se escondió de ellos.

OFERTORIO    Salmo 118, 12, 121 y 42
Bendito eres, oh Señor, enséñame tus justos preceptos; no me entregues a los soberbios que me calumnian, y responderé a quienes me insultaren

SECRETA
Te rogamos, Señor, que a cuantos nos concedes participar de tan gran misterio, nos libres de todas las culpas y peligros. Por nuestro Señor…

PREFACIO DE LA SANTA CRUZ
En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, saliese la vida, y el que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor; por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Vírgenes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos, que, con sus voces admitas también las de los que decimos, con humilde confesión

COMUNION    Salmo 26, 12
No me abandones a los deseos de mis perseguidores, porque han conspirado contra mi testigos inicuos, y la iniquidad inspira sus falsedades.

POSCOMUNION
Saciados generosamente con este divino don, te rogamos, señor Dios nuestro, que vivamos siempre de su participación. Por nuestro Señor…

SOBRE EL PUEBLO
Oremos. Humillad ante Dios vuestras cabezas
Te rogamos, Señor, que tu poder defienda al pueblo suplicante y que, después de purificarle, le instruyas dignamente; para que con el consuelo presente se  prepare a los bienes futuros. Por nuestra Señor…

Transcripto por Dña. Ana María Galvez

TEXTOS EN LATÍN

SABBATO POST DOMINICAM DE PASSIONE
Statio ad S. Joannem ante Portam Latinam

Introitus Ps. 30, 10, 16 et 18
MISERÉRE mihi, Dómine, quóniam tríbulor: líbera me, et éripe me de mánibus inimicórum meórum, et a persequéntibus me: Dómine, non confúndar, quóniam invocávi te. Ps. ibid., 2 In te, Dómine, sperávi, non confúndar in aetérnum: in justítia tua líbera me. Miserére mihi.


Oratio
PROFÍCIAT, quaésumus, Dómine, plebs tibi dicáta piae devotiónis afféctu: ut sacris actiónibus erudíta, quanto majestáti tuae fit grátior, tanto donis potióribus augeátur. Per Dóminum.

Léctio Jeremíae Prophétae. Jerem. 18, 18-23
IN diébus illis: Dixérunt ímpii Judaéi ad ínvicem: Veníte, et cogitémus contra justum cogitatiónes: non enim períbit lex a sacerdóte, neque consílium a sapiénte, nec sermo a prophéta: veníte, et percutiámus eum lingua, et non attendámus ad univérsos sermónes ejus. Atténde, Dómine, ad me, et audi vocem adversariórum meórum. Numquid rédditur pro bono malum, quia fodérunt fóveam ánimae meae ? Recordáre, quod stéterim in conspéctu tuo, ut lóquerer pro eis bonum, et avérterem indignatiónem tuam ab eis. Proptérea da fílios eórum in famem, et deduc eos in manus gládii: fiant uxóres eórum absque líberis, et víduae: et viri eárum interficiántur morte: júvenes eórum confodiántur gládio in praélio. Audiátur clamor de dómibus eórum: addúces enim super eos latrónem repénte: quia fodérunt fóveam, ut cáperent me, et láqueos abscondérunt pédibus meis. Tu autem, Dómine, scis omne consílium eórum advérsum me in mortem: ne propitiéris iniquitáti eórum, et peccátum eórum a fácie tua non deleátur. Fiant corruéntes in conspéctu tuo, in témpore furóris tui abútere eis, Dómine Deus noster.

Graduale Ps. 34, 20 et 22 Pacífice loquebántur mihi inimíci mei: et in ira molésti erant mihi. V/. Vidísti, Dómine, ne síleas: ne discédas a me.

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem. Joann. 12, 10-36
IN illo témpore: Cogitavérunt príncipes sacerdótum ut et Lázarum interfícerent: quia multi propter illum abíbant ex Judaéis, et credébant in Jesum. In crástinum autem turba multa, quae vénerat ad diem festum, cum audíssent quia venit Jesus Jerosólymam, accepérunt ramos palmárum, et processérunt óbviam ei, et clamábant: Hosánna, benedíctus qui venit in nómine Dómini, Rex Israël. Et invénit Jesus aséllum, et sedit super eum, sicut scriptum est: Noli timére, fília Sion: ecce Rex tuus venit sedens super pullum ásinae. Haec non cognovérunt discípuli ejus primum: sed quando glorificátus est Jesus, tunc recordáti sunt quia haec erant scripta de eo: et haec fecérunt ei. Testimónium ergo perhibébat turba, quae erat cum eo, quando Lázarum vocávit de monuménto, et suscitávit eum a mórtuis. Proptérea et óbviam venit ei turba: quia audiérunt eum fecísse hoc signum. Pharisaéi ergo dixérunt ad semetípsos: Vidétis quia nihil profícimus ? Ecce mundus totus post eum ábiit. Erant autem quidam gentíles ex his, qui ascénderant ut adorárent in die festo. Hi ergo accessérunt ad Philíppum, qui erat a Bethsáida Galilaéae: et rogábant eum, dicéntes: Dómine, vólumus Jesum vidére. Venit Philíppus, et dicit Andréae: Andréas rursum et Philíppus dixérunt Jesu. Jesus autem respóndit eis, dicens: Venit hora, ut clarificétur Fílius hóminis. Amen, amen dico vobis, nisi granum fruménti cadens in terram, mórtuum fúerit, ipsum solum manet: si autem mórtuum fúerit, multum fructum affert. Qui amat ánimam suam, perdet eam: et qui odit ánimam suam in hoc mundo, in vitam aetérnam custódit eam. Si quis mihi minístrat, me sequátur: et ubi sum ego, illic et miníster meus erit. Si quis mihi ministráverit, honorificábit eum Pater meus. Nunc ánima mea turbáta est. Et quid dicam ? Pater, salvífica me ex hac hora. Sed proptérea veni in horam hanc. Pater, clarífica nomen tuum. Venit ergo vox de caelo: Et clarificávi, et íterum clarificábo. Turba ergo, quae stabat et audíerat, dicébat tonítruum esse factum. Alii dicébant: Angelus ei locútus est. Respóndit Jesus, et dixit: Non propter me haec vox venit, sed propter vos. Nunc judícium est mundi, nunc princeps hujus mundi ejiciétur foras. Et ego si exaltátus fúero a terra, ómnia traham ad meípsum. (Hoc autem dicébat, signíficans qua morte esset moritúrus). Respóndit ei turba: Nos audívimus ex lege, quia Christus manet in aetérnum, et quómodo tu dicis: Opórtet exaltári Fílium hóminis ? Quis est iste Fílius hóminis ? Dixit ergo eis Jesus: Adhuc módicum lumen in vobis est. Ambuláte dum lucem habétis, ut non vos ténebrae comprehéndant: et qui ámbulat in ténebris, nescit quo vadat. Dum lucem habétis, crédite in lucem: ut fílii lucis sitis. Haec locútus est Jesus: et ábiit, et abscóndit se ab eis.

Offertorium Ps. 118, 12, 121 et 42 Benedíctus es, Dómine, doce me justificatiónes tuas: et non tradas calumniántibus me supérbis: et respondébo exprobrántibus mihi verbum.

Secreta
A CUNCTIS nos, quaésumus, Dómine, reátibus et perículis propitiátus absólve: quos tanti mystérii tríbuis esse consórtes. Per Dóminum.

Praefatio de Cruce.
Vere dignum et justum est, aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui salutem humani generis in ligno crucis constituisti: ut, unde mors oriebatur, inde vita resurgeret: et qui in ligno vincebat, in ligno quoque vinceretur, per Christum Dominum nostrum. Per quem majestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Coeli, coelorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti jubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes:

Communio Ps. 26, 12 Ne tradíderis me, Dómine, in ánimas persequéntium me: quóniam insurrexérunt in me testes iníqui, et mentíta est iníquitas sibi.

Postcommunio
DIVÍNI múneris largitáte satiáti, quaésumus, Dómine Deus noster: ut hujus semper participatióne vivámus. Per Dóminum.

Super populum: Orémus. Humiliáte cápita vestra Deo.

TUEÁTUR, quaésumus, Dómine, déxtera tua pópulum deprecántem: et purificátum dignánter erúdiat ; ut consolatióne praesénti, ad futúra bona profíciat. Per Dóminum.

jueves, 26 de marzo de 2015

VIERNES DE LA I SEMANA DE PASIÓN


VIERNES DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Conmemoración de los Dolores de Nuestra Señora
Estación en San Esteban en Monte Celio

Idea dominante de la Misa de esta Feria: Nuestra humilde suplica y nuestra penitencia obraran nuestra salvación

INTROITO     Salmo 30, 10, 16 y 18
Apiádate de mí, oh Señor, porque me veo atribulado; líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen; oh Señor, no quede yo confundido, ya que te he invocado. (S) Señor, en ti tengo puesta mi esperanza; no quede yo para siempre confundido: sálvame, pues eres justo. Apiádate…

COLECTA
Te suplicamos, Señor, que infundas benignamente tu gracia en nuestros corazones; a fin de que, refrenando nuestros pecados con asperezas voluntarias, prefiramos mortificarnos en esta vida para librarnos de los eternos castigos. Por nuestro Señor…
Conmemoración de los  Siete Dolores de Nuestra Señora.
Oh Dios, en cuya pasión fue traspasada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según se lo había profetizado ya Simeón; concédenos propicio, que cuantos veneramos su transfixión y sus dolores, consigamos por los gloriosos méritos, súplicas e intercesión de todos los santos fieles en perseverar junto a la Cruz, el efecto feliz de tu Pasión. Que vives-

EPÍSTOLA Jeremías 17,13-18.
¡Oh Señor, esperanza de Israel!, todos los que te abandonan quedarán confundidos; los que de ti se alejan, en el polvo de la tierra serán escritos, porque han abandonado al Señor, vena de aguas vivas.  Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame y seré salvo; pues que toda mi gloria eres tú.  He aquí que ellos me están diciendo: ¿Dónde está la palabra del Señor? Que se cumpla.  Mas yo no por eso me he turbado siguiendo tus huellas, ¡oh pastor mío!, pues nunca apetecí día o favor de hombre alguno; tú lo sabes. Lo que anuncié con mis labios fue siempre recto en tu presencia.
No seas, pues, para mí motivo de temor tú, ¡oh Señor, esperanza mía en el tiempo de la aflicción!  Confundidos queden los que me persiguen, no quede confundido yo; teman ellos, y no tema yo; envía sobre ellos el día de la aflicción, y castígalos con doble azote.

GRADUAL    Salmo 34, 20 y 22
Me hablaban con señales de paz mis enemigos, y en la ira me eran molestos. v/.Tú lo has visto, Señor, no calles por más tiempo y  no te apartes de mí.

TRACTO    Salmo 102,10
Señor, no nos trates según merecen nuestros pecados, ni según nuestras culpas nos castigues. v/. Señor, no te acuerdes de nuestras antiguas maldades: anticípense a favor nuestro cuanto antes tus misericordias; pues nos hallamos reducidos a extrema miseria. (Aquí se arrodilla) Ayúdanos, oh Dios salvador nuestro: y por la gloria de tu nombre, líbranos, Señor, y perdona nuestros pecados, por amor a tu nombre

EVANGELIO Juan 11,47-54.
Entonces los sumos sacerdotes y fariseos, juntaron consejo, y dijeron: ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y arruinarán nuestra ciudad y la nación.  En esto uno de ellos llamado Caifás, que era el sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no entendéis nada en esto, ni reflexionáis que os conviene el que muera un solo hombre por el bien del pueblo, y no perezca toda la nación.  Mas esto no lo dijo por iniciativa propia; sino que, como era el sumo sacerdote aquel año, sirvió de instrumento a Dios, y profetizó que Jesús había de morir por la nación,  y no solamente por la nación judaica, sino también para congregar en un cuerpo a los hijos de Dios, que estaban dispersos.  Y así desde aquel día no pensaban sino en hallar medio de hacerle morir.  Por lo que Jesús ya no se dejaba ver en público entre los judíos, antes bien se retiró a un territorio vecino al desierto, en la ciudad llamada Efrén, donde moraba con sus discípulos.

SECRETA
Concédenos, oh Dios misericordioso, que merezcamos servir siempre dignamente a tus altares y salvarnos con la continua participación en el sacrificio. Por nuestro Señor…
Conmemoración de los  Siete Dolores de Nuestra Señora.
Te ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, estas hostias y oraciones, suplicándote humildemente que los que en nuestras oraciones recordamos la transfixión del dulcísimo espíritu de tu Santa Madre María, consigamos la recompensa de los bienaventurados, por los méritos de tu muerte y por piadosísima y múltiple intercesión de tu Madre y la de todos santos que al pie de la cruz le acompañaron. Que vives y reinas.

Prefacio de Pasión o de la Santa Cruz

COMUNION    Salmo 26, 12
No me abandones a los deseos de mis perseguidores, porque han conspirado contra mi testigos inicuos, y la iniquidad inspira sus falsedades.

POSCOMUNION
No nos abandone, oh Señor, la continua protección del sacrificio recibido, y aparte siempre de nosotros todos los males. Por nuestro Señor…
Conmemoración de los  Siete Dolores de Nuestra Señora.
Haz, Señor, que los sacramentos que acabamos de recibir celebrando devotamente la transfixión de tu Madre la Virgen María, nos alcancen de tu bondad todo linaje de saludable efectos. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

SOBRE EL PUEBLO
Oremos. Humillad ante Dios vuestras cabezas
Te suplicamos, Dios todopoderoso, nos concedas que los que buscamos la gracia de tu protección, libres de todos los males, te sirvamos con entera libertad. Por nuestro Señor…
Transcripto por gentileza de Dña. Ana María Galvez

TEXTOS EN LATÍN

FERIA SEXTA POST DOMINICAM DE PASSIONE
Statio ad S. Stephanum in Caelio monte

Introitus Ps. 30, 10, 16 et 18
MISERÉRE mihi, Dómine, quóniam tríbulor: líbera me, et éripe me de mánibus inimicórum meórum, et a persequéntibus me: Dómine, non confúndar, quóniam invocávi te. Ps. ibid., 2 In te, Dómine, sperávi, non confúndar in aetérnum: in justítia tua líbera me. Miserére mihi.

Oratio
CÓRDIBUS nostris, quaésumus, Dómine, grátiam tuam benígnus infúnde: ut peccáta nostra castigatióne voluntária cohibéntes, temporáliter pótius macerémur, quam supplíciis deputémur aetérnis. Per Dóminum.
DEUS, IN CUJUS passióne, secúndum Simeónis prophetíam, dulcíssimam ánimam gloriósæ Vírginis et Matris Maríæ dolóris gládius pertransívit: concéde propítius; ut, qui transfixiónem ejus et passiónem venerándo, recólimus, gloriósis méritis et précibus ómnium Sanctórum Cruci fidéliter astántium intercedéntibus, passiónis tuæ efféctum felícem consequámur: Qui vivis.

Léctio Jeremíae Prophétae. Jerem. 17, 13-18
IN diébus illis: Dixit Jeremías: Dómine, omnes qui te derelínquunt, confundéntur: recedéntes a te, in terra scribéntur: quóniam dereliquérunt venam aquárum vivéntium Dóminum. Sana me, Dómine, et sanábor: salvum me fac, et salvus ero: quóniam laus mea tu es. Ecce ipsi dicunt ad me: Ubi est verbum Dómini ? Véniat. Et ego non sum turbátus, te pastórem sequens: et diem hóminis non desiderávi, tu scis. Quod egréssum est de lábiis meis, rectum in conspéctu tuo fuit. Non sis tu mihi formídini, spes mea tu in die afflictiónis. Confundántur, qui me persequúntur, et non confúndar ego: páveant illi, et non páveam ego. Induc super eos diem afflictiónis, et dúplici contritióne cóntere eos, Dómine Deus noster.

Graduale Ps. 34, 20 et 22 Pacífice loquebántur mihi inimíci mei: et in ira molésti erant mihi. V/. Vidísti, Dómine, ne síleas: ne discédas a me.

Tractus Ps. 102, 10 Dómine, non secúndum peccáta nostra, quae fécimus nos: neque secúndum iniquitátes nostras retríbuas nobis. V/. Ps. 78, 8-9 Dómine, ne memíneris iniquitátum nostrárum antiquárum: cito antícipent nos misericórdiae tuae, quia páuperes facti sumus nimis. (Hic genuflectitur) V/. Adjuva nos, Deus salutáris noster: et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos: et propítius esto peccátis nostris, propter nomen tuum.

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem. Joann. 11, 47-54
IN illo témpore: Collegérunt pontífices et pharisaéi concílium advérsus Jesum, et dicébant: Quid fácimus, quia hic homo multa signa facit ? Si dimíttimus eum sic, omnes credent in eum: et vénient Románi, et tollent nostrum locum, et gentem. Unus autem ex ipsis, Cáiphas nómine, cum esset póntifex anni illíus, dixit eis: Vos nescítis quidquam, nec cogitátis quia éxpedit vobis, ut unus moriátur homo pro pópulo, et non tota gens péreat. Hoc autem a semetípso non dixit: sed cum esset póntifex anni illíus, prophetávit, quod Jesus moritúrus erat pro gente, et non tantum pro gente, sed et ut fílios Dei, qui erant dispérsi, congregáret in unum. Ab illo ergo die cogitavérunt, ut interfícerent eum. Jesus ergo jam non in palam ambulábat apud Judaéos: sed ábiit in regiónem juxta desértum, in civitátem, quae dícitur Ephrem, et ibi morabátur cum discípulis suis.


Offertorium Ps. 118, 12, 121 et 42 Benedíctus es, Dómine, doce me justificatiónes tuas: et non tradas calumniántibus me supérbis: et respondébo exprobrántibus mihi verbum.

Secreta
PRAESTA nobis, miséricors Deus: ut digne tuis servíre semper altáribus mereámur ; et eórum perpétua participatióne salvári. Per Dóminum.
OFFÉRIMUS tibi preces et hóstias, Dómine, Jesu Christe, humíliter supplicántes: ut, qui Transfixiónem dulcíssimi spíritus beátæ María Matris tuæ précibus recensémus; suo suorúmque sub Cruce Sanctórum, consórtium multiplicáto piíssimo intervéntu, méritis mortis tuæ, méritum cum beátis habeámus: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.

Praefatio de Cruce.

Communio Ps. 26, 12 Ne tradíderis me, Dómine, in ánimas persequéntium me: quóniam insurrexérunt in me testes iníqui, et mentíta est iníquitas sibi.

Postcommunio
SUMPTI sacrifícii, Dómine, perpétua nos tuítio non derelínquat: et nóxia semper a nobis cuncta depéllat. Per Dóminum.
SACRIFÍCIA, quæ súmpsimus Dómine Jesu Christe, Transfixiónem Matris tuæ et Vírginis devóte celebrántes: nobis ímpetrent apud cleméntiam tuam omnis boni salutáris efféctum:  Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.

Super populum: Orémus. Humiliáte cápita vestra Deo. CONCÉDE, quaésumus, omnípotens Deus: ut, qui protectiónis tuae grátiam quaérimus, liberáti a malis ómnibus, secúra tibi mente serviámus. Per Dóminum.