sábado, 30 de agosto de 2014

XII domingo despues de Pentecostés

XII DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
(II clase, verde)
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad
Salomón es viva figura de Jesucristo, Rey de la paz y de la celestial Jerusalén, Rey sabio que dijo un día a los incrédulos Judíos:  "He aquí uno mayor que Salomón". En todos estos domingos quiere la Iglesia que leamos los escritos que el Espíritu Santo inspiró a aquel gran monarca para aprovechamiento de todos los venideros. Leamos esos libros saturados de celestial sabiduría, y escuchemos sobre todo la voz de Jesús que será siempre nuestro maestro por excelencia.
   Este Domingo insiste en la caridad. Cumpliéndola debidamente, hemos cumplido toda la Ley y no correremos peligro de desmandarnos, porque esa virtud nos atará a la divina voluntad con atadura y vínculo perfecto, de manera que se podrá decir con todas veras: "Ama, et fac quod vis".
   Cumplir la ley cristiana como Dios manda y no quedarse en su corteza es hacer lo que hizo el buen Samaritano con el pobrecito que los ladrones dejaron maltrecho a la vera del camino. Este buen Samaritano es Jesús, Jesús nuestro médico sapientísimo, cariñoso y desinteresado el cual se vistió traje de pecador, y anduvo, como nosotros, por el camino de una vida mortal buscando precisamente a los pecadores heridos por los dardos del demonio, derramando sobre nuestras llagas gangrenadas el bálsamo del consuelo y el óleo y vino de sus Sacramentos, ese óleo y ese vino de que hablan el Evangelio y la Comunión. Bendigamos, pues, al Señor en todo tiempo (Gr.), por haber extremado así sus bondades con nosotros.
Pero quiere Cristo que lo que Él hizo con todos, como buen Samaritano, lo hagamos también nosotros con nuestros semejantes, sobre todo con los miembros doloridos de Cristo que son los cristianos, máxime cuando son pobres, atribulados o pecadores. Recordemos también que el amor al prójimo ha de ser sobrenatural y así, le hemos de amar en Dios y por Díos, y la limosna que le demos, debemos dársela por Dios, como él la pide por Dios. En el cristiano, siquiera sea pobre y de exterior repugnante no debemos mirar sus harapos y la envoltura de carne magullada que aprisiona su alma preciosa, sino a un ser divinizado, como nosotros, por la gracia de Cristo.
   Hagamos también lo que hizo Moisés, figura de Jesucristo que devolvió bien por males, orando por su pueblo que tan desagradecido se había mostrado (Ofert.). Así es como podremos servir a Dios de un modo digno y merecedor de encomio, y correr por el sendero del cielo, que el Señor nos tiene prometido sin peligro de lamentables caídas (Or.).
   No miremos, pues, con indiferencia, ni menos con asco la miserias físicas y morales de nuestros hermanos, porque por tal camino tampoco nos haríamos acreedores a la compasión que de Dios necesitamos para conseguir las promesas de vida eterna hechas a los misericordiosos.
...
La oración sencilla y sublime y que constituye el Introito de esta Dominica habría de penetrar que tal suerte en lo más profundo de nuestra alma, que de ella nos sirviésemos en todas nuestras necesidades. Así consta que lo practicaban los santos que moraban en los desiertos, según lo testifican Casiano en una de sus conferencias. Sírvanos su ejemplo de modelo para acudir a Dios en todas nuestras necesidades. Orando alcanzaremos la divina gracia para servir al Señor digna y laudablemente como nos lo indica la Iglesia en la Colecta de la Santa Misa. Es tan grande la necesidad de esta gracia, que, conforme nos enseña San Pablo, sin ella no somos suficientes para tener, con solas nuestras fuerzas, ni tan sólo un buen pensamiento. Esta gracia, que constituyó a los Apóstoles ministros y propagadores de las doctrinas de Jesucristo, que los elevó a la mayor de las glorias, también se nos concederá a nosotros, si con humildad y perseverancia la pedimos.

En la parábola del caritativo Samaritano, que leemos en el Evangelio, podemos ver descrita la caridad inmensa de Jesucristo para con el linaje humano, y las cualidades que deben adornar nuestra caridad en favor del prójimo.


TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm. 69.2-4.- :Todas las Horas canónicas comienzan por el Deus In adjutorium, que abre la misa de este domingo. Era la oración incesante de los Padres del desierto.
Oh Dios!, ven en mi socorro; Señor, corre a ayudarme. Confusos y avergonzados queden mis enemigos, los que me persiguen a muerte. Salmo. Arrédrense y sean confundidos los que meditan males contra mí.  V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Colecta.- Omnipotente y misericordioso Dios, que concedes a tus fieles poder servirte digna y laudablemente; haz, te suplicamos, que corramos sin tropiezo a la consecución de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Epístola. 2 Cor. 3.4-9.- San Pablo, predicador del Evangelio, tiene conciencia de ejercer un ministerio incomparable, mucho más grande y más cercano a Dios que es el mismo Moisés. 
Hermanos: Tal es la confianza que tenemos en Dios por Cristo; no que podamos pensar algo bueno como propio nuestro, sino que nuestra suficiencia nos viene de Dios. Él nos ha hecho idóneos ministros de una nueva alianza; no de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Pues si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, fue tan glorioso que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés, por la gloria pasajera de su cara, ¿cómo no había de tenerla mayor el ministerio del Espíritu? Si el ministerio de la condenación era glorioso, mucho más glorioso será el ministerio de la justicia.
Gradual. Salm.33.2-3.- Alabaré al Señor en todo tiempo; no cesarán mis labios de alabarle. V/ En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se alegrarán.
Aleluya. Salm. 87.2.-  Aleluya, aleluya. V/. Señor, Dios de mi salvación: día y noche clamo en tu presencia. Aleluya.
Evangelio. Luc. 10-23-37.- Amar a Dios sobre las cosas y al prójimo como a nosotros mismos es el primer mandamiento de la ley. De este doble amor nos ha dejado Cristo el mayor ejemplo que se puede dar.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que  vosotros veis y no lo vieron, oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la Ley y le dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna? y él le contestó:¿Qué es lo que se halla es­crito en la Ley? ¿Qué lees en ella? Respondió él: Amarás al Señor, tu Dios, con .todo tu corazón, y toda tu alma, con todas tus fuerzas; y todo tu entendimiento; y tu prójimo como a ti mismo. Bien has respondido, dijole Jesús: haz eso, y vivirás. Mas él, queriendo jus­tificarse, preguntó de nuevo: y ¿quién es mi prójimo? Entonces Jesús, tomando la palabra- dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jeri­có y cayó en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio muerto. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote; y, aunque le vio, pasó de largo. Asimismo, un levita, y llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó también de largo. Mas llegó igualmente un viajero sama­ritano, y al verle, movióse a compasión. Y acercándose, le vendó las heridas, y echó en ellas aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó. Y al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, y cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva. ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Respondió el doctor: El que usó con él de misericordia. Dijole Jesús: Pues vete y haz tú otro tanto. CREDO.
Ofertorio. Ex. 32.11,13,14.- Oró Moisés al Señor, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Señor, te irritas contra tu pue­blo? Apláquese tu ira; acuér­date de Abraham, de Isaac y de Jacob, a los que juraste da­rías tierra que fluyera leche y miel, y se aplacó el Señor, y no ejecutó el castigo con que había amenazado a su pueblo.
Secreta.- Te rogamos, Señor, mires propicio los presentes que ofrecemos en los sagrados altares, para que, consiguiéndonos el perdón, rindan honor a tu santo nombre. Por nuestro Señor.
Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino -en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la pro­piedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Salm. 103.13.14.- Del fruto de tus obras, Señor, se sacia la tierra. Tú haces producir a la tierra el pan, el vino que alegra e] corazón del hombre, el aceite que ilumina los rostros. y el pan que fortalece el corazón del hombre.
Poscomunión.- Te suplicamos, Señor, nos dé una nueva vida la participación de este santo misterio, y nos sirva de expia­ción al propio tiempo que de fortaleza. Por nuestro Se­ñor Jesucristo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Común de Santa María Virgen. Visperas Cantadas. Folleto Bilingüe. (Fiesta de Santa María Reina -31 de mayo-) (Inmaculado Corazón de María -22 de agosto-)

XI domingo después de Pentecostés


XI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

Con la oposición entre el árbol bueno y el árbol malo, entre los hijos del mundo y los hijos de la luz, entre el hombre carnal y el hombre espiritual, entre el fariseo y el publicano, la Iglesia ha querido inculcarnos el verdadero sentido de la vida cristiana. Hoy quiere que nos detengamos a considerar en sí misma esa vida que recibimos en el Bautismo. Quiere invitarnos a renovar nuestras promesas bautismales. El Evangelio nos coloca en los últimos tiempos de la predicación de Jesús en Galilea. En él se nos cuenta el milagro del sordomudo. Debemos al suave y prodigioso contacto de las manos del Salvador el haber sido curados. Así lo experimentamos el día de nuestro Bautismo, cuando "nos condujo a habitar en una misma casa" (Introito). Por eso cantamos, rebosantes de gratitud: "Alabad a Dios, que es nuestro ayudador; celebrad al Dios de Jacob" (Aleluya). Si desde el día en que Cristo nos dijo también a nosotros: "Effeta", se ha enfriado nuestra fe, volvamos a vivirla con el recuerdo de las apariciones del Resucitado (Epístola); y si nos atemoriza el recuerdo de nuestras flaquezas, pensemos que la abundancia de la piedad divina excede nuestros méritos y nuestras súplicas, y multiplicará la misericordia para perdonar lo que teme la conciencia y para añadir lo que la oración no se atreve a pedir.
...
El milagro obrado por Jesús en favor del sordomudo que hace mención el Evangelio, expresa admirablemente el estado en que se hallaban los hombres antes de la predicación evangélica.  Las criaturas daban voces para proclamar la existencia de Dios, y el hombre, sordo a tales insinuaciones, no sabía levantar su mente para reconocerle y confesarle. Fue necesario que Jesucristo, con sus milagros y con su doctrina, iluminase las inteligencias humanas. Aquel memorable Ehpheta, “Abrete”, que pronunció Jesús, era en la Iglesia primitiva, y sigue siendo ahora, la vieja imagen que las gracias, así de la primera como de las demás que abren nuestro entendimiento, voluntad y sentidos para lo sobrenatural.

El resumen que nos presenta el Epístola de los principales misterios de nuestra religión, nos da una idea exacta de las excelencias que el Redentor, de su divinidad y de la bondad infinita que ha tenido para con los hombres. El Introito de la Misa expresa perfectamente los sentimientos de un corazón animado de una fe viva en este divino Salvador y lleno de una santa confianza en su voluntad y omnipotencia.

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm. 67.6-7,36,2.- Dios mora en su santa casa; a los desvalidos da un hogar y a su pueblo, fuerza y poder.  Salmo.- Levántese Dios y desaparezcan sus enemigos; y huyan de su presencia los que le odian. V/. Gloria a Padre, y al Hijo.
Colecta.-  No habrá quizá oración tan hermosa como ésta ante el abismo insondable de la bondad divina, a la que implora y a la que nos hace contemplar al mismo tiempo.
Omnipotente y eterno Dios, cuya infinita bondad rebasa los méritos y aun los deseos de los suplicantes; derrama sobre nosotros tu mi­sericordia, y perdona lo que nuestra conciencia teme, dándonos aun lo que no osamos pedirte. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola. 1 Cor. 15.1-10.-  En el pensamiento de san Pablo todo se apoya en la resurrección de Cristo. Si no ha resucitado, su obra cae por tierra: si ha resucitado, con él resucitaremos todos nosotros.
Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os he predicado, que vosotros habéis recibido, en el cual estáis firmes, y por el que os salváis, si lo conserváis cual os lo he anunciado, porque, de otra suerte, en vano habríais creído. En primer lugar, os he enseñado lo mismo que yo aprendí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, y que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los once. Luego se dejó ver de más de quinientos hermanos a la vez; muchos de los cuales viven aún, aunque otros ya murieron. Después se dejó ver de Santiago, luego de los apóstoles todos; finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un abortivo. Pues yo soy el menor de los apóstoles, que ni merezco ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido estéril en mi.
Gradual. Salm. 27.7.1-  En Dios esperó mi corazón, y fui socorrido, y refloreció mi carne, y con todo mi corazón le alabaré. V/ .A ti, Señor, clamo; Dios mío, no te hagas sordo a mis ruegos ni te alejes de mi.
Aleluya. Salm.80.2-3.- Aleluya, aleluya. V/ Alabad a Dios, que es nuestra ayuda, celebrad al Dios de Jacob; cantad con el arpa y la citara. Aleluya.
Evangelio. Marc. 7.31-37.- La curación del sordomudo es la historia de las misericordias divinas para con cada uno de nosotros. Todas se resumen en el  bautismo que ha abierto nuestros espíritus y nuestros corazones a las cosas de Dios.
En aquel tiempo: Saliendo Jesús de tierras de Tiro, se fue por Sidón hacia el mar de Galilea, atravesando por mitad de la Decápolis. Y le trajeron un sordomudo, suplicándole pusiese la mano sobre él para curarle. Y apartándole del tropel de la gente, metió los dedos en sus oídos y con la saliva le tocó la lengua; y alzando los ojos al cielo, suspiró y díjole: ¡Éfeta!, que quiere decir abríos. Y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de su lengua, y hablaba correctamente. Y les mandó que a nadie lo dijesen. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo divulgaban, y más crecía su pasmo; y decían: Todo lo ha hecho bien: ha hecho oír a los sordos, y hablar a los mudos.
Ofertorio. Salm.29.2-3.-  Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has dejado se rían de mí mis enemigos; Señor, he clamado a ti y me has sanado.
Secreta.-  Te suplicamos, Señor, mires propicio el sacrificio que nosotros, tus siervos, te ofrecemos, para que te sea grato y sostenga nuestra fragilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y  justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente  y eterno Dios, que con tu  unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un sólo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino .en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Prov. 3.9-10.- Honra al Señor con todo tu haber y con las primicias de tus frutos; y se llenarán tus trojes de grano y tus lagares rebosarán de vino.
Poscomunión.- Te rogamos, Señor, que experimentemos en el alma y en el cuerpo el refuerzo de tu sacramento, para que, salvados ambos, nos gloriemos con la plenitud del remedio celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.

Guía de los fieles para la Santa Misa Votiva Cantada de los Primeros sábados al Inmaculado Corazón de Maria

Misalito Misa Votiva Del Inmaculado Corazon de Maria

Inmaculado Corazon de Maria. 22 de agosto y misas votivas. Folleto PDF bilingüe

Inmaculado Corazón de María. 22 de agosto.


22 de agosto
Inmaculado Corazón de  María
II clase, blanco
Primeros sábados mes, votiva de III clase

Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. Al venerar el Inmaculado Corazón de María, reverenciamos no sólo el corazón físico, real, de nuestra Santísima Madre, sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Honramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás. Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la alabamos por la santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de María; por eso hemos de acudir a María diciendo: "¡Llévanos a Jesús de tu mano! ¡Llévanos, Reina y Madre, hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, sed la salvación mía!"

INTROITO Hbr 4,16. Sal 44,2 

ADEAMUS CUM FIDUCIA ad thronum gratiae ut misericordiam consequamur, et gratiam inveniamus in auxilio opportuno.  V/. Eructavit cor meum verbum bonum: dico ego opera mea Regi. V/. Gloria Patri.  Adeamus
ACUDAMOS CONFIADOS al trono de la gracia a fin de alcanzar misericordia y encontrar la gracia de una oportuna protección. Mi corazón exulta en un poema bello, recito mis versos al Rey. Gloria al Padre. Acudamos.









ORACIÓN
Omnípotens sempitérne Deus, qui in Corde beátæ Maríæ Vírginis dignum Spíritus Sancti habitáculum preparásti: concéde propítius; ut ejúsdem immaculáti Cordis festivitátem devóta mente recoléntes secúndum Cor tuum vívere valeámus. Per Dóminum nóstrum.
Oh Dios, Tú que has preparado en el Corazón de la Virgen María una digna morada al Espíritu Santo, concédenos en tu bondad que celebrando devotamente la festividad de su Inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo. Por nuestro Señor Jesucristo.

EPISTOLA  Eclo. 24,23-31
LÉCTIO LIBRI SAPIENTIAE    

Ego quasi vitis fructificávi suavitátem odóris: et flores mei, fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis, et timóris, et agnitiónis, et sanctæ spei. In me grátia omnes viæ et veritátis: in me omnes spes vitæ et virtútis. Transíte ad me omnes qui concupíscitis me, et a generatiónibus meis implémini. Spíritus enim meus super mel dulcis, et heréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatiónes sæculórum. Qui edunt me adhuc esúrient: et qui bibunt me adhuc sítient. Qui audit me, non confundétur: et qui operántur in me, non peccábunt. Qui elúcidant me, vitam ætérnum habébunt.
LECTURA DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA.
HE DADO, como la vid, graciosos retoños y mis flores han dado frutos de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor puro, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. En mí se halla toda la gracia de la doctrina y de la verdad, toda la esperanza de la vida y de la virtud. Venid a mí los que deseáis y hartaos de mis frutos, porque pensar en mí es más dulce que la miel y poseerme, más que el panal de miel. Mi memoria vivirá de generación en generación. Los que me coman tendrán aún hambre, y quienes me beban tendrán aún sed. El que me escucha no sufrirá decepción y los que obran por mí, no pecarán. Los que me dan a conocer, tendrán la vida eterna.


GRADUAL Sal 12,6; 44,18
Durante el tiempo después de Pentecostés hasta septuagésima se canta el gradual y el aleluya
MI CORAZÓN exulta por tu salvación: cantaré al Señor por los bienes que me ha dado: y alabaré el nombre del Altísimo. V/. Recordarán tu nombre de generación en generación; te alabarán eternamente los pueblos. 

ALELUYA. ALELUYA. V/. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador. Aleluya.
EXSULTAVIT COR meum in salutari tuo: cantabo Domino, qui bona tribuit mihi: et psallam nomini Domini altissimi. V/. Memores erunt nominis tui in omni generatione et generationem: propterea populi confitebuntur tibi in aeternum.
ALLELUJA, ALLELUJA. V/.  Luc. 1, 46  Magníficat ánima mea Dómino: et exsultávit spíritus meus in Deo salutári meo. Allelúja.

TRACTO Prov. 8, 32-35.
En septuagésima se omite el alleluia, y se canta el tracto:
NUNC ERGO, fílii, audíte me: Beáti, qui custódiunt vias meas. V/. Audíte disciplínam, et estóte sapiéntes, et nolíte abjícere eam. V/..Beátus homo, qui audit me, et qui vígilat ad fores meas quotídie, et obsérvat ad postes óstii mei. V/. Qui me invénerit, invéniet vitam, et háuriet salútem a Dómino.
AHORA HIJOS míos, escuchadme. Dichosos los que guardan mis caminos. Escuchas mis instrucciones para ser cuerdos y no queráis rechazarlas. Dichoso el hombre que me oye y vela a mis puertas diariamente, y está de acecho en los postigos de mi puerta. Quien me halle, ha hallado la vida y alcanza la protección del Señor.

ALELUYA PASCUAL Lc 1, 46
Durante el tiempo de pascua se dice el doble aleluya:
ALLELÚIA, allelúia. V/. Magníficat ánima mea Dómino: et exsultávit spíritus meus in Deo salutári meo. Allelúja. V/. Beátam me dicent omnes generatiónes, quia ancíllam húmilem respéxit Deus. Allelúja.

ALELUYA, aleluya. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador. Aleluya. Me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque Dios ha puesto sus ojos en su humilde esclava. Aleluya.

EVANGELIO Jn 19, 26-27
SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM IOANNEM                          
In illo témpore: Stabant juxta crucem Jesu mater ejus, et soror matris ejus María Cléophæ, et María Magdaléne. Cum vidísset ergo Jesus matrem, et discípulum stantem, quem diligébat, dicit matri suæ: «Múlier, ecce fílius tuus.» Deínde dicit discípulo: «Ecce mater tua.» Et ex ílla hora accépit eam discípulus in sua.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
En aquel tiempo: Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Viendo pues Jesús a su madre y junto a ella al discípulo amado, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.


OFERTORIO Lc 1, 47.49
EXSULTÁVIT SPÍRITUS meus in Deo salutári meo; quia fecit mihi magna qui potens est, et sanctum nomen ejus.
MI ESPÍRITU se regocija en Dios, mi Salvador, porque ha hecho por mí grandes cosas el Poderoso. Su nombre es santo.


SECRETA
MAJESTÁTI TUÆ, Dómine, Agnum immaculátum offerentes, quǽsumus: ut corda nostra ignis ille divínus accéndat, qui Cor beátæ Maríæ Vírginis ineffabíliter inflammávit. Per eundem Dóminum nóstrum Iesum Chrístum.
AL OFRECER, Señor, a tu divina majestad el Cordero inmaculado, te pedimos que inflame nuestro corazón aquel divino amor que abrasó de un modo inefable el Corazón de la Santísima Virgen. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

PREFACIO DE LA VIRGEN MARÍA
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Et te in veneratione beátæ Maríæ semper Vírginis collaudáre, benedícere, et predicáre. Quæ et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et virginitátis glória permanénte lumen ætérnum mundo effúdit, Jesum Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable que en todo tiempo y lugar demos gracias, Señor Santo, Padre omnipotente, Dios eterno y alabarte y bendecirte y glorificarte en la veneración de la bienaventurada siempre Virgen María que concibió a tu Unigénito Hijo por obra del Espíritu Santo y permaneciendo intacta la gloria de su virginidad dio al mundo la luz eterna, Jesucristo Nuestro Señor. Por quien los Ángeles alaban a tu majestad, las dominaciones la adoran, tiemblan las potestades, los cielos y las virtudes de los cielos, y los bienaventurados serafines la celebran con igual júbilo. Te rogamos que con sus alabanzas recibas también las nuestras cuando te decimos con humilde confesión:

ANTÍFONA DE COMUNIÓN    Jn 19,26-27
DIXIT JESUS matri suæ: «Múlier, ecce fílius tuus.» Deínde dicit discípulo: «Ecce mater tua.» Et ex ílla hora accépit eam discípulus in sua.
DIJO JESÚS a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

ORACIÓN POSTCOMUNIÓN
Divinis refécti munéribus te, Dómine, supplíciter exorámus: ut beátæ Maríæ semper Vírginis intercessióne, cujus immaculáti Cordis solémnia venerándo égimus, a præséntibus perículis liberáti, ætérnæ vitæ gáudia consequámur. Per Dóminum nóstrum.
Confortados con tus divinos dones te suplicamos, Señor, encarecidamente que, por la intercesión de la bienaventurada Virgen María, de cuyo inmaculado Corazón hemos celebrado piadosamente la festividad, libres de los peligros de la vida presente, consigamos los gozos de la eterna. Por nuestro Señor Jesucristo

sábado, 16 de agosto de 2014

X domingo después de Pentecostés

X DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

Hay humildades de que Dios nos libre -decía Santa Teresa-, porque tan sólo tienen de tales el disfraz, ocultando bajo la máscara un orgullo refinado.
Pues el domingo de hoy en su liturgia nos enseña a distinguir la humildad postiza de la que es auténtica y verdadera. Ésta consiste en atribuir al Espíritu Santo y no a nosotros mismos nuestra santidad, ya que los actos del hombre, si llegan a ser sobrenaturales y a valer algo en orden a la vida eterna, es merced a la gracia del Espíritu Santo, que desde el día de Pentecostés sigue obrando la santidad en la tierra, en aquellos que no le desechan, ni le contristan, ni le extinguen, según la gráfica expresión del Apóstol.
ero sucede que la primera disposición del alma para que en ella obre libre y eficazmente ese divino Espíritu Santo y santificador, es la humildad, es encontrarla vacía, porque si la encuentra llena de sí misma, no hay lugar para Él, y se queda afuera, si bien junto a sus puertas para llamar a ellas a menudo, mediante sus santas inspiraciones. Además, la primera condición para conseguir el perdón de los pecados es la humildad, que reconoce la propia miseria y pide a Dios limpie al alma con su gracia.
En esta semana tenemos en el Breviario varios tipos de humildes y de orgullosos. Humilde fue el profeta Elías, y humilde el niño Joás, contrastando sus figuras con las de la impía Jezabel, la de Acab y la de su hija, la infame Atalla, tipos todos ellos repugnantes por su misma arrogancia.
Vemos a Joás humillado y después ensalzado por Dios. Pero este fenómeno, tan frecuente, está aún mejor retratado en el Evangelio del día. No hay cosa que más asquee a Dios que la soberbia. y sobre todo la soberbia redomada del fariseo, al cual ni sus mismas obras buenas le aprovechan, toda vez que las convierte en ponzoña, a causa de su dañada intención de lucir y aparentar ante el mundo.
Hay dos clases de hombres, dice Pascal: los pecadores que se tienen por culpables de todo, y los pecadores que nada de reprensible encuentran en sí. Pero, a la corta o a la larga, Dios humillará a éstos y ensalzará a aquellos; porque es ley que jamás deja de cumplirse: el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado (Ev.).
Verdad que Dios es indulgente, y que amenaza más de lo que suele castigar. imitando en esto a las madres; pero sepamos que " Dios no es burlado ". y que se han dado ya muchos castigos y pavorosos escarmientos.
Aprendamos, pues, a ser mansos y humildes de corazón. Ésta es la gran, casi la única lección que quiso Jesús aprendiésemos de Él. No nos dijo: Aprended a crear mundos, como Yo los creé, o a resucitar muertos y obrar estupendos milagros. En nada de eso quiso le imitásemos, sino en la mansedumbre y humildad, pero humildad de corazón, que no consiste en fingimientos ni en melindrosos encogimientos, sino en la verdad, porque la humildad es verdad (Sta. Teresa), ya que nos convence de lo poco que somos y de cómo seríamos todavía peores si el Señor misericordioso no nos tuviera siempre de su mano.
Guardemos en nuestra imaginación, profundamente grabada, la lección de humildad que se desprende de la parábola del Fariseo y el Publicano.
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La virtud más necesaria al cristiano, la más agradable a Dios, la que atrae las bendiciones del cielo, es sin duda la humildad. En la Misa de hoy se nos recomienda en gran manera esa virtud. En la parábola del Evangelio, que nos describe el orgullo del fariseo y la humildad del republicano, ¿quién no conoce qué designios del Señor al proponerla fue para enseñarnos que sin la humildad no es posible la justicia, ni virtud cristiana alguna?
La Epístola es como el preludio razonado de esta parábola. San Pablo recuerda a los fieles de Corinto el lastimoso estado en que estaban antes de su conversión. Las gracias que actualmente poseían nos debían engreírlos, pues eran puros dones del Espíritu Santo.

El Introito está íntimamente relacionado con esta virtud. Nos inspira una humilde confianza en la bondad de Dios, quien es a un tiempo nuestro Creador, nuestro Padre y Redentor.  

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Salm. 54,17-23,2-3.- Yo llamo al Señor, y él oye mi voz; me libra de los que marchan contra mí; él, que reina desde toda la eternidad, los humilla. Pon tu suerte en las manos del Señor; él te sustentará.  Salmo.- Da oídos, Señor, a mis ruegos y no te escondas ante mis plegarias; atiéndeme y escúchame. V/ Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Colecta.- Puesto que Dios pone todo su poder al servicio de su misericordia, podemos nosotros ir fácilmente a él a pesar de nuestras faltas, y sostenidos por la esperanza, correr sin temor hacia la realización de sus promesas.
Oh Dios!, que haces brillar sobre todo tu omnipotencia por el perdón y la clemencia, multiplica sobre nosotros tu gracia; para que, corriendo tras de tus promesas, nos hagas participar de los bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo.

Epístola. I Cor. 12.2-11.- La diversidad de los dones espirituales la concede Dios, en vista del bien de todos. Son también otras tantas manifestaciones del Espíritu Santo en la Iglesia.
Hermanos: Bien sabéis que cuando erais paganos, marchabais sin reflexionar tras de los ídolos mudos. Ahora, pues, yo os declaro: nadie que hable inspirado de Dios maldice de Jesús y nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por moción del Espíritu Santo. Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas es el mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un solo Señor; diversidad de opera­ciones, mas el mismo Dios obra todo en todos. La manifestación del Espíritu se da a cada cual con miras al bien común. Así uno recibe del Espíritu una palabra de sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu una palabra de ciencia; a éste le da el mismo Espíritu fe; al otro, el don de curación por el mismo Espíritu; a quién, el don de hacer milagros; a quién, la profecía; a éste, discreción de espíritus; a uno, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretación. Mas todo esto lo obra el mismo y único Espíritu, repartiéndolo a cada cual según le place.

Gradual. Salm. 16.8,2, Guárdame, Señor, como a la niña de tus ojos: al abrigo de tus alas ampárame. V/ Tu boca falle en mi favor y vean tus ojos mi rectitud.

Aleluya. Salm. 64.2.- Aleluya, aleluya. V/ A ti, ioh Dios!, se deben himnos de alabanza en Sión, y a ti se ofrecerán votos en Jerusalén. Aleluya.

Evangelio. Luc.18.9-14.- La humildad atrae la benevolencia divina; ella es familiar a los santos, los cuales viven en un espíritu de dependencia total y constante con respecto a Dios. La soberbia, por el contrario, desligándonos de Dios, nos deja privados de su auxilio.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos y despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo para orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Dios!, gracias te doy porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; o como este publicano. Ayuno dos veces por semana; pago los diezmos de cuanto poseo. El publicano, puesto allá lejos, ni se atrevía a levantar los ojos al cielo; se golpeaba el pecho diciendo: ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Os digo que éste volvió justificado a su casa, mas no el otro; porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. CREDO.

Ofertorio. Salm. 24.1-3.-
A ti, Señor, levanto mi espíritu; en ti, Dios mío, busco mi refugio, no quede avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; nadie que espere en ti será con­fundido.

Secreta.- A ti, Señor, se debe rendir el tributo de estos sacrificios; tu eres también el que nos permites ofrecerlos en tu honor y también para nuestra propia curación, Por nuestro Señor.

Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Arcángeles, los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...

Comunión. Salm. 50.21.- Aceptarás, Señor, los sacrificios santos, el holocausto y la oblación perfecta sobre tu altar.

Poscomunión.- Te rogamos, Señor y Dios nuestro, no prives de tus auxilios a los que te dignas, be­nigno, reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro.

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COMENTARIO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA   SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA
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