martes, 1 de noviembre de 2011

Conmemoración de todos los fieles difuntos (segunda misa)


TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Esd 2, 34-35.-  Dales Señor el descanso eterno y la luz perpetua brille para ellos. Ps. Para Ti, oh Dios se canta un himno en Sion y para Ti entregan ofrendas en Jerusalén; escucha mi oración, a ti vendrá todo lo que está vivo.

Colecta.- Señor, Dios del perdón, concede a las almas de tus siervos y siervas la morada de la paz, el reposo de la bienventuranza y el esplendor de tu luz. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Epístola.- 2 Mac 12, 43-46.- En aquellos días, el valiente Judas, después de haber recolectado entre sus hombres unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. El realizó este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la resurrección, porque si no hubiera esperado que los caídos en la batalla iban a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos. Además, él tenía presente la magnífica recompensa que está reservada a los que mueren piadosamente, y este es un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó ofrecer el sacrificio de expiación por los muertos, para que fueran librados de sus pecados.

Gradual. 4 Esdr2, 34-35  Dales, Señor, el descnaso eterno y brille para ellos la luz perpetua. . La memoria del justo será eterna y no temerá un renombre funesto.

Tracto.- Absuelve, Señor, las almas de los fieles difuntos de los lazos de sus pecados. . Ayúdales tu gracia para que puedan escapar a la sentencia de condenación y gozar eternamente la dicha de vivir en tu luz.

Secuencia.- (se puede omitir)  Este himno latino del siglo XIII fue compuesto por el amigo de san Francisco de Asís: Tomás de Celano (1200-1260). Describe el día del juicio, con la última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino, y en el que el alma suplica la misericordia divina recordando al Señor su pasión redentora y su benevolencia con los pecadores.

1.      Oh día de ira aquel en que el mundo se disolverá, como lo atestiguan David  y Sibila!
2.      Cuán grande será el terror  cuando el juez venga  a juzgarlo todo con  rigor.
3.      La trompeta, al esparcir su atronador sonido por la región de los  sepulcros, reunirá a  todos ante el trono.
4.      La muerte se asombrará, y la naturaleza, cuando resucite lo creado, responderá ante el Juez.
5.      Se abrirá el libro en el que está escrito todo aquello por lo que el mundo será juzgado.
6.      Entonces el Juez tomará asiento. Cuanto estaba oculto será revelado, nada quedará oculto.
7.      ¿Qué diré yo, miserable? ¿A qué abogado acudiré cuando aun el justo apenas está seguro?
8.      ¡Oh Rey de  terrible majestad, que a los que salvas, salvas gratis! ¡Sálvame, fuente de piedad!
9.      Acuérdate, piadoso  Jesús, de que por mí has venido al mundo; No me  pierdas en aquel día.
10.  Al buscarme, te sentaste fatigado, me redimiste padeciendo en la cruz. ¡Qué no se pierda tanto trabajo!
11.  Oh justo juez de las venganzas,  concédeme el perdón en el día en que pidas cuentas.
12.  Gimo como reo, la culpa ruboriza mi cara. Perdona, Señor a quien te lo suplica.
13.  Tú que perdonaste a María (Magdalena), y escuchaste al ladrón y a mí mismo me diste la esperanza.
14.  Mis plegarias no son dignas; pero Tú, buen Señor, muéstrate benigno, para que yo no arda en el  fuego.
15.  Dame un lugar entre tus ovejas y apártame del infierno, colocándome a tu diestra.
16.  Arrojados los malditos a las terribles llamas, convócame con tus elegidos.
17.  Te ruego, suplicante y anonadado, con el corazón contrito como el polvo, que me cuides en mi hora final.
18.  ¡Oh día de lágrimas, aquel en el que resurgirá del polvo el hombre para ser juzgado como reo!
19.  A él/ella perdónale oh Dios. Piadoso Señor Jesús: dales el descanso eterno. Amén

Evangelio. Jn 6, 37-40.- En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré,  porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.  La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».

Ofertorio. Señor, Jesucristo, Rey de gloria, liberad las almas de los fieles difuntos de las llamas del Infierno y del Abismo sin fondo: liberadlos de la boca del león para que el abismo horrible no los engulla y no caigan en los lazos de las tinieblas. 'Que san Miguel, portador del estándar-te, los introduzca en la santa luz; como le prometiste a Abrahán y a su descendencia. Súplicas y alabanzas, Señor, te ofrecemos en sacrificio. Acéptalas en nombre de las almas en cuya memoria hoy las hacemos. Hazlas pasar, Señor, de la muerte a la vida, como antaño pro-metiste a Abraham y a su descendencia''.

Secreta.- Muéstrate propicio, oh Señor, a las súplicas que te dirigimos por las almas de tus siervos y siervas, por quienes te ofrecemos este sacrificio de alabanza, a fin de que te dignes introducirlas en la sociedad de tus santos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de difuntos.- En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo. Por eso, con los ángeles y arcángeles, con los tronos y dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Comunión.- Brille, Señor, para ellos la luz eterna con tus santos para siempre, porque eres piadoso. V/. Dales Señor el descanso eternos y brille para ellos la luz perpetua; con tus santos para siempre porque eres piadoso.

Poscomunión. Haz, Señor, te rogamos, que las almas de tus siervos y tus siervas, purificadas con este sacrificio, alcancen a la vez el perdón y el descanso eterno. Por Nuestro Señor Jesucristo.