sábado, 3 de junio de 2017

Domingo de Pentecostés

DOMINGO DE PENTECOSTÉS 
I CLASE, ROJO
Gloria, Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes y hanc igitur propio.
En el Veni Sancte Spiritus del Aleluya, todos se arrodillan.
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar
Estación en San Pedro

Los profetas ya habían anunciado para los tiempos mesiánicos el don del Espíritu.  El envío del Espíritu Santo sobre los apóstoles abre la nueva era. La Iglesia está fundada y se le da el Espíritu de Cristo para que «renueve la faz de la tierra». 
El relato de los Hechos recuerda los acontecimientos del día de Pentecostés: la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y los fenómenos que la acompañan; en particular, el milagro de las lenguas, símbolo de la misión universal de los apóstoles.
Todas las naciones son llamadas a oír la proclamación de la Buena Nueva.
A esta presencia del Espíritu, que inspira y dirige a la Iglesia en su misión de predicar el evangelio hasta en los confines de la tierra, se añade otra presencia más íntima y más personal, que hace de los discípulos hombres nuevos, transformados en su mismo ser. La se­cuencia de la misa y el himno de vísperas describen y piden esta acción penetrante del Espíritu Santo en los corazones de los fieles. Y esta doble acción del Espíritu Santo, en la Iglesia y en las almas de los creyentes, es la que mostrarán durante toda la octava las lecturas del libro de los Hechos.
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Domingo de Pentecostés, día solemnísimo, en el que la Iglesia celebra uno de los mayores beneficios que Dios hizo al hombre: el don del Espíritu Santo. La liturgia sagrada es, durante toda esta semana, principalmente en la Misa, de lo más tierno y a la vez sublime que pueda concebirse. Llena la Iglesia de gratitud, va a pagar el tributo augusto de su reconocimiento, ofreciendo la Víctima sagrada que nos ha merecido don tan grande con su inmolación. Ya en el introito lo canta con singular entusiasmo y con sublimes melodías. Son palabras del libro de la Sabiduría, cuyo oráculo tiene hoy su cumplimiento.
El Espíritu del Señor llenó el orbe de la tierra, aleluya, y el que contiene todas las cosas posee y comunica la ciencia del lenguaje, aleluya Jesucristo lo había prometido a sus apóstoles; hoy en el Cenáculo vieron cumplida su palabra. Los corazones de los fieles fueron en este día enseñados con las ilustraciones del Espíritu divino. La Iglesia al proclamarlo agradecida en la Oración, a la vez que pide para todos sus hijos este precioso don, nos enseña los efectos propios de este Espíritu en el alma: enseñarnos a conocer y estimar las cosas rectas y santas, recta sapere, y darnos consuelo, fortaleza y aliento para ponerlas en práctica et de eius semper consolatione gaudere.
La Epístola no es más que una relación histórica que este conmovedor suceso, tal  como nos lo cuenta el libro de los Hechos apostólicos. Después de pedir que el Espíritu, autor de esta nueva creación y renovación espiritual de la tierra, llene los corazones de los fieles y los inflame en su amor, entona la Iglesia la preciosa Secuencia canuto de entusiasmo y a la vez que inefable ternura, composición atribuida al Papa Inocencio III, de fines del siglo XII, llamando al Espíritu Santo con los más dulces títulos que a la vez que nos demuestran la necesidad que de su venida tenemos, nos hacen desearlo con todo el fervor de nuestros corazones. ¡Luz del cielo; padre de los pobres, dador de todo bien; lumbre del corazón; el mejor consuelo; dulce huésped; refrigerio; descanso; todo lo es para el alma el divino Espíritu!  El lava las sordideces del pecado, riega la aridez, calienta la frialdad, dirige lo desviado. Todo esto lo hace con los siete dones que dan al alma  en el mérito de la virtud, la seguridad de la salvación y el perenne gozo de la gloria.
El Evangelio nos hace ver cómo el Espíritu Santo es don del amor de Dios al hombre y causa en el hombre que su amor a Dios, y como su venida al alma infunden la paz y la tranquilidad, la alegría espiritual y nos hace entender cuánto Jesucristo nos ha enseñado. Esto nos ha de mover a desear y decidir este divino don (Ofertorio y oraciones Secreta y Poscomunión), y procurar que permanezca para siempre en nuestras almas, las cuales aunque de su suyo áridas e incapaces de fructificar, serán fecundadas y dispuestas para todo bien con el rocío de la gracia del divino Espíritu.


TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Sab.1,7.- El Espíritu del Señor llenó toda la tierra, aleluya, y él, que todo lo abarca, sabe cuanto se dice, aleluya, aleluya, aleluya. Salmo. Que se levante Dios  y se dispersen sus enemigos, huyan de su presencia los que le odian. V/. Gloria al Padre.

Oración .- Oh Dios, que hoy has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo. Haznos dóciles a tu Espíritu, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

Epístola. Hech.2.1-11.- Llegó el día de Pentecostés y estaban todos los discípulos reunidos en un mismo sitio; de pronto vino del cielo un ruido, como de un viento recio, que llenó toda la casa donde estaban. Y vieron aparecer unas lenguas como de fuego que se repartían posándose encima de cada uno. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les concedía expresarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos, oriundos de toda nación  que hay bajo el cielo; al correrse la voz, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno oía hablar en su propio idioma. Fuera de sí por la sorpresa decían: Pero ¿no son galileos todos esos que están hablando? Entonces ¿cómo es que cada uno les oímos hablar nuestra propia lengua nativa? Partos,  medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, zona de Libia fronteriza de Cirene, romanos residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes les estamos oyendo hablar en nuestras lenguas de las maravillas de Dios.

Aleluya. Salm 103.30.-  Aleluya.  Envía tu Espíritu, y créalos, y repuebla la faz de la tierra.
Se hace genuflexión al decir las palabras siguientes. Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles,  enciende en ellos la llama  de tu  amor.

Secuencia. Venid, Espíritu Santo,  y enviad desde el cielo un rayo de vuestra luz. Venid, Padre de los pobres; venid, dador de todo don; venid, luz de los corazones. Vos sois el mejor Consolador, el dul­ce huésped de nuestra alma y su dulce refrigerio. Sois descanso en el trabajo, alivio en la aflicción y con­suelo en el llanto. ¡Oh felicísima luz, llenad lo más íntimo del alma de vuestros fieles. Sin vuestra inspiración no hay nada en el hombre; nada que sea bueno y recto. Lavad lo que está manchado, regad lo que está árido, curad lo que está enfermo. Doblegad lo que es rígido, enfervorizad lo que está frío, dirigid lo que está descarriado.  Dad a vuestros fieles, que en vos confían, vuestros siete dones. Dadles el mérito de la virtud, dadles el buen éxito de la salvación, dadles el gozo eterno. Amén. Aleluya.

Evangelio. Juan 14.23-31.- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: El que me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en Él. El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora, que estoy a vuestro lado.; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando  todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy, y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre; porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.

Ofertorio. Salm. 67.29-30.- Confirma, ¡oh Dios!, lo que has hecho en nosotros. A tu templo, de Jesuralén traerán su tributo, aleluya.

Secreta.- Santifica, Señor, nuestras ofrendas, y, por la luz del Espíritu Santo, purifica nuestros corazones.

Prefacio del Espíritu Santo.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor: Que después de subir al Cielo, donde está sentado a tu derecha, ha derramado (en este día) sobre tus hijos adoptivos el Espíritu Santo que había prometido. Por eso con esta infusión de gozo el mundo entero desborda de alegría, y también los coros celestiales, los Ángeles y los Arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo

Infra-Acción.- Unidos en caridad y celebrando el día sacratísimo de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se apareció a los Apóstoles en forma de innumerables lenguas de fuego;  y venerando también, en primer lugar, la memoria de Jesucristo nuestro Dios y Señor        

Comunión. Act. 2.2,4.- De pronto vino del cielo un ruido, como de viento recio , que llenó toda la casa donde estaban, aleluya; todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenza­ron a proclamar las maravillas de Dios, aleluya, aleluya.

Poscomunión.- Tu Espíritu Santo, Señor, descienda sobre nosotros, purifique nuestros corazones y, con el suave rocío de su venida, los vuelva fecundos.

PROPIOS EN MP3
COMENTARIO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA (2)
PARTITURAS DE LAS LECTURAS Y ORACIONES
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
  Epístola
 Evangelio
I Y II VÍSPERAS y OCTAVA 

TEXTOS EN LATÍN


Dominica PentecostesI Classis Satio ad S. Petrum

Introitus: Sap. 1: 7
Spíritus Dómini replévit orbem terrárum allelúja: et hoc quod continet ómnia, sciéntiam habet vocis, allelúja, allelúja, allelúja. [Ps. lxvii: 2]. Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci ejus: et fúgiant, qui odérunt eum, a fácie ejus. Glória Patri. Spíritus Dómini replévit.
 Oratio:
Deus, qui hodiérna die corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti: da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de ejus semper consolatióne gaudére. Per Dóminum ... in unitáte ejúsdem.
Act. ii: 1-11
Léctio Actuum Apostolórum.
Cum conpleréntur dies Pentecóstes, erant omnes discípuli pariter in eódem loco: et factus est repénte de cælo sonus, tamquam adveniéntis spíritus veheméntis: et replévit totam domum ubi erant sedéntes. Et apparuérunt illis dispertítæ linguæ tamquam ignis, sedítque supra síngulos eórum: et repléti sunt omnes Spíritu Sancto, et cœperunt loqui váriis linguis, prout Spíritus Sanctus dabat éloqui illis. Erant autem in Jerúsalem habitántes Judǽi, viri religiósi ex omni natióne quæ sub cælo est. Facta autem hac voce, convénit multitúdo, et mente confúsa est quóniam audiébat unusquísque lingua sua illos loquéntes. Stupébant autem omnes et mirabántur, dicéntes: «Nonne ecce omnes isti, qui loquúntur, Galilǽi sunt? Et quómodo nos audívimus unusquísque linguam nostram, in qua nati sumus? Parthi, et Medi et Ælamítae, et qui hábitant Mesopotámiam, Judǽam, et Cappadóciam, Pontum, et Asiam, Phrýgiam, et Pamphýliam, Ægýptum, et partes Líbiæ, quæ est circa Cyrénen, et ádvenæ Románi, Judǽi quoque, et Prosélyti, Cretes et Arabes: audívimus loquéntes nostris linguis magnália Dei.»
Allelúja, allelúja. [Ps. ciii: 30] Emítte Spíritum tuum, et creabúntur: et renovábis fáciem terræ. Allelúja. [Hic genuflectitur] V. Veni Sancti Spíritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
Sequentia
Veni, Sancte Spíritus, et emítte cǽlitus lucis tuæ rádium.
Veni, pater páuperum, veni dator múnerum, veni lumen córdium.
Consolátor óptime, dulcis hospes ánimæ, dulce refrigérium.
In labóre réquies, in æstu tempéries, in fletu solátium.
O lux beatíssima, reple cordis íntima tuórum fidélium.
Sine tuo númine, nihil est in hómine, nihil est inóxium.
Lava quod est sórdidum, riga quod est áridum, sana quod est sáucium.
Flecte quod est rígidum, fove quod est frígidum, rege quod est dévium.
Da tuis fidélibus, in te confidéntibus, sacrum septenárium.
Da virtutis méritum, da salutis éxitum, da perenne gáudium.
Amen. Allelúja.
Et dicitur quotidie usque ad sequens Sabbatum inclusive.
 Joann. xiv: 23-31
+ 
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: dixit Jesus discípulis suis: «Si quis díligit me sermónem meum servábit, et Pater meus díliget eum, et ad eum veniémus, et mansiónem apud eum faciémus: qui non díligit me, sermones meos non servat. Et sermónem quem audístis, non est meus, sed ejus qui misit me, Patris. Hæc locútus sum vobis, apud vos manens. Paráclitus autem Spíritus Sanctus, quem mittet Pater in nómine meo, ille vos docébit ómnia, et súggeret vobis ómnia quæcúmque dixero vobis. Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis: non quómodo mundus dat, ego do vobis. Non turbétur cor vestrum neque formídet. Audístis quia ego dixi vobis: Vado et vénio ad vos. Si diligerétis me gauderétis útique, quia vado ad Patrem: quia Pater major me est. Et nunc dixi vobis priúsquam fiat: ut cum factum fúerit, credátis. Jam non multa loquar vobíscum. Venit enim princeps mundi hujus, et in me non habet quidquam. Sed ut cognóscat mundus, quia díligo Patrem, et sicut mandátum dedit mihi Pater, sic facio.»
Credo.
Offertorium: Ps. lxvii: 29-30.
Confírma hoc, Deus, quod operátus es in nobis: a templo tuo, quod est in Jerúsalem, tibi ófferent reges múnera, allelúja.
 Secreta:
Múnera, quǽsumus, Dómine, obláta sanctífica: et corda nostra Sancti Spíritus illustratióne emúnda. Per Dóminum ... in unitáte ejúsdem.
Communio: Act. ii: 2 et 4.
Factus est repénte de cælo sonus, tamquam adveniéntis spíritus veheméntis, ubi erant sedéntes, allelúja: Et repléti sunt omnes Spíritu Sancto, loquéntes magnália Dei, allelúja, allelúja.
Postcommunio:
Sancti Spíritus, Dómine, corda nostra mundet infúsio: et sui roris íntima aspersíone fœcúndet. Per Dóminum ... in unitáte ejúsdem.