viernes, 1 de diciembre de 2017

I domingo de Adviento


Primer  Domingo de Adviento
I clase, morado
Se omite el Gloria. Credo. Prefacio del Adviento  o, en su defecto, de la Santísima Trinidad.

En este primer día y domingo del Año eclesiástico y primera evocación, podría decirse de la Creación, la Iglesia nos pone en contacto con el último día del mundo y de las cosas.  Antes de llevarnos al pesebre de Belén, nos lleva al tribunal del Juicio final, para encarecernos de antemano, con el pensamiento de la cuenta, la correspondencia de la gracia soberana de la Redención, que ese Niño Divino, cuya silueta se dibuja ya en lontananza, viene a realizar. Es una fuerte sacudida que la Iglesia da a nuestra conciencia de cristianos, para despertarnos, o del letargo del pecado, si desgraciadamente estuviésemos sumidos en él, o de la modorra de la indiferencia y de la tibieza espiritual. Es decirnos: Si no estás limpio para presentarte ante el Divino Juez, tampoco lo estás para salir al encuentro de tu Salvador, que es tu mismo y único Dios y Señor; "despójate, por tanto, de las obras de las tinieblas y revístete de las armas de la Luz".
La liturgia del Adviento se abre con un grito de llamada: ¡Ven! Es el grito de los profetas de Israel al Mesías Redentor, cuya venida esperan con ansiedad.
Dios no se hace el sordo a la voz de su pueblo. Cumpliendo la promesa de salvación que hizo a nuestros primeros padres a raíz de su caída, envía a su Hijo al mundo. Y la aplicación a todas las generaciones humanas de la redención, que nos ha adquirido con su pasión el Hijo de Dios hecho hombre, continúa hasta el fin de los tiempos; no se terminará sino con la consumación del mundo, cuando vuelva el Mesías para coronar su obra y trasladarnos a su reino. Así, pues, la historia de la Iglesia se sitúa entre estos dos grandes acontecimientos.
En la Misa del domingo se evoca toda esta obra de la redención, desde su preparación en la esperanza de Israel y su resonancia en nuestra vida presente (epístola) hasta su última consumación (evangelio). Al prepararnos para celebrar en Navidad el nacimiento del que ha venido a rescatar nuestras almas del pecado y hacerlas semejantes a la suya, invoca la Iglesia sobre nosotros y sobre todos los hombres la plena realización de la misión salvadora que Cristo ha venido a cumplir en la tierra.
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La iglesia ha querido iniciar el año litúrgico con la Estación en la augusta Basílica de Santa María la Mayor, en donde se guarda la Cuna del Redentor del mundo. No podía, en verdad, escoger lugar más propio para celebrar el suspirado advenimiento de Jesucristo. La venida de Cristo, según nos indica la liturgia de esta primera domínica, es doble. El primero, humilde para redimirnos; el segundo, glorioso para juzgarnos. Y aún, si bien lo consideramos, es triple el advenimiento de Cristo; uno cercano, en Belén; otro actual, a nuestros corazones, y en el futuro en el último día de los tiempos. Este último día, esta venida de Cristo, es también doble; pues hay también un último día de nuestra vida en que se hará nuestro juicio particular y se llama en lenguaje bíblico: adviento del Señor; y hay otro día último del mundo, en el que se verificará el juicio universal; este día es el adviento del Señor en su más elevado sentido. La colecta de la Santa misa nos presenta a Cristo como Salvador del mundo. ”!Señor, haced ostentación de vuestro poder, y venid!”. La Epístola nos recuerda que Cristo viene como Salvador a nuestros corazones: “Revestíos de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Estamos más cerca de nuestra salud!. Finalmente el Evangelio nos le describe como Juez y Salvador; al fin de mundo:” Al ver que comienzan a suceder estas cosas, abrid los ojos y alzad la cabeza, porque vuestra redención se acerca”.
El sentimiento dominante de la Liturgia en este primer domingo de Adviento es de temor al juez, y, por efecto de él, de recurso al Salvador.
Este pensamiento tiene toda la Liturgia y se muestra con especial belleza en la Misa. Levantemos los ojos al Salvador (Introito). Miremos a nuestro propio corazón (Epístola).Miremos al Juez, que ha de venir (Evangelio). Si no levantamos los ojos al Redentor, y no los fijamos en nuestro propio corazón habremos de ver un día el rostro terrible del Juez divino.
TEXTOS DE LA MISA
Introito.-  Salm.24.1-4.- A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; pues cuantos en ti esperan, no quedarán confundidos. Salmo. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas. y. Gloría al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.- A ti, Señor, levanto mi alma.
Colecta.-  Despierta, Señor, tu potencia y ven; para que con tu protección merezcamos ser libres de los peligros que nos amenazan por nuestros pecados, y ser salvos con tu gracia. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. R/. Amén.
Epístola. Rom, 13,11-14.-  La primera generación cristiana vivía más que nosotros en la espera de la vuelta gloriosa del Señor. Ella da a nuestra vida cotidiana toda su razón de ser. al prepararnos constantemente para recibirle.
Hermanos: Hora es ya de despertar. Ahora está más cerca nuestra salud que cuando empezamos a creer. Ha pasado la noche y llega el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos de las armas de la luz. Caminemos, como de día, honestamente: no en glotonerías y embriagueces, ni en sensualidades y disoluciones, ni en pendencias y envidias; antes bien, revestíos de nuestro Señor Jesucristo.
Gradual. Salm. 24.3,4.- Cuantos en ti esperan no quedarán confundidos, Señor. V/. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas.
Aleluya. Salm. 84.8.-  Aleluya, aleluya. V/. Muéstranos, Señor, tu miseri­cordia y danos tu Salvador
Evangelio. Luc.21.25-33.- Las señales precursoras del fin de los tiempos serán también las de nuestra liberación definitiva y las del advenimiento del reino : «El mismo Dios estará con ellos; él enjugará las lágrimas de sus ojos. y ya no habrá muerte, ni duelo. ni gemidos, ni dolor, porque todas estas cosas habrán pasado.» (Apocalipsis, 21.4.)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Ofertorio. Salm.24.1-3.-  A ti levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mi mis enemigos; pues ninguno de los que en ti esperan, quedará confundido.
Secreta.-  Que estos sagrados misterios, a nosotros, purificados por poderosa virtud, nos hagan llegar más puros, Señor, a ti, que eres su principio. Por nuestro Señor.
Prefacio de Adviento-Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor; él es, Dios misericordioso y fiel, el Salvador que habías prometido al género humano perdido por  el pecado, para que la Verdad instruyese a los ignorantes, la Santidad justificara a los impíos, la Fortaleza ayudase a los débiles. Mientras está cerca aquel a quién tú nos envías, -ya  viene-, y el día de nuestra liberación ya brilla, llenos de confianza en tus promesas, nos llenamos de piadosos gozos.Y por eso, con los Ánge-les y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar: 
O en su defecto,  Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...
Comunión. Salm.84.13.-  EL Señor nos colmará de su benignidad, y nuestra tierra dará su fruto.
Poscomunión.- Recibamos, Señor, tu misericordia en medio de tu templo, para que preparemos con los debidos honores la solemnidad venidera de nuestra redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

 PREFACIO DE ADVIENTO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
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EPÍSTOLA
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EVANGELIO
TEXTOS EN LATÍN
Dominica Prima AdventusI Classis
Statio as S. Mariam majorem

Introitus: Ps. xxiv: 1-3
Ad te levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam neque inrídeant me inimíci mei: étenim univérsi qui te exspéctant, non confundéntur. [Ps. ibid.] Vias tuas Dómine demónstra mihi: semitas tuas édoce me. V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculorum. Amen.
Quo finito, repetitur "Ad te levávi" usque ad Psalmum. Hic modus repetendi Introitum servatur per totum annum.
Non dicitur "Glória in excélsis" in Missis de Tempore ab hac Dominica usque ad Vigilam Nativitatis Dómini inclusive.
Collect:
Excita, quæsumus, Dómine, poténtiam tuam, et veni: ut ab imminéntibus peccatórum nostrórum perículis, te mereámur protegénte éripi, te liberánte salvári: Qui vivis.

ad Romanos xiii: 11-14
    Léctio Epistolæ beáti Pauli Apstóli ad Romanos:
Fratres: Sciéntes quia hora est jam nos de somno súrgere. Nunc enim própior est nostra salus quam cum credídimus. Nox præcéssit, dies autem appropinquávit. Abjiciámus ergo ópera tenebrárum, et induámur arma lucis. Sicut in die honéste ambulémus: non in comesatiónibus et ebrietátibus, non in cubílibus et inpudicítiis, non in contentióne et æmulatióne: sed induímini Dóminum Jesum Christum.
Graduale: Ps. xxiv: 3 et 4.
Univérsi, qui te expéctant, non confundéntur, Dómine. Vias tuas, Dómine, notas fac mihi: et sémitas tuas édoce me.
Allelúia, allelúia. [Ps. lxxxiv: 8] Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam: et salutáre tuum da nobis. Allelúia
In Feriis Adventus quando per hebdomadam resumitur Missa de Dominica, non dicitur "Alleluia," nec versus sequens, sed tantum Graduale.
Luke xxi: 25-33
       Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam:
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Erunt signa in sole, et luna, et stellis, et in terris pressúra gentium præ confusióne sónitus maris, et flúctuum: arescéntibus homínibus præ timóre et expectatióne quæ, supervénient univérso orbi: nam virtútes cælórum movebúntur. Et tunc vidébunt Fílium hóminis veniéntem in nube cum potestáte magna, et majestáte. His autem fieri incipiéntibus, respícite, et leváte cápita vestra: quóniam appropínquat redémptio vestra. Et dixit illis similitúdinem: Vidéte ficúlneam, et omnes ábores: cum prodúcunt jam ex se fructum, scitis quóiam prope est æstas. Ita et vos cum vidéritis haec fieri scitóte quóniam prope est regnum Dei. Amen dico vobis quia non præteríbit generátio hæc donec ómnia fiant. Cælum et terra transíbunt: verba autem mea non transíbunt.
Credo, quod dicitur in omnibus Dominicis per totum annum; non dicitur autem in diebus ferialibus quando resumitur Missa Dominicæ præcedentis.
Offertorium: Ps xiv: 1-3
Ad te Dómine levavi animam meam: Deus meus, in te confido, non erubéscam neque inrideant me inimici mei: étenim universi qui sustinent te non confundéntur.
Secreta:
Hæc sacra nos, Dómine, poténti virtúte mundátos, ad suam fáciant purióres veníre princípium.

Communio: Ps. lxxxiv: 13
Dóminus dabit benignitátem: et terra nostra dabit fructum suum.
Postcommunio:
Suscipiámus, Dómine, misericórdiam tuam in médio templi tui: ut reparatiónis nostræ ventúra solémnia congruis honóribus præcedámus. Per Dóminum.