viernes, 14 de octubre de 2016

XXII domingo después de Pentecostés

XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, credo y prefacio de la Santísima Trinidad

La indignación de Jesús ante los fariseos ha de ser para nosotros una lección. Jamás se ha censurado tan severamente la hipocresía. Siempre odiosa, lo es doblemente cuando con ella tratamos de sustraernos a los deberes para con Dios. Ocurre a veces que una excesiva preocupación por nuestros deberes para con los hombres deja muy a la smvre lo que debemos al que es nuestro Creador y soberano Señor. Meditemos bien las palabras de Cristo: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". 
Es estos últimos domingos del año litúrgico evoca la Iglesia el día de Cristo, que será el del fin del mundo, cuando vuelva a juzgar. Nos invita a esperarle con confianza, no apoyándonos en nuestros méritos, pues el hombre ante Dios no es más que miseria, sino asiéndonos a la misericordia divina, y recordando que no cesa el Omnipotente de proseguir hasta su consumación la obra salvífica que ha comenzado en nosotros.  

Interpretación de los textos de la misa en relación con las lecturas de Maitines. (No todos los años coincide). Lo que algunos han llamado rebelión de los Macabeos, es un testimonio magnífico del respeto debido a las cosas divinas, a la Ley de Dios, a su Culto, a su Templo. Dícennos los santos Libros que, viéndose apurado Judas y sabiendo que los romanos eran los amos del mundo, los llamó en su ayuda, llegando el Senado a firmar con el Macabeo un tratado de paz y de alianza, tratado que después fue renovado por Jonatás y luego por su hermano Simeón. Pero muy pronto la guerra civil vino a desgarrar a aquel reino ya medio deshecho, pues dos hermanos enemigos se disputaban la corona. Uno de ellos creyó conveniente llamar en su ayuda a los romanos, los cuales vinieron en efecto, apoderándose Pompeyo de Jerusalén el año 63, con lo cual Palestina vino a ser colonia romana, porque Roma jamás soltaba lo conquistado por sus armas. Con esto, el Senado romano nombró a Herodes rey de los judíos, y éste, más por bienquistarse a sus nuevos súbditos que por devoción, volvió a levantar por vez tercera el Templo de Jerusalén, el mismo en que había luego de entrar triunfalmente Jesús, nuestro divino Salvador. Desde entonces el pueblo judío hubo de pagar tributos a Roma.  Así la escena evangélica de la misa enlaza perfectamente con lo anterior, y tuvo lugar en los últimos días de la vida de Jesús, confundiendo el Maestro a sus rabiosos émulos, que no esperaban había de responder con tanto acierto a su insidiosa pregunta de si había o no de pagarse tributo al emperador romano, su señor. Si Jesús respondía que si, se indisponía con el pueblo que llevaba mal resignado el yugo romano; si decía que no, caería sobre Él la furia del fisco. Pero Jesús, con su infinita sabiduría, sin contestar con una evasiva, supo dar la más atinada respuesta al capcioso dilema, trazándonos al propio tiempo un programa de nuestros deberes cívicos y religiosos, los cuales no pugnan entre sí. Al poder secular, que gobierna con la autoridad participada de la de Dios, los pueblos deben tributos metálicos, respeto y acatamiento a sus justas órdenes y leyes*. A Dios se le debe amor, servicio y adoración rendida de cuerpo y alma, se le debe de justicia el culto litúrgico. Nosotros somos la moneda que Dios troquela a su imagen; y Dios reclama esa moneda como el César la suya.
El Evangelio y la misma Epístola, estando ya pronto a expirar el año litúrgico, nos traen la memoria de los últimos días del mundo y de cada hombre, y el justo juicio de Dios en el día de Cristo Jesús (Ep.).
Pidámosle, pues, la perseverancia final en el bien, que es la gracia de las gracias. "Que nuestra caridad vaya en aumento, procurando llegar a la plenitud de Cristo, a que se verifique en nosotros el ideal, el cual consiste en que se forme en nosotros Cristo". Pongamos nuestra confianza en Jesús "para ese día tremendo en que los mismos cielos y tierra han de temblar", porque, "si Dios se fijase en nuestras iniquidades, ¿quién sería capaz de resistir su mirada?" (Int.). Pero Dios es el apoyo de los que en Él esperan (Alel.) y en el Dios de Israel se encuentra la miseri cordia (Int., Sec.), y la tendrá para con nosotros, si nosotros la tenemos con nuestros hermanos.   En la hora del peligro acudamos al recurso magno de la oración, porque "si invocamos al Señor, Él nos oirá" (Com.). Teniendo en cuenta que la oración eminentemente social y fraternal que Dios escucha con preferencia es la oración litúrgica, la oración de la Iglesia, su Esposa. Por quererla tanto como la quiere, no puede resultar fallida, y la oye, como el rey Asuero oyó la de su esposa Ester cuando quiso salvar a su pueblo.
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El Introito expresa los sentimientos del pueblo judío durante el cautiverio de Babilonia. Humildemente confiesa que aún merece mayores castigos por sus iniquidades. Con todo, reconoce ser más grande la misericordia de Dios que su malicia. Esto los consuela y esfuerza para confiar en la bondad infinita de Dios.
La Epístola nos demuestra la ternura con que San Pablo miraba a los fieles de la ciudad de Filipos, los cuales, por su parte, le correspondían afectuosos, y le daban señales muy claras de su reconocimiento por las gracias espirituales que les había procurado desde su conversión, asistiéndole en sus necesidades e interesándose en sus prisiones.

Habiendo resuelto los fariseos sorprender a Jesús, por lo menos en sus palabras, ya que nada hallaban reprensible en sus obras, no cesaban de tenderle lazos, haciéndole preguntas capciosas. La que hoy nos recuerda el Evangelio, era delicada, pero la respuesta del Salvador, que leía en su corazón los malos designios que en él abrigaban, nos sirvió más que para cubrirlos de confusión, haciendo brillar su divina sabiduría.

TEXTOS DE LA MISA
Introito. Salmo 129, 3-4. 1-2 - Ante el pensamiento de la grandeza del Señor, pide a Dios la Iglesia que olvide las faltas de los hombres para no atender mas que a su misericordia.
Si miras, Señor, nuestros pecados, Señor, ¿quién resistirá? Mas en ti reside la misericordia, ¡oh Dios de Israel!  Salmo.- Del fondo del abismo clamo a ti, Señor ; Señor, oye mi voz. V/. Gloria al Padre.

Colecta.- Oh Dios!, refugio y for­taleza nuestra, oye las piadosas plegarias de tu Iglesia, tú, el autor mismo de toda piedad, y haz que con­sigamos eficazmente lo que con fe pedimos. Por nuestro.

 Epístola. Fil.1.6-11.-  La Iglesia continúa su obra de evangelización en espera de la «vuelta del Señor». Su alegría, como la de San Pablo, es ver extenderse la vida cristiana por el mundo y su anhelo, sentirla progresar en cada uno de nosotros. Hermanos: Tengo la seguridad en Nuestro Señor Jesucristo de que quien comenzó en vosotros esta hermosa obra, continuará su perfeccionamiento hasta el día de Jesucristo. Y es justo que yo sienta esto de todos vosotros, porque os llevo en el corazón, ya que compartís la gracia que se me ha dado en mis  prisiones y en la defensa y confirmación del Evangelio. Dios me es testigo de que os amo a todos vosotros con la ternura misma de Jesucristo. Y esto pido: que vuestra caridad abunde más y más en luz y en inteligencia, para que sepáis discernir lo que es mejor y seáis sinceros e intachables hasta el día de Cristo, llenos de frutos de justicia por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

Gradual. Salm. 132.1-2.- Oh, qué bueno y delicioso vivir los hermanos en unión! V/ Es como un perfume valioso sobre la cabeza, que se desliza por la barba, la barba de Aarón.
Aleluya, aleluya. Salm. 113.11.- V/. Los que teméis al Señor, confiad en él; es vuestro amparo vuestra defensa.

Evangelio. Marc. 22.15-21.- El cumplimiento de nuestros deberes para con los hombres nada ha de sustraer al soberano dominio de Dios. En aquel tiempo: Fueron los fariseos y se confabularon para sorprender a Jesús en lo que hablase. Para lo cual le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz y que ense­ñas el camino de Dios según, la verdad, y sin consideración a quienquiera que sea, porque no miras a la calidad de las personas. Dinos, pues, ¿qué te parece, es lícito pagar tributo al César, o no? Mas Jesús, conociendo su perversidad, repuso: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos te ofrecieron un denario. Les dijo entonces Jesús: ¿De quién es esta figura e inscripción? Y al responderle ellos: Del César, dijo entonces Jesús: Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Ofertorio. Est 14, 12-13.-  Acuérdate de mí, Señor, tú que dominas sobre toda potestad; y pon en mi boca palabras rectas, para que puedan con ellas agradar al rey.

Secreta.-  Haz, ¡oh Dios misericordioso!, que esta oblación saludable nos libre sin cesar; de nuestros propios pecados, y nos defienda de todo lo adverso. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en ]a individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancias Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...

Comunión. Salm. 16.6.-  A ti invoco, Dios míos tú me escucharás. Inclina a mí tu oído y escucha mis palabras.

Poscomunión.- Habiendo recibido, Señor, los dones del sagrado misterio, te rogamos humildemente que sirva de auxilio a nuestra flaqueza lo que nos mandaste hacer en memoria tuya. Tú Que vives

PARTITURAS  Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIO CARDENAL SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIÓN DE LA EPÍSTOLA Y EL EVANGELIO
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  EPÍSTOLA
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