sábado, 23 de septiembre de 2017

XVI domingo después de Pentecostés

XVI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, credo y prefacio de la Santísima Trinidad

Job es el tipo del hombre justo, a quien el diablo orgulloso quiere humillar, por ver si logra rebelarlo contra Dios.  Pero sucedió lo contrario de lo que él quería y esperaba, pues lejos de blasfemar contra el Altísimo, y de cocear rabiosamente contra el aguijón, besó sumiso y humilde la mano que le hería.
En Job tenemos todos los cristianos un modelo perfecto del hombre humilde y resignado a la divina voluntad y muy pronto ensalzado en premio de su humildad y rendimiento (Ev.).
El orgullo es un vicio detestable y odiosísimo por el cual el hombre busca elevarse más alto de lo que en realidad es, contra el dictado de la misma razón. Fúndase en error e ilusión, al  revés de la humildad, que se cimenta en la verdad pura. El hombre que la posee tiene de sí un concepto exacto. El humilde se tiene por poca cosa, y se abaja hasta el suelo de su vileza, reconociendo que si algo hay en él, es puro don de Dios, por lo cual no se engríe con hacienda y arreos ajenos. El soberbio viene a ser como el hidrópico del Evangelio, que, repleto de malos humores, parece rebosar salud y fuerzas, cuando en realidad está enfermo y sólo merece lástima. Está inflado, e inflados de aire y de humo vano están también los soberbios: hinchazón que no es salud, sino peligrosa enfermedad.
La soberbia impide al hinchado la entrada en el reino de los cielos, cuya puerta se nos dice ser estrecha; por ella con dificultad caben los ricos cargados de vanidades y tesoros, como tampoco así los soberbios.
Así que, lejos de infatuarnos con un orgullo y loca vanidad, procuremos ser humildes, pues se pone esto como condición absoluta para entrar en el reino de los cielos: "Si no os hiciereis como parvulitos, no entraréis en el reino de los cielos", dijo y repitió la boca de la Verdad misma.
Cierto que es muy grande la dignidad del cristiano. que somos muy ricos; pero todo lo debemos a la inmensa liberalidad de Cristo, el cual nos hizo grandes y ricos, haciéndose Él pobre y pequeñito.
Al Padre que en su Hijo benditísimo nos dio todo lo mejor que tenía, sea la gloria en Jesucristo y en la Iglesia por siempre jamás (Ep.). Cantémosle por ello un cántico nuevo (Alel.), y que todas las naciones y reyes pregonen su gloria. porque Dios ha establecido a su pueblo en la celestial Jerusalén (Grad.). Al pueblo de los humildes que destina a su beatifica visión, y que será después el pueblo de los ensalzados, que en este mundo no tienen otra palabra en la boca sino aquélla del Salmista: "No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre debe darse gloria.
...
El Introito de la Misa está tomado del mismo salmo que el domingo precedente. Nada hay más afectuoso que esta oración. Ella debe ser familiar a todas las personas afligidas, y a las que padecen alguna violenta contrariedad.
La Epístola de la Misa nos recuerda aquel pasaje de San Pablo a los fieles de Éfeso, en donde el apóstol siempre perseguido, siempre entre las cruces y los tormentos, exhorta a sus discípulos a que no se escandalicen y desanimen atendiendo a los males que sufre por ellos en las funciones de su ministerio.
Las palabras del Apóstol deben también animarnos a permanecer firmes a las adversidades, las que, dice, han de constituir nuestra gloria. Ellas nos enseñan a vivir la vida de Cristo, a formarnos interiormente por Espírito Santo conforme a la imagen de nuestro divino Salvador, viviendo de la fe, fundados en la caridad para que podamos comprender las sobre eminente caridad de Cristo, y llenarnos de las ciencias de Dios. Todo esto lo puede realizar Aquel a quien se lo y que obra en nosotros por Cristo.

El es quien en el Evangelio nos convida a las bodas del cielo, cuyo preludio admirable hallamos en el sagrado banquete de la Eucaristía.

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Salm. 85.3,5,1.-  Señor, ten misericordia de mí, pues todo el día clamo a ti; porque tú, señor, eres suave y benigno, y de mucha misericordia con todos los que te invocan. Salmo- Inclina, Señor, tu oído a mis ruegos, y escúchame, porque soy desvalido y pobre. V/. Gloria al Padre, y al Hijo.

Colecta.- Sabe muy bien el cristiano que todo se lo debe a Dios y a su gracia. Por ello implora su ayuda para mantenerse en la práctica del bien.
Te suplicamos, Señor, que nos prevenga siempre y acompañe tu gracia, y nos haga solícitos y constantes en la práctica de las buenas obras. Por nuestro Señor.

Epístola. Ef. 3.13-21.-  En medio de muchas preocupaciones, piensa san Pablo en la inmensa riqueza del misterio de Cristo, que debe anunciar por todo el mundo, y su oración se convierte en un cántico de acción de gracias.
Hermanos: Os ruego no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros; ellas son vuestra gloria. Por esto doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, del cual deriva toda paternidad en los cielos y en la tierra. Que él, según la riqueza de su gloria, os dé firmeza en la virtud, por su Espíritu, para que crezca en Vosotros el hombre interior, para que Cristo more por la fe en vuestros corazones. Estad arraigados y cimentados en caridad, para que podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura y largura, y la altura y profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento. Así os llenaréis con la plenitud de Dios. Al que puede, por la virtud que obra en nosotros, operar infinitamente más allá de lo que pedimos o pensamos, a él sea la gloria en la Iglesia y en Jesucristo, en todas las generaciones de los siglos de los siglos. Amén.

Gradual. Sal. 101,16-17. Los pueblos venerarán tu nombre ¡oh Señor!, y todos los reyes de la tierra, tu gloria.  Por que el Señor reconstruirá Sión y allí será visto en su majestad.

Aleluya. Aleluya. Sal 97, 1. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Aleluya.

Evangelio. Lucas. 14, 1-2 - En aquel tiempo: al entrar Jesús un sábado a comer en casa de uno de los principales fariseos, le estaban acechando. Y he aquí que un hombre hidrópico se puso delante de él. Y Jesús, dirigiendo su palabra a los doctores de la ley y a los fariseos, les dijo: "¿Es lícito curar en sábado?" Mas, ellos callaron. Entonces, tomando Jesús a aquel hombre de la mano, le sanó, y le despidió. Dirigiéndose después a ellos, les dijo: "¿Quién de vosotros hay, que viendo su asno o su buey caído en un pozo, no le saque luego aún en día de Sábado?" Y a esto no le podían replicar. Observando también como los convidados escogían los primeros asientos en la mesa, les propuso una parábola, diciéndoles: "Cuando fueres convidado a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que haya allí otro convidado de más distinción que tú, Y venga aquél que os convidó a entrambos, y dirigiéndose a ti te diga: 'Deja a éste el sitio'; Y entonces tengas que ocupar el último lugar con vergüenza tuya. Pues cuando fueres llamado, ve y siéntate en el último puesto, para que cuando venga el que te convidó, te diga: 'Amigo, sube más arriba.' Entonces serás honrado delante de los demás comensales. Porque todo el que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

Ofertorio. Salm. 39.14-15.-  Vuelve, Señor, a mí tus ojos para socorrerme; Queden confusos y avergon­zados los que buscan mi vida: Señor, vuelve a mí los ojos para socorrerme.

Secreta.-  Te rogamos, Señor, nos purifiques en virtud del presente sacrificio; y hagas, por tu misericordia, que merezcamos participar de él. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distin­ción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

Comunión. Salm. 70.16-18.-  Me acordaré, Señor, de sola tu justicia. Tú fuiste mi maestro, ¡oh Dios!, desde mi juventud; hasta la ve­jez y decrepitud no me desampares. Dios mío.

Poscomunión.-  Te rogamos, Señor, purifiques benigno nuestras almas y las renueves con los sacramentos celestiales, a fin de recibir para nuestros cuerpos asistencia al presente y en el futuro. Por N. S.
PARTITURA Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS 
COMENTARIOS DEL CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA
PARTITURA DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
  16th Sunday after Pentecost - Epistle
  16th Sunday after Pentecost - Gospel
I VÍSPERAS -  II VÍSPERAS -  PROPIO DEL DOMINGO


TEXTOS EN LATÍN
Dominica Decima Sexta Post PentecostenII Classis

Introitus: Ps. lxxxv: 3 et 5
Miserére mihi, Dómine, quóniam ad te clamávi tota die: quia tu, Dómine suávis ac mitis es, et copiósus in misericórdia ómnibus invocántibus te. [Ps. ibid., 1]. Inclína, Dómine, aurem tuam mihi, et exáudi me: quóniam inops, et pauper sum ego. Glória Patri. Miserére mihi.
Collect:
Tua nos, quǽsumus, Dómine, grátia semper et prævéniat et sequátur: ac bonis opéribus júgiter præstet esse inténtos. Per Dóminum.

ad Ephes. iii: 13-21
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Fratres: Obsecro vos, ne deficiátis in tribulatiónibus meis pro vobis quae est gloria vestra. Hujus rei grátia flecto genua mea ad Patrem Dómini nostri Jesu Christi, ex quo omnis patérnitas in caelis et in terra nominátur, ut det vobis secúndum divítias glóriæ suæ, virtúte corroborári per Spíritum eius in interióre hóminem, Christum habitáre per fidem in córdibus vestris: in caritáte, radicáti, et fundáti, ut possitis comprehéndere cum ómnibus sanctis, quæ sit latitúdo et longitúdo et sublímitas, et profúndum: scire étiam supereminéntem sciéntiæ caritátem Christi, ut impleámini in omnem plenitúdinem Dei. Ei autem qui potens est ómnia fácere superabundánter quam pétimus, aut intellígimus, secúndum virtútem quæ operátur in nobis: ipsi glória in Ecclésia, et in Christo Jesu, in omnes generatiónes sǽculi sæculórum. Amen
Graduale Ps. ci: 16-17
Timébunt gentes nomen tuum, Dómine, et omnes reges terræ glóriam tuum. V. Quóniam ædificávit Dóminus Sion, et vidébitur in majestáte sua.
Allelúja, allelúja. [Ps. xcvii] Cantáte Dómino cánticum novum: quia mirabília fecit Dóminus. Allelúja.
Luc. xiv: 1-11
    +    Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore:.cum intráret Jesus in domum cujúsdam príncipis pharisæórum sábbato manducáre panem, et ipsi observábant eum. Et ecce homo quidam hydrópicus erat ante illum. Et respóndens Jesus dixit ad legisperítos et pharisæos dicens si "licet sábbato curáre?" At illi tacuérunt. Ipse vero adprehénsum sanávit eum, ac dimísit. Et respóndens ad illos, dixit: "Cujus vestrum ásinus, aut bos in púteum cadet, et non contínuo éxtrahet illum die sábbati?" Et non póterant ad hæc respondére illi. Dicébat autem et ad invitátos parábolam, inténdens quómodo primos accúbitus elígerent, dicens ad illos: "Cum invitátus fúeris ad nuptias, non discúmbas in primo loco, ne forte honorátior te sit invitátus ab illo, et veniens is, qui te, et illum vocávit, dicat tibi: 'Da huic locum,' et tunc incípias cum rubóre novíssimum locum tenére. Sed cum vocátus fúeris, vade, recúmbe in novíssimo loco: ut, cum vénerit qui te invitávit, dicat tibi: 'Amice, ascénde supérius.' Tunc erit tibi glória coram simul discumbéntibus: quia omnis qui se exáltat humiliábitur: et qui se humíliat exaltábitur."
Credo.
Offertorium: Ps. xxxix: 14 et 15.
Dómine, in auxílliam meum réspice: confundántur et revereántur, qui quærunt ánimam meam, ut áuferant eam: Dómine in auxílliam meum réspice.
Secreta:
Munda nos, quǽsumus, Dómine, sacrifícii præséntibus efféctu: et pérfice miserátus in nobis; ut ejus mereámur esse partícipes. Per Dóminum.

Communio: Ps. lxx: 16-17 et 18
Dómine, memorábor justítiæ tuæ solíus: Deus, docuísti me a juventúte mea: et usque in senéctam et sénium, Deus, ne derelínquas me.
Postcommunio:
Purifica, quǽsumus, Dómine, mentes nostras benígnus, et rénova cæléstibus sacraméntis: ut consequéntur et córporum præsens páriter, et futúrum capiámus auxílium. Per Dóminum.