lunes, 5 de septiembre de 2016

Nuestra Señora de Guadalupe -propio de algunos lugares de España (6 de septiembre)


Entre los célebres santuarios que en  todo el territorio español se elevan a honra de la Madre de Dios, uno de los más insignes es el de Nuestra Señora de Guadalupe, en Extremadura. Algunos códices antiguos sitúan el origen de la imagen de la Virgen de Guadalupe en el siglo I del cristianismo y a su autor al mismísimo San Lucas, aunque la imagen que hoy se venera en este lugar es una talla románica, en cedro, del siglo XII
Cuenta la leyenda que muerto San Lucas, la imagen fue enterrada junto a él y trasladada junto a sus restos desde Acaya (Asía Menor) hasta Constantinopla en el siglo IV. Desde allí el cardenal Gregorio la llevó a Roma (582) , siendo elegido papa en el año 590 con el nombre de Gregorio Magno. Se convierte este papa en el principal devoto de la imagen y el primer artífice de la expansión de la misma en Roma. La imagen se trasladó desde Roma a Sevilla, pues el papa se la regaló al arzobispo de la ciudad hispalense, San Leandro, en cuya iglesia principal comenzó a venerarse hasta el comienzo de la invasión árabe (711).
Hacia el año 714 huyendo de esta invasión unos clérigos que huían de Sevilla de la llevaron consigo y algunas reliquias de santos, escondiéndolos en los márgenes del río Guadalupe, cerca de la falda sur de la sierra de Altamira, donde fue hallada por un pastor llamado Gil Cordero.
Andaba el pastor varios días buscando una vaca extraviada hasta dar con ella y hallarla muerta. Al tratar de aprovechar la piel y hacerle en el pecho la señal de la cruz el animal se levantó y en ese momento se le apareció la Virgen que le habló, acomendándole la tarea de excavar en aquel mismo lugar para encontrar su imagen y posteriormente edificar una ermita que a la postre se convertiría en Monasterio y Santuario

DIE 6 SEPTEMBRIS

IN FESTO
B.M.V. GUADALUPENSIS
Patr. Princ. Region. Extremadurae
MISSAE PROPRIAE QUAE IN ARCHIDIOECESI TOLETANA EX CONCESSIONE APOSTOLICA CELEBRANTUR

Introitus. Gaudeámus ómnes in Dómino, diem festum celebrántes sub honóre beátæ Maríæ Vírginis: de cujus solemnitáte gaudent Angeli, et colláudant Fílium Dei. [Ps. 83] Quam dilecta tabernacula tua, Domine virtutum! Concupiscit et deficit anima mea in atria Domini. v. Glória Patri. Gaudeámus ómnes.

Oratio. Deus, qui sub sanctissimae Genetricis tuae Imagine singulare praesidium nobis praeparasti: praesta supplicibus tuis; ut quam pie veneramur in terris, illius consortio perpetuo laetemur in caelis. Per Dominum.

Lectio libri Sapientiae. Eccli 24, 22-31. Ego quasi terebínthus exténdi ramos meos, et rami mei honóris et grátiæ. Ego quasi vitis fructificávi suavitátem odóris: et flores mei fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis et timóris et agnitiónis et sanctæ spei. In me grátia omnis viæ et veritátis: in me omnis spes vitæ et virtútis. Transíte ad me, omnes qui concupíscitis me, et a generatiónibus meis implémini. Spíritus enim meus super mel dulcis, et heréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatiónes sæculórum. Qui edunt me, adhuc esúrient: et qui bibunt me, adhuc sítient. Qui audit me, non confundátur: et qui operántur in me, non peccábunt. Qui elúcidant me, vitam ætérnam habébunt.

Gradual. Eccli 24. Ego feci in caelis ut oriretur lumen indeficiens, et sicut nébula texi omnem terram. Prov. 8. Beatus homo qui audit me, et qui vigilat ad fores meas quotidie et observat ad postes ostii mei.

Alleluia. Alleluia. V/. Qui me invenerit inveniet vitam, et hauriet salutem a Domino. Alleluia.

Sequentia sancti Evangelii secundum Lucam. Lc 1, 26-38. In illo témpore: Missus est Angelus Gábriel a Deo in civitátem Galilǽæ, cui nomen Názereth, ad Vírginem desponsátam viro, cui nomen erat Joseph, de domo David, et nomen Vírginis María. Et ingréssus Angelus ad eam, dixit: «Ave grátia plena: Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus.» Quæ cum audísset, turbáta est in sermóne ejus: et cogitábat qualis esset ista salutátio. Et ait Angelus ei: «Ne tímeas, María, invenísti enim grátiam apud Deum: ecce concípies in útero, et páries fílium, et vocábis nomen ejus Jesum. Hic erit magnus, et Fílius Altíssimi vocábitur, et dabit illi Dóminus Deus sedem David patris ejus: et regnábit in domo Jacob in ætérnum, et regni ejus non erit finis.» Dixit autem María ad Angelum: «Quómodo fiet istud, quóniam virum non cognósco?» Et respóndens Angelus, dixit ei: «Spíritus Sanctus supervéniet in te, et virtus Altíssimi obumbrábit tibi. Ideóque et quod nascétur ex te Sanctum vocábitur Fílius Dei. Et ecce Elísabeth cognáta tua, et ipsa concépit fílium in senectúte sua: et hic mensis sextus est illi, quæ vocátur stérilis: qui non erit impossíble apud Deum omne verbum.» Dixit autem María: «Ecce ancílla Dómini, fiat mihi secúndum verbum tuum.»

Offertorium. 2 Paral 7. Elegi  et sanctificavi locum istum, ut sit ibi nomen meum, et permaneant oculi mei et cor meu ibi cunctis diebus.

Secreta. Laudis tibi, Domine, hostias immmolamus de Genetricis Filii tui gloria laetantes, cuius suffulti praesidio, et praesentibus éxui mallis confídimus et futuris. Per eúmdem Dominum.

Praefatio de B. Maria Virg. Et in festivitate.

Communio. Ps 21 In te speraverunt patres nostris, speraverunt et liberasti eos. Ad te clamaverunt, et salvi facti sunt; in te speraverunt et non sunt confusi.

Postcommunio. Caelesibus pasti deliciis, te supplices deprecamur, Domine Deus noster, ut sicut nobis in beatissima Filii tui Genitrice tutelam et praesidium constituisti, ita eius solemnia celebrantibus aeternae gloriae coronam retribuas. Per Dominum.

TRADUCCIÓN

Introito. Gocémonos todos en el Señor celebrando esta festividad en honra de la Santísima Virgen María, de cuya solemnidad se gozan los ángeles y alaban juntos al Hijo de Dios. Sal 83  Que deseables son tus moradas, ¡Señor de los ejércitos!. Mi alma se consume y anhel los atrios del Señor. V/. Gloria al Padre.

Oración. Oh Dios!, que bajo la imagen de tu Santísima Madre nos preparaste singular amparo; concede a nuestro ruegos, que, pues la veneramos piadosamente en la tierra, nos gocemos perpetuamente en el cielo.

Epístola. Eclo 24, 22-31 Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia. He dado, como la vid, graciosos retoños y mis flores han dado frutos de gloria y de riqueza. Yo soy la madre del amor puro, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. En mí se halla toda la gracia de la doctrina y de la verdad, toda la esperanza de la vida y de la virtud. Venid a mí los que deseáis y hartaos de mis frutos, porque pensar en mí es más dulce que la miel y poseerme, más que el panal de miel. Mi memoria vivirá de generación en generación. Los que me coman tendrán aún hambre, y quienes me beban tendrán aún sed. El que me escucha no sufrirá decepción y los que obran por mí, no pecarán. Los que me dan a conocer, tendrán la vida eterna.

Gradual. Eclo. 24,6. Yo hice nacer el cielo una luz inextinguible, y como niebla cubrí la tierra. V/. Prov. 8, 34. Dichoso el hombre que me escucha, velando en mi portal cada día, guardando las jambas de mi puerta.

Aleluya, aleluya. V/. El que me halle, hallará la vida y alcanzará la salvación del Señor. Aleluya,

Evangelio. Lc 1, 26-38. Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.  Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»  Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.  El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;  vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.  El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;  reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»  María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»  El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.  Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,  porque ninguna cosa es imposible para Dios.»  Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Antífona del Ofertorio. 2 Cr 7, 16. Elegí y santifiqué este lugar para que en él este mi nombre y permanezca en él mi ojos y mi corazón para siempre.

Secreta. Te inmolamos, Señor, hostias de alabanza gozándonos de la gloria de la Madre de tu Hijo: con cuya protección acaparados, confiamos evitar los males presentes y los venideros.

Comunión. Sal 21, 5-6. En ti confiaban nuestros padres, confiaban y los ponías a salvo, a ti gritaban y quedaban libre, en ti confiaban y no los defraudaste. 

Postcomunión. Apacentados con las delicias celestiales te rogamos suplicantes, Señor Dios nuestro, que así como nos has dado amparo y protección en la Madre Santísima de tu Hijo, así, a los que celebramos sus solemnidades nos concedas la eterna corona de la gloria.