lunes, 2 de enero de 2017

EL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS


EL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
Domingo entre el día 2 y 5 de enero, en su defecto, el día 2 de enero.
II clase, blanco
Gloria, Credo, Prefacio de Navidad.

El nombre de Jesús es prenda de salvación para los que  lo invocan.
El Santísimo Nombre de Jesús, invocado por los fieles desde los comienzos de la Iglesia, comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas en el siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús: "Yahweh es salvación" con el monograma del Santo Nombre IHS (abreviación del nombre de Jesús en Griego, ιησουσ) y añadiendo el nombre de Jesús al Ave María. Como fiesta litúrgica fue introducida en el siglo XVI. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por vez primera a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

El nombre de Jesús es poderoso. Nombre tan santo como el de Jesús, forzoso es que sea sumamente poderoso. Santidad supone poder. Santos son los sacramentos, y obran maravillas de gracia en las almas que lo reciben. Por medio de la santidad de María y de las virtudes heroicas de los santos ¡cuántas obras milagrosas ha producido el Señor! El nombre de Jesús es eminentemente santo y por lo tanto infinitamente poderoso.
Por los milagros que obra.- El más estupendo de todos fue la conversión del mundo pagano. Milagro que condensa en sí mismo una cantidad asombrosa de prodigios.
Desaparición del paganismo.- El primero de todos es la desaparición del paganismo y la destrucción del reino de las tinieblas y el exterminio de la idolatría. Pobres, sin otro prestigio ni otras armas que el poder de lo alto, llevando en los labios el nombre de Jesús, los apóstoles se desparramaron por el mundo dispuestos a conquistarlo para su Maestro. El príncipe de este mundo fue vencido; su trono cayó desmoronado, los espíritus malignos fueron puestos en vergonzosa huida, los oráculos enmudecieron, los altares de los ídolos rodaron por el polvo y el reino de las tinieblas fue reducido a la impotencia.
Conversión de los pueblos.- Mayor aún fue el milagro de la conversión de los pueblos al cristianismo, esto es, la instauración del reino de Dios sobre las ruinas del reino de Satanás.
Los principios milenarios del paganismo fueron sustituidos por la sublime constitución de la moral cristiana.
El orgullo, la ambición, la inmoralidad del mundo antiguo cedieron su lugar a la humildad, la pobreza y la castidad. Surgieron por todas partes conventos y monasterios, y se contaron por millares sus habitadores. Los desiertos se poblaron de ermitaños y penitentes. Por millares se contaron los mártires de toda raza, sexo, edad y condición, que derramaron la sangre en testimonio de la santidad del nombre de Jesús.
No menos importantes son los efectos maravillosos que el santísimo nombre del Redentor produce todavía hay en el campo de las misiones, en las almas de los cristianos, en la conversión de los pecadores. Las palabras del Arcángel a San José: “Le pondrás por nombre Jesús, pues él es el que ha de salvar a su pueblo de sus pecados” (Mat., 1,21), tuvieron y siguen teniendo plena confirmación. Siempre se cumplió y continúa cumpliéndose lo que Cristo dijo: “Cualquier cosa que pidiereis al Padre en mi nombre, os la concederá” (Juan 16, 23).
Renovemos, por lo tanto, nuestra fe en el Santísimo nombre de Jesús. Invocadlo con frecuencia, especialmente en las luchas interiores, en las tentaciones, en todas las dificultades, y si alguna vez tuviereis la desgracia de caer en pecado mortal. Que el nombre de Jesús esté siempre en nuestro corazón y en nuestros labios. Sea él nuestro alimento y nuestra esperanza en la hora de la muerte, al exhalar el último suspiro, y sea nuestra más segura prenda de la eternidad bienaventurada.

TEXTOS DE LA MISA
Introito. Filipenses 2,10-11.  Al nombre de Jesús se doblan todas las criaturas del cielo, tierra e infierno; y toda lengua confiesa que nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. V/. Salmo.-  Oh Señor y Dios nuestro, cuán  glorioso es tu nombre en toda la tierra. V/. Gloria al Padre.

Colecta.- Oh Dios, que dispusiste que tu unigénito Hijo fuese el Salvador del mundo y se llamase Jesús; concédenos propicio gozar en los cielos de la vista de aquel cuyo santo nombre veneramos en la tierra. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

Epístola.  Hechos, 4, 8-12 – Al mismo tiempo que fuente de curación milagrosa, el nombre de Jesús es prenda de salvación para los que lo invocan. En la concepción antigua el  nombre era inseparable de la persona; el  nombre de Jesús participa, efectivamente, de sus prerrogativas divinas.
En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: Príncipes del pueblo y ancianos, escuchad: Ya que hoy se nos pide razón del bien que hemos hecho a un enfermo y se quiere saber por quién ha sido curado, os declaramos a todos y a todo el pueblo de Israel, que en nombre de nuestro Señor Jesucristo Nazareno, a quien crucificasteis, y Dios ha resucitado, se presenta sano ese hombre a vuestros ojos. Él es la piedra que vosotros, los constructores desechasteis, la cual ha venido a ser la piedra angular. La salvación no se halla en ningún otro. Pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.

Gradual. Salmo 105. 47. Isaías 63, 26.-  Sálvanos, Señor Dios nuestro, y recógenos entre las naciones, para que confesemos tu santo nombre y nos gloriemos en tus alabanzas. V/.  Tú, Señor, eres nuestro Padre y nuestro Redentor; tal es tu nombre desde siempre.
Aleluya. Salmo 144, 22- Aleluya, aleluya. V/. Cante mi boca las alabanzas del Señor; bendigan todos los mortales su santo nombre. Aleluya.

Evangelio. Luc.2.21.- “Se le llama con este nombre, no se le impone; de su misma esencia tiene el ser Salvador.” San Bernardo
En aquel tiempo llegado el día octavo, en que debía circuncidarse al niño, se le llamó con el nombre de Jesús, nombre que le dio el ángel, antes de ser concebido.

Ofertorio. Salmo 85 .12, 5.- Te alabaré Señor Dios mío con todo mi corazón, y glorificaré eternamente tu santo nombre, porque eres Señor suave y clemente, porque  eres rico en misericordia, para todos los que te invocan. Aleluya.

Secreta.-  Santifique tu bendición, oh clementísimo Dios, que sustenta a todas la criaturas, este nuestro sacrificio, que te ofrecemos a honra y gloria del nombre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo; a fin de que  redunde en alabanza agradable a tu majestad, y nos aproveche para nuestra salvación. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

Prefacio.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios visiblemente, Él nos lleve al amor de lo invisible, por eso, con los Ángeles y Arcángeles y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

Comunión. Salmo 85, 9-10.- Todas las gentes que has creado, vendrán y se postrarán delante de ti, y glorificarán tu nombre Señor; porque eres grande y hacedor de maravillas. Tú eres el único Dios.  Aleluya.

Poscomunión. - Oh Dios omnipotente y eterno, que nos has creado y redimido, atiende propicio a nuestros votos y dígnate recibir benignamente el sacrificio de la hostia saludable que hemos ofrecido a tu majestad, en honor del nombre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para que, por tu gracia en nosotros infundida y por virtud del glorioso nombre de Jesús, merezcamos,  a título de la eterna predestinación, que estén nuestros nombres inscritos en los cielos. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS (aun no está disponible)
COMENTARIO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA 1 2 3 4

GRABACIÓN DE LAS LECTURAS
  Most Holy Name of Jesus - Epistle
  Most Holy Name of Jesus - Gospel
I Y II VÍSPERAS

TEXTOS EN LATÍN

Sanctíssimi Nóminis Jesu
Dominica inter Circumcisiónem et Epiphaniam,
vel, si ipsa non occurat, die 2 Januarii
II Classis
Introitus: Philipp. ii: 10-11
In nómine Jesu omne genuflectátur, cæléstium, terréstrium, et infernórum: et omnis lingua confiteátur, quia Dóminus Jesus Chrístus in glória est Dei Patris. [Ps. 8:2] Dómine Dóminus noster: quam admirábile est nomen tuum in universa terra! v. Glória Patri. In nómine Jesu.
Oratio:
Deus, qui unigénitum Fílium tuum, constituísti humáni géneris Salvatórem, et Jesum vocári jussísti: concéde propítius; ut, cujus sanctum nomen venerámur in terris, ejus quoquo aspéctu perfruámur in cælis. Per eúmdem Dóminum.
Act. iv: 8-12
Léctio Actuum Apostolórum.
I
n diébus illis: Petrus replétus Spíritu Sancto, dixit: Príncepes pópuli et senióres audite: «Si nos hodie dijudicámur in benefácto hóminis infírmi, in quo iste salvus factus est, notum sit ómnibus vobis, et omni plebi Israël: quia in nómine Dómini nostri Jesu Christi Nazaréni, quem vos crucifixístis, quem Deus suscitávit a mórtuis, in hoc iste adstat coram vobis sanus. Hic est lapis qui reprobátus est a vobis ædificántibus: qui factus est in caput ánguli: et non est in álio áliquo salus. Nec enim áliud nomen est sub cælo datum homínibus, in quo opórteat nos salvos fíeri.»
Graduale Ps. cv: 47
Salvos fac nos, Dómine, Deus noster, et cóngrega nos de natiónibus: ut confiteámur nómini sancto tuo, et gloriémur in glória tua. v. [Isaias 63: 16] Tu, Dómine, pater noster, et redémptor noster: a sǽculo nomen tuum.
A
llelúja, allelúja. [Hebr. i: 1-2] Laudem Dómini loquétur os meum, et benedícat omnis caro nomen sanctum ejus. Allelúja.
In Missis votivis post Septuagesimam, omissis Allelúja, et versu sequenti, dicitur. Tractus: Ps. lxxvii: 20 et Cant. ii: 14
Dómine Deus virtútem, convérte nos: et osténde fáciem tuam in áuribus meis. Vox enim tua dulcis, et fácies tua decóra nimis. v. [Cant. i: 2] Oleum effúsum nomen tuum, Jesu: ideo adolescénte dilexérunt te.
Tempore autem Paschale omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja. [Hebr. i: 1-2] Laudem Dómini loquétur os meum, et benedícat omnis caro nomen sanctum ejus. Allelúja. v. ibid. Exaltábo te, Deus meus Rex: et benedícam nómini sancto tuo, Jesu, in sǽculum, et in sǽculum sǽculi. Allelúja.
Luc. ii: 21
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore: Postquam consummáti sunt dies octo, ut circumciderétur puer: vocátum est nomen eius Jesus, quod vocátum est ab Angelo priúsquam in útero conciperétur.
Credo.
Offertorium: Ps. lxxxv: 12 et 5.
Confitébor tibi, Dómine Deus meus, in toto corde meo, et glorificábo nomen tuum in ætérnum: quóniam tu, Dómine, suavis et mitis es: et multæ misericórdiæ ómnibus invocántibus te, allelúja.
Secreta:
Benedíctio tua, clementíssime Deus, qua omnis viget creatúra, sanctifícent, quǽsumus, hoc sacrifícium nostrum, quod ad glóriam nóminis Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi, offériums tibi: ut majestáti tuæ placére posit ad laudem, et nobis profícere ad salútem. Per eúmdem Dóminum.
Communio: Ps. xcvii: 3
Omnes gentes quascúmque fecísti, vénient, et adorábunt, coram te, Dómine, et glorificábunt nomen tuum: quóniam magnus es tu, et fáciens mirabília: tu es Deus solus. Allelúja.
Postcommunio:

Omnípotens ætérne Deus, qui creásti et redemísti nos, réspice propítius vota nostra: et sacrifícium salutáris hóstiæ, quod in honórem nóminis Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi, majestáti tuæ obtúlimus, plácido et benígno vultu suspcípere dignéris; ut grátia tua nobis infúsa, sub glorióso nómine Jesu, ætérnæ prædestinatiónis título gaudeámus nómina nostra scripta esse in cælis. Per eúmdem Dóminum.