jueves, 24 de diciembre de 2015

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo -Misa de medianoche- (25 de diciembre)

25 de diciembre
NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
-misa de medianoche-
I clase, blanco o dorado
Gloria. Credo. Prefacio de Navidad. Comunicantes propios: se dice Noctem Sanctissimam

Desde el tiempo de San Gregorio Magno (+604), la Iglesia romana celebra el día de Navidad con tres misas. La primera, a medianoche, en la basílica de Santa María la Mayor, donde se veneraba el pesebre de la gruta de Belén. En ella, el pensamiento capital es Cristo, el Niño de Belén nacido de la Virgen María e Hijo eterno y consustancial del Padre. En ella celebramos, por tanto, el nacimiento eterno y temporal del Señor. El introito alude al nacimiento eterno: En esta Misa tiene un sentido especial el Gloria, cántico de la noche de Navidad. Por eso se le acompla con repique de campanas. La Epístola nos relata la circunstancias emocionantes de esa aparación. Los textos aluden a varias clases de apariciones y nacimientos: el nacimiento según la carne de las entrañas purísimas de María; el nacimiento eterno en el seno del PAdre; y el nacimiento espiritual en las almas de los fieles, por medio de la gracia, que nos hace conformes a Aquel que tomó nuestra naturaleza.
TEXTOS DE LA MISA

Introito. Sal 2,7. El Señor me ha dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engredado hoy.- V/. Sal 2,1.- ¿Por qué se embrabecen las pueblos y maquinan las naciones planes vanos?. V/. Gloria al Padre.

Colecta. Oh, Dios, que hiciste resplandecer esta noche sacratísima con las claridades de Aquel que es la luz verdadera; dígnate concedernos que, después de conocer en la tierra los misterios de su luz, disfrutemos también de sus goces en el cielo. Que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Epístola. Tt 2, 11 – 15. Solemne anuncio de la aparición del Salvador del mundo, a quien debemos recibir esta noche con corazones limpios y demostraciones de afecto. Tanto esperarlo, por fin lo tenemos reclinado en el pesebre, iniciando la obra de nuestra redención. Carísimo: Se manifestó a todos los hombres la gracia de Dios, Salvador nuestro, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y píamente aguar- dando la esperanza bienaventurada, y el advenimiento glorioso del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de todo pecado, y purificarnos para sí mismo como pueblo agradable, seguidor de buenas obras. Estas cosas predica y exhorta, en Jesucristo Señor Nuestro.

Gradual. Sal 109, 3.1.- Contigo está el principado en el día de tu poderío en medio de los resplandores de los Santos; de mis entrañas te engendré antes que brillase el lucero de la mañana. V/. Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por peana de tus pies.

Aleluya, aleluya. – V/. Sal 2, 7.-  Señor me dijo: Mi Hijo eres tú: yo te he engendrado hoy. Aleluya.

Evangelio. Lc 2, 1-14. -Viaje de José y María a Jerusalén y nacimiento del Niño Jesús en Belén, en la pobreza extrema de un pesebre. EN aquel tiempo: salió un edicto de César Augusto para que fuese empadronado todo el imperio. Este primer empadronamiento fue hecho por Cirino, gobernador de la Siria; e iban todos a empadronarse cada cual a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, porque era de la casa y familia de David, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y estando allí aconteció que se cumplieron los días del alumbramiento. Y dio a luz a su Hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo recostó sobre un pesebre; porque no había lugar para ellos en la posada. Había unos pastores en aquella misma comarca, que estaban vigilando durante las velas de la noche y guardando su ganado; cuando he aquí que se puso junto a ellos un Ángel del Señor, y la claridad de Dios los cercó de resplandor, y tuvieron grande temor. Les dijo el Ángel: no temáis, porque vengo a anunciaros un grande gozo, que lo será también para todo el pueblo: porque hoy os ha nacido el Salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David. Esta será para vosotros la señal: hallaréis al Niño envuelto en pañales, y puesto en un pesebre. Y de pronto apareció con el Ángel una multitud de la milicia celestial, que alababan a Dios y decían: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad."

Ofertorio.- Sal 95, 11.13. Alégrense los cielos y regocíjese la tierra a la vista del Señor, porque ya vino.

Secreta. Que te sea agradable, oh Señor, nuestra oblación en la festividad de este gran día, para que mediante la generosidad de tu gracia, podamos, en virtud de este intercambio sacrosanto, revestir la forma de aquél a quien está unida nuestra sustancia. El cual contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Navidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, pues por el misterio del Verbo ha brillado a los ojos de nuestra alma un nuevo resplandor de tu gloria, para que, conociendo a Dios bajo una forma visible, sea­mos atraídos  por él al amor de las cosas invisibles. Y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar.
Comunión. Sal 109, 3.  En medio de los resplandores de los Santos, de mis entrañas te engendré, antes que el lucero de la mañana.

Poscomunión.- TE rogamos, Señor Dios Nuestro, nos concedas que, gozándonos de participar en los misterios de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, merezcamos, por una santa vida, llegar a la perfecta unión con Él que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.