jueves, 2 de junio de 2016

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús


FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
(I clase, blanco)
Gloria, Credo y Prefacio del Sagrado Corazón de Jesús.

En el Siglo XVI, el calvinismo, y en el siglo XVII, el jansenismo, habían predicado un cristianismo desfigurado. En lugar del amor universal de Dios que entrega a su Hijo para la salvación de los hombres, no había más que temor y angustia ante el pensamiento de la exclusión inexorable para una gran parte de la humanidad.  A estas negaciones opuso siempre la Iglesia el amor infinito del Salvador muerto en la cruz por todos los hombres. La institución de la fiesta del Sagrado Corazón debía contribuir muy pronto a crear entre los fieles una poderosa corriente de devoción que desde entonces no ha cesado de desarrollarse.  San Juan Eudes había compuesto ya un primer oficio con su misa. Pero fue en el año 1675 a raíz de las apariciones de nuestro Señor a Santa María Margarita cuando se instituyó la fiesta. En 1856 Pio IX la extendió a la Iglesia Universal y en 1928 Pio XI la elevó al rango de 1ra clase. “He ahí el Corazón que tanto ha amado a los hombres” había dicho nuestro Señor. Los textos de la misa evocan magníficamente la profundidad y la extensión de esta amor del Salvador.
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A la fiesta del Corpus la sagrada liturgia añade, como una prolongación de la misma, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El objeto de esta fiesta es el Corazón de Jesús, es decir, el Corazón físico del Hombre Dios, junto con la humanidad y la divinidad de Jesús, considerado como un miembro vivo y unido al todo orgánico. El Corazón corpóreo de Jesús como símbolo y expresión del amor de Cristo a los hombres, manifestado sobre todo en la Redención por la cruz y en el misterio de la Santísima Eucaristía: he aquí el verdadero objeto de la fiesta. En el Corazón de Jesús, pues, vemos, en último término, la misma persona de Jesús, la persona divina que, bajo el símbolo de su Corazón de carne, nos muestra el amor, divino y humano, de Jesús hacia nosotros. Los misterios de la Encarnación, de la resurrección y de nuestra eterna posesión y goce de la vida divina, se fundan, en último resultado, en el único misterio del Amor del Salvador hacia nosotros. Y con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús no pretendemos otra cosa que honrar este Amor divino-humano, y sumergirnos en él.

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Ps. 32, 11 Y 9. - Los designios misericordiosos de su Corazón se cumplen perpetuamente, para librar sus almas de la muerte y sustentarlos en tiempo de ham­bre. (T.P. Aleluya, aleluya). – Salmo. Ibid.,.,1.- Alegraos, justos, en el Señor; cae bien la alabanza en los de recto corazón.  Gloria al Padre.

Oración. - Oh Dios. que os dignasteis otorgarnos bondadosamente los infinitos tesoros de vuestro amor, en el Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestros pecados; concedednos, os suplicamos, que, al ofrecerle el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el obsequio de una digna reparación. Por el mismo S. N. J. C ...

Epístola. Ef. 3, 8-19. - Hermanos: A mí, el más insignificante de todo el pueblo santo. se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios; según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en Él. Por eso doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu: robusteceros en lo profundo de vuestro ser; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento y así, con todo el pueblo de Dios, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la Plenitud total de Dios.

Gradual. Sal. 24, 8-9. - El Señor es bueno y recto, señala el camino a los descarriados, guía en la justicia a los humildes, enseña su camino a los afligidos. –

Aleluya. aleluya. Mt. 11,29. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que tengo un corazón amable y sencillo, y encontraréis la paz del alma. Aleluya.

Desde Septuagésima a Pascua, en vez de Aleluya, se dice:
Tracto. Sal. 102, 8-10. - El Señor es com­pasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados. no nos paga según nuestras culpas.
En tiempo Pascual, se omite el Gradual y se dice:
Aleluya, aleluya. Mt. 11, 29 Y 28. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que tengo un corazón amable y sencillo, y encontraréis la paz del alma. Aleluya. Venid a mí los fatigados, los agobiados, que yo os aliviaré. Aleluya.

Evangelio. Juan. 19, 31-37. - En aquel tiempo los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con Él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado  y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y Él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: "No le quebrarán  un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron."

Ofertorio. Ps. 68, 21. - Desprecios e in­gratitudes recibió mi Corazón: y esperé,  por si alguno se condoliese conmigo, y no lo hubo. Busqué quién me consolase y no lo hallé.
En las Misas del Tiempo Pascual, se dice:
Ofertorio. Ps. 39, 7-9. - No pediste víctimas por el pecado; y entonces dije Yo: Aquí estoy: al principio del libro está escrito de Mí, para que se cumpla vuestra voluntad. Sí, así lo quise, Dios mío, y vuestra Ley está escrita en medio de mi corazón. Aleluya.

Secreta. - Os rogamos, Señor. Que miréis al inefable amor del Corazón de vuestro amado Hijo; para que lo que os ofrecemos os sea así un obsequio agradable y expiación por nuestros pecados. Por el mismo S. N. J. C 

Prefacio del Corazón de Jesús.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has querido que tu Hijo Único, clavado en la Cruz, fuera traspasado por la lanza del soldado, para que su corazón abierto, santuario de la generosidad divina, derramara sobre nosotros torrentes de gracia y de perdón; y ya que nunca cesó de arder por amor nuestro, fuera descanso para los que te aman y, para los que se arrepienten, refugio siempre abierto de salvación. Por eso con los Ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Comunión. Juán. 19,34. Los soldados abrió su costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.
En las Misas votivas del Tiempo Pascual sé dice:
Comunión. Juán. 7,37.- Si alguno tiene sed, venga a Mí, y beba,.aleluya, aleluya.

Poscomunión. - Señor Jesús, infundan vuestros Misterios en nuestras almas un divino fervor, con el cual, gustada la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial.

SACRATISSIMI CORDIS JESUI classis 

Introitus: Ps. xxxii: 11 et 19
Cogitatiónes Cordis ejus in generatióne et generatiónem: ut éruat a morte ánimas eórum et alat eos in fame. [Ps. ibid. 1] Exsultáte, justi, in Dómino, rectos decet collaudátio. Gloria Patri. Cogitatiónes.
Collect:
Deus qui nobis, in Corde Fílli tui, nostris vulneráto peccátis, infinítos dilectiónis thesáuros misericórditer largíri dignáris; concéde, quǽsumus, ut illi devótum pietátis nostræ præstántes obséquium, dignæ quoque satisfactiónis exhibeámus offícium. Per eúmdemDóminum.
Ephes. iii: 8-12, 14-19
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Fratres:Mihi ómnium sanctórum mínimo data est grátia hæc, in géntibus evangelizáre investigábiles divítias Christi: et illumináre omnes, quæ sit dispensátio sacraménti abscónditi a sǽculis in Deo qui ómnia creávit: ut innotéscat principátibus et potestátibus in cæléstibus per ecclésiam multifórmis sapiéntia Dei: secúndum præfinitiónem sæculórum quam fecit in Christo Jesu Dómino nostro, in quo habémus fidúciam et accéssum in confidéntia per fidem eius…. Hujus rei grátia flecto génua mea ad Patrem Dómini nostri Jesu Christi, ex quo omnis patérnitas in cælis et in terra nominátur: ut det vobis secúndum divítias glóriæ suæ, virtúte corroborári per Spíritum ejus in interiórem hóminem: Christum habitáre per fidem in córdibus vestris: in caritáte radicáti et fundáti: ut possítis comprehéndere, cum ómnibus sanctis, quæ sit latitúdo, et longitúdo, et sublímitas, et profúndum: scire étiam supereminéntem sciéntiæ caritátem Christi, ut impleámini in omnem plenitúdinem Dei.
Graduale Ps. xxiv: 6-9
Dulcis et rectus Dóminus, propter hoc legem dabit delinquéntibus in via. V. Diriget mansuétos in judício, docébit mites vias suas.
Allelúja, allelúja. [Matth. xi: 29 et 28] Tóllite jugum meum super vos et díscite a me, quia mitis sum, et húmilis Corde, et inveniétis réquiem animábis vestris. Allelúja.
Post Septuagesima omissis Allelúja et versu sequenti dicitur
Tractus: Ps. cii: 8-9
Miséricors et miserátor Dóminus, longánimis et multum miséricors. V. Non in perpétuum irascétur, neque in ætérnum comminábitur. V. Non secúndum peccáta nostra fecit nobis, neque secúndum iniquitátes nostras retríbuit nobis.
Tempore autem Paschali, omissis Graduali et Tractu dicitur
Allelúja, allelúja. [Matth. xi: 29 et 28] Tóllite jugum meum super vos et díscite a me, quia mitis sum, et húmilis Corde, et inveniétis réquiem animábis vestris. Allelúja. V. Veníte ad me, omnes qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos. Allelúja.
+ Joann. xix: 31-37Sequéntia sancti Evangélii secundum Joánnem.
In illo témpore: Judǽi ergo quóniam Parascéve erat, ut non remanérent in cruce córpora sábbato, erat enim magnus dies ille sábbati, rogavérunt Pilátum ut frangeréntur eórum crura et tolleréntur. Venérunt ergo mílites, et primi quidem fregérunt crura et altérius qui crucifíxus est cum eo. Ad Jesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum jam mórtuum, non fregérunt ejus crura: sed unus mílitum láncea latus ejus apruit, et contínuo exívit sanguis et aqua. Et qui vidit testimónium perhíbuit: et verum est testimónium ejus. Et ille scit quia vera dicit, ut et vos credátis. Facta sunt enim hæc ut Scriptúra implerétur: «Os non comminuétis ex eo.» Et íterum alia scriptúra dicit: «Videbunt in quem transfixerunt.»
Credo.
Offertorium: Ps. lxviii: 21.
Impropérium exspectávit Cor meum misériam, et sustínui qui simul mecum contristarétur et non fuit: consolántem me quæsívi et non invéni.
Tempore vero Paschali: Offertorium: Ps. xxxix: 7-9.
Holocáustum et pro peccáto non postulásti: tunc dixi: «Ecce vénio. In cápite libri scriptum est de me ut fácerem voluntátem tuam: Deus meus, vólui et legem tuam in médio Cordis me.» Allelúja.
Secreta:
Respice, quǽsumus, Dómine, ad ineffábilem Cordis dilécti Fílli tui caritátem: ut quod offérimus sit tibi munus accéptum et nostrórum expiátio delictórum. Per eúmdem Dominum.
Præfatio de Sacratissimo Corde Jesu,
Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui unigénitum tuum, in Cruce pendéntem, láncea mílitis transfígi voluísti, ut apértum Cor, divínæ largitátis sacrárium, torréntes nobis fúnderet miseratiónis et grátiæ, et quod amóre nostri flagráre numquam déstitit, piis esset réquies et pœniténtibus patéret salútis refúgium. Et ideo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cæléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:
Communio: Joann. xix: 34
Unus mílitum láncea latus ejus apéruit, et contínuo exívit sanguis et aqua.
Tempore Paschalis: Communio: Joann. vii: 37
Si quis sitit, véniat ad me et bibat, allelúja, allelúja.
Postcommunio:
Prǽbeant nobis, Dómine Jesu, divínum tua sancta fervórem: quo dulcíssimi Cordis tui suavitáte percépta, discámus terréna despícere, et amáre cæléstia: Qui vivis.

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