jueves, 27 de abril de 2017

II domingo de Pascua. Domingo del Buen Pastor

Segundo Domingo después de Pascua
El buen pastor

El Evangelio de este domingo es uno de los más bellos que la Sagrada Escritura nos ofrece. En él, Jesucristo, presentándose en figura de un buen pastor, nos declara su amor. El mismo Jesucristo afirma que su amor no tiene en cuenta los sacrificios, ni reconoce límites, ni admite excepción alguna
EL AMOR NO REPARA EN SACRIFICIOS.- En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: "Yo soy el buen pastor" (Juan, 10, 11). ¡Qué contraste tan pronunciado se nos presenta en las primeras palabras del Evangelio!: Jesús y los Fariseos; éstos, los pastores egoístas, duros y soberbios de la casa de Israel; Jesús, el Salvador del mun¬do, el buen Pastor.
Poco antes había Jesús dado la vista a un pobre ciego de nacimiento, cuyos ojos se abrieron al mismo tiempo a la luz del día y a los esplendores de la fe. Aquellos fariseos, pastores de Israel, respondieron a este gran beneficio, expulsando de la sinagoga  al nuevo discípulo de Jesús, y excomulgándolo formalmente. Jesucristo da una buena lección a tan caritativos pastores, queriendo convencerles de la injusticia que cometía al perseguirle a El y a sus discípulos.
1. El Pastor prometido a Israel-. Yo soy el buen  pastor, dice el maestro, con la sencillez y majestad que le caracterizan. Soy aquel gran pastor que anunciaron los Profetas: "Estableceré sobre mis ovejas un solo pastor que las apaciente, esto es el hijo de David, siervo mío: él mismo las apacentará y él será su pastor" (Ezeq. 34, 23).
El pastor prometido a Israel será un buen pastor. El Salmista lo ensalza en términos elogiosos. "El Señor me pastorea, nada me faltará. El me ha colocado en lugar de pastos; me ha conducido junto a unas aguas que restauran y recrean. Convirtió a mi alma. Me ha conducido por los senderos de la justicia, para gloria de su nombre" (XXII, 1-3).
2.  Jesús dio la vida por sus ovejas.- Aquel buen pastor prometido "soy yo", dice Jesús, y probó esta aserción con títulos de derechos más que sobrado, "el buen pastor da la vida por sus ovejas" (Juan, 10, 11). ¿Acaso no cumplió El su palabra? Bien sabemos que sí, y conocemos perfectamente la buena nueva de nuestra salvación: Cristo, Hijo de Dios, murió por nosotros en la cruz, y con su muerte dolorosa y sangrienta nos libró de la muerte eterna. Todos los años la Iglesia conmemora solemne¬mente esta obra de infinito amor. Llena de gratitud recita en el día de Viernes Santo estas palabras: "¡Oh inefable obra de caridad! Para rescatar al siervo, oh Padre eterno, condenasteis a vuestro Hijo". Jesús dijo en cierta ocasión: "Nadie tiene amor más grande, que el que da su vida por sus amigos" (Juan, 15, 13). Efectivamente, sacrificar uno su vida por aquellos a quienes ama, es lo más grande que se puede hacer. ¿Quién de nosotros estaría dispuesto a dar su vida por la   persona amada?
3. Jesús dio la vida por sus enemigos.- El amor de Jesús fue más allá todavía. Comprendiéndolo así, San bernardo, en dulce coloquio con Jesús, le dijo: "TU amor llegó aún más lejos; a nosotros, que éramos tus enemigos, nos reconciliaste con tu Padre". Jesús llegó a sacrificar su vida para dársela a sus enemigos. El mundo no conoce mayor generosidad; el ejemplo de Jesús es único en la historia. Es el ejemplo de un amor que no repara en sacrificios; de un amor que todo lo sacrifica, hasta la misma vida, para salvar a sus ovejas que cayeron en poder del enemigo.
4. Mercenarios: Avaricia y ambición. iCuán diferente es el amor de Jesús del de aquellos pastores de Israel, a quienes propuso la parábola del buen Pastor! "El mercenario, y el que no es el propio pastor, de quien no son propias las ovejas, en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño. El mercenario huye, por la razón de que es asalariado, y no tiene interés alguno en las ovejas" (Juan X, 12-13). La indirecta era bien clara, los malos pastores, los mercenarios eran ellos, los sacerdotes y los fariseos, que sólo buscaban la leche y lana de las ovejas, y para nada se cuidaban de las almas inmortales. No atendían, en su oficio de pastores, a los valores eternos del rebaño confiado a sus cuidados, sino a los provechosos materiales que satisfacían su avaricia y ambición. Vino efectivamente el lobo, y ellos huyeron, puso Satanás obrar con entera libertad y destrozar las almas, sin hallar la menor resistencia. Jesús encontró a las ovejas de Israel, sin pastor, sin defensa y sin consejo. Compadecido de ellas, se convirtió en su cariñoso pastor.
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Este domingo ha sido designado con el nombre de Domínica del Buen Pastor, porque en ella se lee el pasaje del Evangelio en que Jesucristo designa a sí mismo con este amable título. Nombre muy apropiado por cierto a Jesús en relación con la obra que realizó durante los cuarenta días después de la Resurrección. En éstos fundó y consolidó la Iglesia, fiel depositaria de su doctrina y continuadora de la obra de la redención y Jesucristo comienza por constituirse a sí mismo Pastor que había de gobernar hasta el fin de los siglos. La alegría que la Iglesia siente al solo recuerdo del Buen Pastor, es la nota dominante en la Liturgia de este domingo. El Introito, formado por las palabras del profeta David, canta las misericordias del Señor que se extienden a todos los pueblos, mediante la Iglesia, fundada en los Apóstoles representados, según el lenguaje simbólico de las Escrituras por los cielos. En la Epístola, que está tomada de la carta de San Pedro, nos une el modelo de este Buen Pastor, que va delante de sus ovejas, para que sigamos sus ejemplos recordándonos cómo el serlo le costó los padecimientos y humillaciones de la Pasión. Los títulos  por los que se ha hecho acreedor a este nombre dulcísimo, van indicados y explicados por El mismo en el Evangelio de San Juan: Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por sus ovejas; y las defiende de lobo, las conoce y sabe a sus necesidades; las busca cuando alguna se extravía y las conduce al aprisco. Tanto en los Aleluyas como en la Poscomunión se celebran estas cualidades de nuestro Buen Pastor, que nos alimenta con el pan celestial de su cuerpo, y en ello le conocemos como los discípulos de Emaús. Por esto no se cansa la Iglesia de repetir una y otra vez las mismas palabras del Salvador: Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí, aleluya. Que siempre seamos sus fieles ovejas, siguiendo sus amorosas inspiraciones, escuchando sus palabras, practicando sus ejemplos, comiendo su manjar divino, y apacentándonos de sus pastos saludables, para que, consiguiendo la gracia de la nueva vida, podamos siempre gloriarnos con tan rico don en el eterno “aprisco”, que lo que la Iglesia pide en la última plegaria.


TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Salm. 32.5-6,1 .-  Toda la tierra está llena de la misericordia del Señor, aleluya; la palabra del Señor ha hecho los cielos, aleluya, aleluya.  Salmo.- Regocijaos, justos, en el Señor;  a los rectos de corazón conviene alabarle, V/.  Gloria.

Colecta.-  El abatimiento del hijo levanta al mundo. Al entregarse Jesús para la salvación de los que le ha confiado su Padre, se revela como el verdadero pastor prometido por Dios a su pueblo. Oh Dios!, que con la humillación de tu Hijo has elevado al mundo abatido: concede a tus fieles perpetua alegría, para que hagas gozar de una felicidad sin fin a los que libraste de caer en la muerte eterna. Por el mismo Señor nuestro.

Epístola. 1 Pdr.2.21-25.-  San Pedro aplica a Jesús, “cuyas heridas no han curado”, la profecía del profeta Isaías sobre el Mesías paciente.
Carísimos: Cristo también padeció por nosotros, dándoos ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado alguno, ni se halló engaño en su lengua; él, cuando le maldecían, no maldecía; cuando le atormentaban, no amenazaba, antes se ponía en manos del que le sen­tenciaba injustamente; él llevó la pena de nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, a fin de que muertos a los pecados, viviésemos para la justicia; por sus llagas fuisteis sanados. Andabais como ovejas descarriadas, mas ahora os habéis convertido al Pastor y custodio de vuestras almas.

Aleluya.- Aleluya, aleluya, V/. Co­nocieron los discípulos al Señor al partir el pan. Aleluya, V/. Yo soy el buen Pastor, conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí, aleluya.

Evangelio. Juan 10.11-16.- «Yo conozco mis ovejas; es decir, las amo -aclara san Gregorio-. Y mis ovejas me conocen. Me aman y me siguen. Ahora bien, hermanos: mirad a ver si realmente sois vosotros de sus ovejas, si le amáis, si le seguís.» Homilía de maitines.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a los fariseos: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por sus ovejas. Pero el mercenario, el que no es pastor propio, como no son suyas las ovejas, en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño; el mercenario huye, porque es asalariado y no tiene interés en las ovejas. Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen a mí, así como me conoce a mí mi Padre y yo conozco a mi Padre. Yo doy mi vida por mis ovejas. Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco, las cuales debo recoger; y oirán mi voz, y se hará un solo rebaño y un solo pastor.      Credo.

Ofertorio. Salm. 62.2,5  Señor, Dios mío te busco desde la aurora;  yo levanto mis manos invocando tu nombre, aleluya.

Secreta.-  Confiéranos siempre, ¡oh Señor!, esta oblación santa una bendición saludable a fin de que produzca realmente el efecto del misterio que representa. Por nuestro Señor.

Prefacio de Pascua.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero con más gloria que nunca en este tiempo en que se ha inmolado Cristo, nuestra Pascua. El cual es el verdadero Cordero que quitó los pecados del mundo y que, muriendo, destruyó nuestra muerte, y, resucitando, reparó nuestra vida. Por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo.

Comunión. Juan 10.14.- Yo soy el buen Pastor, aleluya; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, aleluya, aleluya.

Poscomunión. Te pedimos, ¡oh Dios todopoderoso! Nos concedas que, habiendo recibido la gracia de tu vivificación, podamos siempre gloriarnos de conservar este don divino. Por nuestro Señor JEsucristo.

Propios de la misa on-line MP3
Comentario del Cardenal Schuster
Sugerencias para la homilía Sermón de San Antonio de Padua
Partituras de las oraciones y lecturas
Grabaciones de las lecturas
Epístola
Evangelio
I Vísperas  II Vísperas Propio de Pascua Propio del Domingo

TEXTOS EN LATÍN


Dominica Secunda post Pascha
II Classis
Introitus: Ps.xxxii: 5-6
Misericórdia Dómini plena est terra, allelúja: verbo Dómini cæli firmáti sunt, allelúja, allelúja. [Ps. ibid., 1]. Exultáte justi, in Dómino: rectos decet collaudátio. Glória Patri. Misericórdia.
Oratio:
Deus, qui in Fílii tui humilitáte jacéntem mundum erexísti: fidélibus tuis perpétuam concéde lætítiam; ut, quos perpétuæ mortis eripuísti cásibus, gáudiis fácias pérfrui sempitérnis. Per Dóminum.

1 Petr. ii 21-25
Léctio Epístolæ beáti Petri Apóstoli.
Caríssimi: Christus passus est pro nobis, vobis relínquens exémplum, ut sequámini vestígia ejus. Qui peccátum non fecit, nec invéntus est dolus in ore ejus: qui, cum maledicerétur, non maledicébat: cum paterétur non comminabátur: tradébat autem iudicánti se injúste, qui peccáta nostra ipse pértulit in córpore suo super lignum: ut peccátis mórtui, justítiæ vivámus: cujus livóre sanáti estis. Erátis enim sicut oves errántes, sed convérsi estis nunc ad pastórem et epíscopum animárum vestrárum.
Allelúja, allelúja. [Luc. xxiv: 35] Cognovérunt discípuli Dóminum Jesum in fractióne panis. Allelúja. [Joann. x: 14] Ego sum pastor bonis: et cognósco oves meas, et cognóscunt me meæ. Allelúja.
Joann. x: 11-16
9
 Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: Dixit jesus pharisǽis: “Ego sum pastor bonus. Bonus pastor ánimam suam dat pro óvibus suis. Mercenárius autem et qui non est pastor, cujus non sunt oves própriæ, videt lupum veniéntem, et dimíttit oves et fugit: et lupus rapit et dispérgit oves: Mercenárius autem fugit, quia mercenárius est, et non pértinet ad eum de óvibus. Ego sum pastor bonus et cognósco meas et cognóscunt me meæ. Sicut novit me Pater et ego agnósco Patrem: et animam meam pono pro óvibus meis. Et álias oves hábeo, quæ non sunt ex hoc ovíli: et illas opórtet me addúcere, et vocem meam áudient, et fiet unum ovíle et unus pastor.”
Credo.
Offertorium: Ps. lxii: 2 et 5.
Deus, Deus meus, ad te de luce vígilo: et in nómine tuo levábo manus meas, allelúja.
Secreta:
Benedictiónem nobis, Dómine, cónferat salutárem sacra semper oblátio: ut, quod agit mystério, virtúte perfíciat. Per Dóminum.
Communio: Joann. l0: 14
Ego sum pastor bonus, allelúja: et cognósco oves meas, et cognóscunt me meæ, allelúja, allelúja.
Postcommunio:

Præsta nobis, quǽsumus, omnípotens Deus: ut vivificatiónis tuæ grátiam consequéntes, in tuo semper múnere gloriémur. Per Dominum.