miércoles, 4 de noviembre de 2020

Domingo XXIII después de Pentecostés


XXIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

II clase, verde

Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

“Jesús, dueño de la vida, tomó de la mano a la niña muerta, y esta se levantó. También es para nosotros fuente de vida eterna. Las palabras que leemos en el Introito nos declaran hermosamente la bondad infinita de Dios y el poder de la oración. Dios es el Autor de la paz; por lo mismo a Él debemos acudir siempre que nos sobrevenga alguna aflicción. Él ha prometido atender a nuestras oraciones. En la Epístola nos exhorta San Pablo a la mortificación, a la imitación de sus virtudes, a que tengamos nuestro corazón ocupado en los bienes, no de la tierra, sino en los verdaderos, que son los del cielo. Es esta Epístola un hermoso y breve programa de la vida cristiana. El poder maravilloso de Jesús, su divina omnipotencia, su bondad sin límites, resplandecen admirablemente en el Evangelio. Si deseamos la salud así del alma como del cuerpo, vayamos a Jesús. Él es en verdad Médico divino.

El tiempo después de Pentecostés es imagen de la larga peregrinación que la Iglesia recorre hasta llegar al cielo, y estos Domingos describen sus últimas etapas. Por eso precisamente se leen por ahora en el Breviario los escritos de los Profetas mayores y menores, que nos anuncian lo que ocurrirá hacia el fin del mundo.

Cuando los caldeos hubieron deportado los judíos a Babilonia, recorrió JEREMÍAS las ruinas de Jerusalén, pronunciando sus Lamentaciones y diciendo: “Mira, Señor, que ha caído postrada en la desolación la ciudad antes nadando en riquezas, que está asentada en la tristeza la señora de las Naciones. Llorando está día y noche, y sus lágrimas surcan sus mejillas” (Resp. 2º, Dom. 1º de nov.).

Pero el mismo Profeta canta sobre esas ruinas el advenimiento del Mesías, el cual habrá de restaurar todas las cosas: “El Señor ha redimido a su pueblo y le ha libertado; y vendrán y saltarán de júbilo en el monte Sión y se alegrarán con los bienes del Señor” (Resp. 1º, Lun. 2º sem.). Además, Jeremías fue una figura de las más expresivas de Jesús paciente, y grande su prestigio de santidad.

Uno de los cautivos de Babilonia fue el sacerdote EZEQUIEL. Había éste vaticinado el cautiverio de su pueblo de Israel, cuando dijo: “Ahora el fin viene sobre ti (Jerusalén), y enviaré mi furor contra ti, y te juzgaré según tus caminos, y no tendré conmiseración de ti” (1ª lec., Miérc. 2ª sem.). Ezequiel tiene páginas en extremo consoladoras, en que nos habla de la bondad divina para con el pecador, y cómo no quiere sino “que el impío salga de su mal camino, y que viva”. Entre las muchas y muy misteriosas visiones y profecías con que fue favorecido del cielo, tuvo Ezequiel una en que el Señor le mostró sobre un alto monte el Templo futuro, indicándole el culto perfecto que de su pueblo esperaba el día que Él lo volviese a plantar en las colinas eternas de Sión (1ª lec., Viern. 2ª sem.).

DANIEL que estuvo también cautivo en Babilonia, fue gran privado del rey Nabucodonosor, haciéndose querer y distinguiéndose por sus grandes prendas y por su apego a la santa Ley de Dios, pues, a trueque de guardarla, no temió perder la privanza regia, ni bajar al foso de los leones. Dios los amansaría; y Dios los amansó y nada le hicieron. “Varón de grandes deseos”, el Señor le favoreció siempre y dióle la gracia de interpretar los sueños. Él descifró el enigma del sueño de Nabucodonosor, en que vio una piedrecita rodada del monte derribar la estatua magna hecha de oro, de plata, de hierro y de barro. Esa piedrecita era figura de Cristo, el cual, en la humildad de su carne mortal, derrumbó al mundo y al demonio con todo su poderío, a esos colosos de mucha apariencia y de poca consistencia representados en la estatua misteriosa (Lun. 3ª sem.). También acabó con el ídolo Dagón, o sea, que dio al traste con el demonio y con todo su imperio, anunciando de un modo certero la próxima venida de Cristo Rey, fijando el número de semanas de años que faltaban hasta su venida.

La profecía de Oseas se lee también en estos días (4ª sem. de nov.). Oseas anunció asimismo la ruina del reino de Israel y la vocación de los gentiles a la religión verdadera, de ese pueblo antes maldito pero a quien se dirá algún día : “ Vosotros sois los hijos del Dios vivo” (Noct. 1°, 4ª sem.). También afirma el santo profeta que los mismos judíos carnales al fin creerán en el único Dios verdadero, en Cristo, reconociendo al que es piedra angular, que vino a derrumbar la valla de separación que dividía al pueblo judío del gentil; pues todos, por la gracia de Cristo, podrán ser hijos de Abrahán según el espíritu, y compartir sus promesas. (S. Agustin).

Afirma también Oseas que “los hijos de Israel se quedarán durante largos días sin rey y sin príncipe, sin sacrificio y sin altares, sin sacerdocio y sin profecías”. Y ¿quién no ve todo esto cumplido al pie de la letra? (3º Noct.. 4ª sem.).

Oseas tuvo asimismo atisbos certeros de la resurrección futura, cuando dijo: “Venid y volvamos al Señor, porque Él que nos tomó, nos sanará; Él que nos hirió nos curará. Nos vivificará después de dos días, en el día tercero nos resucitará y viviremos junto a Él”.

Esto, en parte, ya se ha verificado al resucitar Cristo nuestra Cabeza; pero se realizará más cumplidamente en el día de la resurrección general de los cuerpos, al fin de los tiempos, representados en estos postreros días del ciclo litúrgico.

Veamos ahora de explicar la misa de hoy a la luz de las enseñanzas anteriores. Que los gentiles serán llamados al reino de Dios y curados antes que los mismos judíos, nos lo dice el Evangelio en que vemos al Señor sanando antes a la hemorroísa gentil que a la hija de Jairo. Jesús pasó a los gentiles cuando se vio desechado por los judíos, haciéndose con ello indignos de la vida eterna.

Todo en la Epístola nos habla de las esperanzas que abrigamos para el último día, si no hacemos de esta tierra nuestro paraíso de delicias. Todos resucitaremos, como la hija de Jairo, “al oir la voz del hijo de Dios” (Joan.). Aquel día supremo reunirá Dios los cautivos dispersos (Ant. de Entrada), cesará el cautiverio de Jacob (Ant. de Entrada), y Dios nos librará de los que nos odian (Grad.).

Ahora en el destierro, los pueblos han clamado al Señor pidiéndole les oiga (Alel., Ant. del Ofertorio) y como “la redención de Dios es copiosa, Él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades”. Todos estamos interesados en esta magna obra de nuestra salud, que de continuo se opera universal y privadamente. Pidamos a Dios con la Iglesia “que continúe hasta la perfección la obra que, sin mérito alguno de nuestra parte, ha comenzado en nosotros” (Secr.).

 

INTROITO Jeremías 29, 11-12. 14. Salmo 84, 2.

DICIT DÓMINUS: Ego cogito cogitatiónes pacis et non adflictiónis. Invocabitis me et Ego exaudiam vos et reducam captivitatem vestram de cunctis locis. V/. Benedixisti, Dómine, terram tuam: avertisti captivitátem Jacob. V/. Glória Patri et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amén.

DICE EL SEÑOR: Yo tengo designios de paz sobre vosotros, y no de aflicción; me invocaréis y Yo os escucharé; os haré volver del cautiverio y os reuniré de todos los lugares adonde os había desterrado. V/. Habéis bendecido, Señor, vuestra tierra; habéis acabado con el cautiverio de Jacob. V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

COLECTA

Absólve, quǽsumus, Dómine, tuórum delicta populórum: ut a peccatórum néxibus, quæ pro nostra fragilitáte contráximus, tua benignitáte liberémur. Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. R/. Amen.

Perdona, Señor, los pecados de vuestro pueblo, para que, por tu bondad, seamos libres de los pecados, que habíamos contraído por nuestra fragilidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. R/. Amén.

 

EPISTOLA Filipenses 3, 17-21

LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PAULI APÓSTOLI AD PHILIPPÉNSES.

Fratres: Imitatóres mei estóte et observáte eos qui ita ámbulant, sicut habétis formam nostram. Multi enim ámbulant, quos sæpe dicébam vobis (nunc autem et flens dico) inimícos crucis Christi: quorum Deus venter est: et glória in confusióne ipsórum, qui terréna sápiunt. Nostra autem conversátio in cælis est: unde étiam Salvatórem expectámus Dóminum nostrum Jesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostræ configurátum córpori claritátis suæ, secúndum operatiónem qua étiam possit subjícere sibi ómnia. Itaque, fratres mei caríssimi, et desiderantíssimi, gaudium meum, et corona mea: sic state in Dómino, carissimi. Euvódiam rogo, et Sýntychen déprecor idípsum sápere in Dómino. Etiam rogo et te, germáne compar, ádjuva illas, quae mecum laboravérunt in Evangélio cum Cleménte, et céteris adjutóribus meis, quorum nómina sunt in libro vitæ.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIPENSES.

Hermanos: Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en mí. Porque, como os decía muchas veces y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la Cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos. Ruego a Evodia y ruego a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, leal compañero, te pido que ayudes a estas mujeres, que compartieron conmigo la lucha por el evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el Libro de la Vida.

 

GRADUAL. Salmo  43, 8-9.

LIBERÁSTI NOS, Dómine, ex adfligéntibus nos: et eos qui nos odérunt confudisti. In Deo laudábimur tota die et in nomine tuo confitébimur in sæcula.

NOS SALVASTE, Señor, de nuestros enemigos, humillaste a los que nos aborrecen. Todos los días nos gloriamos en el Señor, siempre damos gracias a tu nombre.

 

ALELUYA. Salmo 129,1

ALLELÚIA, ALLELUIA. V/. De profúndis clamávi ad te, Dómine; Dómine, exaudi oratiónem meam.  Allelúja.

ALELUYA. ALELUYA. V/. Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz. Aleluya. Aleluya.

 

EVANGELIO Mateo 9, 18-26

SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM MATTHAEUM.

R. Gloria tibi, Domine.

In illo témpore: Loquénte Jesu ad turbas, ecce princeps unus accéssit et adorábat eum, dicens: "Filia mea modo defúncta est: sed veni, inpone manum tuam super eam, et vivet." Et surgens Jesus sequebátur eum, et discipuli eius. Et ecce múlier, quæ sánguinis fluxum patiebátur duódecim annis, accéssit retro, et tétigit fímbriam vestiménti ejus. Dicébat enim intra se: "Si tetígero tantum vestiméntum ejus, salva ero." At Jesus convérsus, et videns eam, dixit: "Confíde, fília, fides tua te salvam fecit." Et salva facta est múlier ex illa hora. Et cum venísset Jesus in domum príncipis, et vidisset tibícines, et turbam tumultuántem, dicebat: "Recédite: non est enim mórtua puélla, sed dormit. Et deridébant eum. Et cum ejécta esset turba, intrávit et ténuit manum ejus. Et surréxit puélla. Et éxiit fama hæc in univérsam terram illam.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO.

R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, se acercó un personaje que se postró ante y le dijo; Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá. Jesús se levantó y lo acompañaba con sus discípulos. Entonces una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto. Porque se decía: Con sólo tocar su manto, me curaré. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado. Y desde aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y cuando vio a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo; ¡Fuera! La niña no está muerta, sino dormida. Y se reían de Él. Cuando echaron a la gente, entró Él, tomó la niña de la mano, y ella se levantó. Y se divulgó la noticia por toda aquella región.

 

OFERTORIO Salmo 129, 1-2

DE PROFÚNDIS clamávi ad te, Dómine; Dómine, exaudi orationem meam. De profúndis clamávi ad te, Dómine.

DESDE LO MÁS ÍNTIMO de mi corazón clamé a ti, oh Señor; oye benignamente mis oraciones, Dios mío; porque a ti llamé desde lo más íntimo, Señor.

 

SECRETA

PRO NOSTRÆ servitútis augménto sacrifícium tibi, Dómine, laudis offérimus: ut, quod imméritis contulísti, propítius exsequáris. Per Dóminum nostrum Iesum Christum Filium Tuum qui tecum vivit et regnat in unitate Spíritus Sancti Deus

TE OFRECEMOS, Señor, este sacrificio de alabanza, para que aumentes nuestros deseos de obsequiarte y acabes de perfeccionar lo que has empezado sin mérito alguno nuestro. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes:

EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, Padre santo, Dios omnipotente y eterno, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz:

 

COMUNIÓN Marcos 11, 24

AMEN DICO vobis, quidquid orántes pétitis, crédite quia accipiétes, et fiet vobis.

EN VERDAD os aseguro que cuantas cosas pidiereis en la oración, tened viva fe de conseguirlas y se os concederán.

POSCOMUNION

Quǽsumus, omnípotens Deus: ut quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spíritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. R/. Amen.

Te suplicamos, oh Dios omnipotente, que a los que alegras con tus misterios, no permitas sean víctimas de humanos peligros. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. R/. Amén.

 

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