martes, 29 de agosto de 2017

X domingo después de Pentecostés

X DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

Hay humildades de que Dios nos libre -decía Santa Teresa-, porque tan sólo tienen de tales el disfraz, ocultando bajo la máscara un orgullo refinado.
Pues el domingo de hoy en su liturgia nos enseña a distinguir la humildad postiza de la que es auténtica y verdadera. Ésta consiste en atribuir al Espíritu Santo y no a nosotros mismos nuestra santidad, ya que los actos del hombre, si llegan a ser sobrenaturales y a valer algo en orden a la vida eterna, es merced a la gracia del Espíritu Santo, que desde el día de Pentecostés sigue obrando la santidad en la tierra, en aquellos que no le desechan, ni le contristan, ni le extinguen, según la gráfica expresión del Apóstol.
ero sucede que la primera disposición del alma para que en ella obre libre y eficazmente ese divino Espíritu Santo y santificador, es la humildad, es encontrarla vacía, porque si la encuentra llena de sí misma, no hay lugar para Él, y se queda afuera, si bien junto a sus puertas para llamar a ellas a menudo, mediante sus santas inspiraciones. Además, la primera condición para conseguir el perdón de los pecados es la humildad, que reconoce la propia miseria y pide a Dios limpie al alma con su gracia.
En esta semana tenemos en el Breviario varios tipos de humildes y de orgullosos. Humilde fue el profeta Elías, y humilde el niño Joás, contrastando sus figuras con las de la impía Jezabel, la de Acab y la de su hija, la infame Atalla, tipos todos ellos repugnantes por su misma arrogancia.
Vemos a Joás humillado y después ensalzado por Dios. Pero este fenómeno, tan frecuente, está aún mejor retratado en el Evangelio del día. No hay cosa que más asquee a Dios que la soberbia. y sobre todo la soberbia redomada del fariseo, al cual ni sus mismas obras buenas le aprovechan, toda vez que las convierte en ponzoña, a causa de su dañada intención de lucir y aparentar ante el mundo.
Hay dos clases de hombres, dice Pascal: los pecadores que se tienen por culpables de todo, y los pecadores que nada de reprensible encuentran en sí. Pero, a la corta o a la larga, Dios humillará a éstos y ensalzará a aquellos; porque es ley que jamás deja de cumplirse: el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado (Ev.).
Verdad que Dios es indulgente, y que amenaza más de lo que suele castigar. imitando en esto a las madres; pero sepamos que " Dios no es burlado ". y que se han dado ya muchos castigos y pavorosos escarmientos.
Aprendamos, pues, a ser mansos y humildes de corazón. Ésta es la gran, casi la única lección que quiso Jesús aprendiésemos de Él. No nos dijo: Aprended a crear mundos, como Yo los creé, o a resucitar muertos y obrar estupendos milagros. En nada de eso quiso le imitásemos, sino en la mansedumbre y humildad, pero humildad de corazón, que no consiste en fingimientos ni en melindrosos encogimientos, sino en la verdad, porque la humildad es verdad (Sta. Teresa), ya que nos convence de lo poco que somos y de cómo seríamos todavía peores si el Señor misericordioso no nos tuviera siempre de su mano.
Guardemos en nuestra imaginación, profundamente grabada, la lección de humildad que se desprende de la parábola del Fariseo y el Publicano.
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La virtud más necesaria al cristiano, la más agradable a Dios, la que atrae las bendiciones del cielo, es sin duda la humildad. En la Misa de hoy se nos recomienda en gran manera esa virtud. En la parábola del Evangelio, que nos describe el orgullo del fariseo y la humildad del republicano, ¿quién no conoce qué designios del Señor al proponerla fue para enseñarnos que sin la humildad no es posible la justicia, ni virtud cristiana alguna?
La Epístola es como el preludio razonado de esta parábola. San Pablo recuerda a los fieles de Corinto el lastimoso estado en que estaban antes de su conversión. Las gracias que actualmente poseían nos debían engreírlos, pues eran puros dones del Espíritu Santo.

El Introito está íntimamente relacionado con esta virtud. Nos inspira una humilde confianza en la bondad de Dios, quien es a un tiempo nuestro Creador, nuestro Padre y Redentor.  

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Salm. 54,17-23,2-3.- Yo llamo al Señor, y él oye mi voz; me libra de los que marchan contra mí; él, que reina desde toda la eternidad, los humilla. Pon tu suerte en las manos del Señor; él te sustentará.  Salmo.- Da oídos, Señor, a mis ruegos y no te escondas ante mis plegarias; atiéndeme y escúchame. V/ Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Colecta.- Puesto que Dios pone todo su poder al servicio de su misericordia, podemos nosotros ir fácilmente a él a pesar de nuestras faltas, y sostenidos por la esperanza, correr sin temor hacia la realización de sus promesas.
Oh Dios!, que haces brillar sobre todo tu omnipotencia por el perdón y la clemencia, multiplica sobre nosotros tu gracia; para que, corriendo tras de tus promesas, nos hagas participar de los bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo.

Epístola. I Cor. 12.2-11.- La diversidad de los dones espirituales la concede Dios, en vista del bien de todos. Son también otras tantas manifestaciones del Espíritu Santo en la Iglesia.
Hermanos: Bien sabéis que cuando erais paganos, marchabais sin reflexionar tras de los ídolos mudos. Ahora, pues, yo os declaro: nadie que hable inspirado de Dios maldice de Jesús y nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por moción del Espíritu Santo. Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas es el mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un solo Señor; diversidad de opera­ciones, mas el mismo Dios obra todo en todos. La manifestación del Espíritu se da a cada cual con miras al bien común. Así uno recibe del Espíritu una palabra de sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu una palabra de ciencia; a éste le da el mismo Espíritu fe; al otro, el don de curación por el mismo Espíritu; a quién, el don de hacer milagros; a quién, la profecía; a éste, discreción de espíritus; a uno, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretación. Mas todo esto lo obra el mismo y único Espíritu, repartiéndolo a cada cual según le place.

Gradual. Salm. 16.8,2, Guárdame, Señor, como a la niña de tus ojos: al abrigo de tus alas ampárame. V/ Tu boca falle en mi favor y vean tus ojos mi rectitud.

Aleluya. Salm. 64.2.- Aleluya, aleluya. V/ A ti, ioh Dios!, se deben himnos de alabanza en Sión, y a ti se ofrecerán votos en Jerusalén. Aleluya.

Evangelio. Luc.18.9-14.- La humildad atrae la benevolencia divina; ella es familiar a los santos, los cuales viven en un espíritu de dependencia total y constante con respecto a Dios. La soberbia, por el contrario, desligándonos de Dios, nos deja privados de su auxilio.
En aquel tiempo: Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos y despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo para orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Dios!, gracias te doy porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; o como este publicano. Ayuno dos veces por semana; pago los diezmos de cuanto poseo. El publicano, puesto allá lejos, ni se atrevía a levantar los ojos al cielo; se golpeaba el pecho diciendo: ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Os digo que éste volvió justificado a su casa, mas no el otro; porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. CREDO.

Ofertorio. Salm. 24.1-3.-
A ti, Señor, levanto mi espíritu; en ti, Dios mío, busco mi refugio, no quede avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; nadie que espere en ti será con­fundido.

Secreta.- A ti, Señor, se debe rendir el tributo de estos sacrificios; tu eres también el que nos permites ofrecerlos en tu honor y también para nuestra propia curación, Por nuestro Señor.

Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Arcángeles, los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...

Comunión. Salm. 50.21.- Aceptarás, Señor, los sacrificios santos, el holocausto y la oblación perfecta sobre tu altar.

Poscomunión.- Te rogamos, Señor y Dios nuestro, no prives de tus auxilios a los que te dignas, be­nigno, reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro.



TEXTOS EN LATÍN
Dominica Decima Post Pentecosten
II Classis



Introitus: Ps. liv: 17, 18, 20, et 22
Cum clamárem ad Dóminum, exaudívit vocem meam, ab his, qui appropínquant mihi: et humiliávit eos qui est ante sǽcula, et manet in ætérnum: jacta cogitátum tuum in Dómino, et ipse te enútriet. [Ps. ibid., 2] Exaudi, Deus, oratiónem meam, et ne despéxeris deprecatiónem meam: inténde mihi, et exáudi me. Glória Patri. Cum clamárem.

Oratio:
Deus, qui omnipoténtiam tuam parcéndo máxime et miserándo maniféstas: multíplica super nos misericórdiam tuam; ut ad tua promíssa curréntes, cæléstium bonórum fácias esse consórtes Per Dóminum.

1 ad Cor. xii: 2-11
Lectio Epistolæ beati Pauli Apostoli ad Corinthios.
F
ratres: Scitis quóniam cum gentes essétis, ad simulácra muta prout ducebámini eúntes. Ideo notum vobis fácio, quod nemo in Spíritu Dei loquens, dicit anathema Iesu. Et nemo potest dicere, Dóminus Iesus, nisi in Spíritu Sancto. Divisiónes vero gratiárum sunt, idem autem Spíritus. Et divisiónes ministratiónum sunt, idem autem Dóminus. Et divisiónes operatiónum sunt, idem vero Deus, qui operátur ómnia in ómnibus. Unicuíque autem datur manifestátio Spíritus ad utilitátem. Alii quidem per Spíritum datur sermo sapiéntiæ: álii autem sermo sciéntiæ secúndum eúndem Spíritum: álteri fides in eódem Spíritu: álii grátia sanitátum in uno Spíritu: álii operátio virtútum, álii prophetía, álii discrétio spírituum, álii génera linguárum, álii interpretátio sermónum. Hæc autem ómnia operátur unus atque idem Spíritus, dívidens síngulis prout vult.

Graduale Ps. xvi: 8 et 2
Custódi me, Dómine, ut pupíllam óculi: sub umbra alárum tuárum prótege me. V. De vultu tuo judícium meum pródeat: óculi tui vídeant æquitátem.
Allelúja, allelúja. [Ps. lxiv: 2] Te decet hymnus, Deus, in Sion: et tibi reddétur votum in Jerúsalem. Allelúja.
Luc. xviii: 9-14
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam. 
In illo tempore: Dixit Jesus ad quosdam, qui in se confidébant tamquam iusti, et aspernabántur céteros parábolam istam: Duo hómines ascendérunt in templum ut orárent: unus Pharisǽus et alter publicánus. Pharisǽus stans, hæc apud se orábat: «Deus, grátias ago tibi, quia non sum sicut céteri hóminum: raptóres, injústi, adúlteri, velut étiam hic publicánus. Jejúno bis in sábbato, décimas do ómnium quæ possídeo.» Et publicánus a longe stans nolébat nec óculos ad cælum leváre, sed percutiébat pectus suum, dicens: «Deus propítius esto mihi peccatóri.» Dico vobis: descéndit hic iustificátus in domum suam ab illo: quia omnis qui se exáltat, humiliábitur: et qui se humíliat exaltábitur.
Credo.

Offertorium: Ps. xxiv: 1-3.
Ad te, Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam: neque irrídeant me inimíci mei: étenim univérsi, qui te exspéctant, non confundéntur.

Secreta:
Tibi, Dómine, sacrifícia dicáta reddántur: quæ sic ad honórem nóminis tui deferénda tribuísti, ut éadem remédia fieri nostra præstáres. Per Dóminum.



Communio: Ps. l: 21
Acceptábis sacrifícium justítiæ, oblatiónes, et holocáusta, super altáre tuum, Dómine.

Postcommunio:
Quǽsumus, Dómine Deus noster: ut quos divínis reparáre non désinis sacraméntis, tuis non destítuas benígnus auxíllis. Per Dóminum.