sábado, 8 de octubre de 2016

XXI domingo despues de Pentecostés

XXI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

La ley de la caridad y de la misericordia, que nos recuerda el evangelio es de una exigencia absoluta: "¿No debías haber tenido compasión de tu compañero como la he tenido yo de ti?" El perdón de las ofensas y el amor al prójimo son la réplica necesaria y como la prolongación en nuestra vida del magnánimo perdón que nos otorga Dios.
En Dios encuentra el cristiano la ley de su vida: "Sed buenos porque yo soy buen. Sed perfectos como lo es el Padre celestial. Amaos los unos a los otros como yo os he amado."
Feliz el cristiano al poder vivir iluminado por una revelación que, con una justa concepción de Dios, le da una regla de conducta toda ella arraigada en él. Tratándose de verdad y felicidad, nada hay tan pacificador para el hombre como el conocer la voluntad soberana de Dios, asimilársela y con las armas que ella misma proporciona consagrar toda la vida a la práctica del bien. 
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 Llámese este domingo el de los dos deudores o del perdón de las injurias, por tratar de ese asunto el Evangelio. Éste nos enseña que hemos de perdonar a nuestros hermanos, de lo íntimo de nuestro corazón, las ofensas que nos hayan hecho, si queremos que Dios nos perdone los pecados que hemos cometido contra Él. 
En la Epístola, después de haber exhortado San Pablo a todos el cumplimiento de las obligaciones de su estado, nos advierte que para resistir a los enemigos invisibles de nuestra salvación, es necesario nos revistamos con las armas espirituales, las cuales señala muy particularmente. Una de ellas, sin duda muy poderosa, es la fe. Con ella podremos apagar todos los dardos encendidos del maligno espíritu.
El Introito está tomado de la oración que Mardoqueo hizo a Dios juntamente con el pueblo judío, para suplicar al Señor que se dignase mirar las lágrimas y los gemidos de un pueblo consagrado singularmente y al que el orgullo de un solo hombre quería perder para siempre./

Interpretación de los textos de la misa según el oficio divino. (No siempre coincide). Síguese leyendo por ahora en los Maitines la historia de los esforzados Macabeos. La vida cristiana es un combate en que están comprometidas la gloria de Dios y nuestra salvación. Esto respira en todas las piezas de la misa de hoy y por eso nos recuerda todavía a Job  (Ofert.) llagado y perseguido (Ofert.) y a Mardoqueo odiado por Amán (Int.),. por "aquel calumniador", figura del demonio y de sus ministros Infernales, contra los cuales hemos de luchar sin tregua, pues flotan por los aires, buscando alguno a quien dañar con sus maleficios (Ep.). No son seres de carne y sangre, dice el Apóstol, sino espíritus y espíritus malignos de tinieblas; y por eso mismo más temibles, si bien con una sola señal de la cruz podemos ahuyentar a todo el infierno junto.
Eso nos dice a las claras que nuestras armas contra ellos deben ser ante todo espirituales. Debe ser la oración perseverante y confiada. Armados con ella nos sentiremos todopoderosos contra el diablo, como se sentía Santa Teresa, como se sentían los Macabeos en la lucha contra los impíos perseguidores de su religión y de su pueblo. He aquí la armadura más sencilla. Pero la mística panoplia contra nuestros mortales enemigos es la rectitud, la justicia, la paz y la fe, como armas defensivas; y como ofensivas, las palabras divinamente inspiradas que la Iglesia recibió del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Ahora bien, la palabra de Dios, que hoy se nos sirve en el Evangelio. comprendía toda la vida cristiana, haciéndola consistir en el ejercicio de la caridad, que nos impulsa a obrar con nuestro prójimo como Dios se porta con nosotros. Si Él nos perdona nuestras culpas, otro tanto debemos hacer con nuestros semejantes, y no lo de aquel siervo malo y despiadado que ahoga  a su compañero, exigiéndole una suma insignificante, cuando su señor acaba de condonarle una fabulosa cantidad. ¡Qué contraste tan enorme entre la magnanimidad del amo y la ruindad de ese mal siervo!.  Ese amo es Dios, y siervos somos todos los hombres. El Señor nos ha de exigir cuentas a todos (Ev.);.pero cábenos el consuelo de pensar que, si las deudas exceden a nuestra solvencia, Dios se portará con nosotros como nos hubiéremos portado con nuestros consiervos. No pudo, pues, sellar con sello más dulce ni más fuerte el precepto del amor fraterno, que todos nos debemos en Cristo, y de la tolerancia mutua. Si ajustamos nuestras cuentas con el prójimo conforme a justicia, conforme a ella las ajustará Dios con nosotros. Conviénenos, pues, ajustarlas con mucha rebaja, porque entonces seguros estamos de que Dios, supremo Juez, a quien tanto debemos todos, usará con nosotros de esa misma consideración y miramiento, lejos de entregamos a los poderes infernales para que nos atormenten. Estamos ya en vísperas de cerrar el Ciclo litúrgico, y este periodo postrero del mismo nos recuerda que los demonios andarán desatados al fin del mundo. Busquemos en Dios un castillo de refugio, pues contra su voluntad nada se resiste (Int.), y al fin saldremos vencedores y no habremos por qué temer el día del Juicio. Para eso vino Cristo, nos dice S. Juan, " para que tengamos confianza en el día del Juicio", "en ese día grande y por demás amargo" para los malos y enemigos de Cristo.


TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Ester 13,9 y 10-11. -Todo está en vuestras manos, Señor, y no hay quien pueda resistir a vuestro poder; Vos lo ha­béis creado todo, el cielo y la tierra y cuan­toen ellos se contiene. Vos sois Señor de todo. – Salmo. 118,1.- Dichosos los limpios de corazón; los que andan por el camino de la ley de Dios. Gloria al Padre.

Oración. No puede haver vida verdadera sin una constante asistencia de Dios.- Os suplicamos, Señor, que guardéis con perpetua clemencia a vuestro pueblo, a fin de que, con vuestra protección, se vea libre de todo mal, y os sirva santamente. Por N. S. J. C...

Epístola. Ef. 6,10-17. "Ciertamente, en el Señor y en su virtud soberana es donde debéis buscar vuestras energías. Vestíos la armadura de Dios." El mismo Señor arma al cristiano para el combate espiritual contra Satanás, su verdadero enemigo.- Hermanos: Buscad vuestra fuerza en el Señor y en el vigor de su poder. Poneos la armadura de Dios, para poder resistir a las estratagemas del diablo. Porque no peleamos contra gente de carne y hueso, sino contra los principados, las potestades, los poderes cósmicos de este mundo tenebroso: los espíritus malignos de los espacios. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal, y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. ¡Estad firmes! Usad como cinturón la verdad; como coraza, la justicia; como calzado, la prontitud para el evangelio de la paz; en toda ocasión tomad como escudo la fe: para que se apaguen en ella las flechas incendiarias del Maligno. Finalmente, poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu: la Palabra de Dios.

Gradual. Sal. 89, 1-2. -Señor, tú has sido nuestro baluarte, de generación en generación. Antes de engendrarse los montes, antes de nacer el orbe de la tierra, de eternidad a eternidad tú existes, oh Dios.

Aleluya, aleluya. Sal. 113,1. Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo extranjero. Aleluya.

Evangelio. Mat. 18, 23-35. PEdro acaba de hacer esta pregunta: "Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete?- Yo no digo siete -responde Jesús- sino hasta setenta veces siete." Las palabras que van a seguir son un verdadero comentario al diálogo entre el Señor y su discípulo.- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Ofertorio. Job. 1.- Había en el País de Hus, en Idumea, un hombre llamado Job, hombre sencillo, recto y temeroso de Dios, al cual pidió Satanás para tentarle, y Dios le dio poder de dañarlo en sus bienes y en su carne. Perdió Job todos sus bienes y sus hijos, viendo sus carnes llagadas de graves úlceras.

Secreta.- Recibid, Señor, propicio nuestras ofrendas, con las cuales quisisteis ser aplacado, y concedednos la salvación por vuestra poderosa misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

Comunión. Ps. 118, 81, 84 y 86.- Mi alma ha esperado en Vos, Salvador mío, y en vuestra palabra. ¿Cuándo haréis justicia contra mis perseguidores? Los malvados me persiguen; ayudadme, Señor y Dios mío.

Poscomunión.- Después de recibir, Señor, el sustento que da la inmortalidad, os rogamos que lo que hemos tomado lo sigamos de corazón. Por N. S. J. C.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
AUDIO DE LA EPÍSTOLA Y EL EVANGELIO
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 Epístola
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  Evangelio

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Dominica Vigesima Prima post PentecostenII Classis
Introitus: Esther 13: 9, 10-11
In voluntáte tua, Dómine, univérsa sunt pósita, et non est qui possit resístere voluntáti tuæ: tu enim fecísti ómnia, cælum et terram, et univérsa quæ in cæli ámbitu continéntur: Dóminus universórum tu es. [Ps. cxviii, 1]. Beáti immaculáti in via: qui ámbulant in lege Dómini. Glória Patri. In voluntáte.
Collect:
Famíliam tuam, quǽsumus, Dómine, contínua pietáte custódi: ut a cunctis adversitátibus, te protegénte, sit líbera: et in bonis áctibus tuo nómini sit devóta. Per Dóminum.

Ephesios vi: 10-17
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Fratres: Confortámini in Dómino, et in poténtia virtútis ejus. Indúite vos armatúram Dei, ut possítis stare advérsus insidias Diáboli. Quóniam non est nobis colluctátio advérsus carnem et sánguinem; sed advérsus príncipes et potestátes, advérsus mundi rectóres tenebrárum harum, contra spirituália nequítiae in cæléstibus. Proptérea accépite armatúram Dei, ut possítis resístere in die malo, et in ómnibus perfécti stare. State ergo succíncti lumbos vestros in veritáte et indúti lorícam justítiæ, et calceáti pedes in præparatióne Evangélii pacis: in ómnibus suméntes scutum fídei, in quo possítis ómnia tela nequíssimi ígnea extínguere: et gáleam salútis assúmite: et gládium spíritus, quod est verbum Dei.
Graduale Ps. lxxxix: 1-2
Dómine, refúgium factus es nobis, a generatióne et progénie. V. Priúsquam montes fíerent, aut formarétur terra et orbis: a sǽculo, et usque in sǽculum tu es Deus.
Allelúja, allelúja. [Ps. cxiii: 1] In éxitu Israël de Ægýpto, domus Jacob de pópulo bárbaro. Allelúja.
Matt. xviii: 23-35
        Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolum hanc: Assimilátum est regnum cælórum hómini regi qui vóluit ratiónem pónere cum servis suis. Et cum cœpísset ratiónem pónere, oblátus est ei unus, qui debébat decem míllia talénta. Cum autem non habéret unde rédderet, jussit eum dóminus venúmdari, et uxórem ejus, et fílios, et ómnia quæ habébat, et reddi. Prócidens autem servus ille, orábat eum, dicens: "Patiéntiam habe in me, et ómnia reddam tibi." Misértus autem dóminus servi illíus, dimísit eum, et débitum dimísit ei. Egréssus autem servus ille, invénit unum de consérvis suis, qui debébat ei centum denários: et tenens suffocábat eum, dicens: "Redde quod debes." Et prócidens consérvus ejus rogábat eum, dicens: "Patiéntiam habe in me, et ómnia reddam tibi." Ille autem nolúit, sed ábiit, et misit eum in cárcerem donec rédderet débitum. Vidéntes autem consérvi ejus quae fiébant, contristáti sunt valde: et venérunt et narravérunt dómino suo ómnia quæ facta fúerant. Tunc vocávit illum dóminus suus, et ait illi: "Serve nequam, omne débitum dimísi tibi, quóniam rogásti me: nonne ergo opórtuit et te miseréri consérvi tui, sicut et ego tui misértus sum?" Et irátus dóminus ejus, trádidit eum tortóribus, quoadúsque rédderet univérsum débitum. Sic et Pater meus cæléstis fáciet vobis, si non remiséritis unusquisque fratri suo de córdibus vestris.
Credo.
Offertorium: Job 1.
Vir erat in terra Hus, nómine Job: simplex et rectus, ac timens Deum: quem Satan pétiit, ut tentet: et data est ei potéstas a Dómino in facultátes, et in carnem ejus: perdítque omnem substántiam ipsíus, et fílios: carnem quoque ejus gravi úlcere vulnerávit.
Secreta:
Súscipe, Dómine, propítius hóstias: quibus et te placári voluísti, et nobis salútem poténti pietáte réstitui. Per Dóminum.

Communio: Ps. cx: 81, 84 et 86
In salutári tuo ánima mea, et in verbum tuum sperávi: quando fácies de persequéntibus me judícium? iníqui persecúti sunt me, ádjuva me, Dómine, Deus meus.
Postcommunio:
Immortalitátis alimóniam consecúti, quǽsumus, Dómine Deus, ut quod ore percépimus, pura mente sectémur. Per Dominum.