domingo, 26 de marzo de 2017

IV domingo de Cuaresma -Domingo Laetare-


IV DOMINGO DE CUARESMA -DOMINGO LAETARE-
I clase, rosa o morado
Sin Gloria. Tracto. Credo. Prefacio de Cuaresma
Nos propone hoy la Iglesia en sus Oficios nocturnos una nueva figura del Salvador, el gran adalid y libertador del pueblo de Israel vejado y cautivo de los egipcios. Su historia viene a resumirse en estas dos ideas: Moisés libertó a pueblo de Dios y le hizo atravesar el Mar Rojo. Luego le alimentó en el desierto con el maná, anunciándole al propio tiempo que había de enviar Dios al Profeta, o sea, al Mesías (Ev.).    Además, Dios entregó a Moisés su santa Ley en las cimas del Sinal, y le condujo hasta la Tierra de Promisión, tierra que fluía leche y miel. En medio de ella habrá de erguirse más tarde la ciudad de Jerusalén, con su templo hecho según la traza del Tabernáculo del desierto. A ella subirán las tribus de Israel para cantar las maravillas que con su pueblo ha obrado Dios (Int., Gr., Com.).    La misa de hoy nos muestra precisamente el cumplimiento de estas antiguas figuras. El verdadero Libertador es Jesucristo, pues, cual otro Moisés, nos libertó a todos del cautiverio del pecado. Las aguas del Mar Rojo son las aguas salvadoras del santo Bautismo. El maná llovido del cielo es la Eucaristía tan prodigiosamente multiplicada; y mediante la gracia sobreabundante que nos confieren estos dos Sacramentos, podemos llegar hasta el templo de Dios, que es la Iglesia, que es sobre todo la celestial Jerusalén, en donde sin cesar se canta. el Cántico de Moisés y del Cordero.    Parece, pues, muy natural que la estación se celebre en Santa Cruz de Jerusalén y por eso el lntroito, la Comunión y el Tracto hablan de Jerusalén, comparada por S. Pablo en la Epístola con el Monte Sinaí.    En este día bendice el Papa la llamada Rosa de Oro, que simboliza el jardín ameno y aromático de la celestial Jerusalén, del Paraíso de delicias. De ahí los ornamentos de color rosa que hoy se emplean, como también en el Domingo 3º de Adviento. Óyense en este día los acordes melodiosos del órgano, mudo los Domingos anteriores, y el altar se ve engalanado con flores. Así como el Domingo "Gaudete" (Regocijaos) viene en Adviento, animándonos a proseguir con generosidad en nuestra laboriosa preparación a las fiestas de Navidad, así también el Domingo "Laetare" (Alegraos) señala como un descanso en la carrera cuaresmal. La Iglesia quiere que brille en nuestras almas un rayo de alegría, que parte de la iglesia del Calvario esperanza nuestra, para animarnos a perseverar en la lucha contra el demonio, la carne y el mundo, hasta tanto que llegue la santa Pascua. El Evangelio nos habla de la multiplicación de los panes y de los peces, símbolos entrambos de la Eucaristía que recibiremos al celebrar nuestra Pascua. La Epístola, a su vez, nos habla de nuestra liberación por medio del Bautismo (que los Catecúmenos recibían por Pascua), o bien por el sacramento de la Penitencia, el cual nos permite recobrar la libertad cristiana.    Los dos hijos de Abrahán significan entrambos Testamentos (Ep.): Ismael, hijo de Agar, es imagen de los Judíos esclavos de la Ley mosaica; Isaac, hijo de Sara, figura a los Gentiles, hechos por su fe herederos de las promesas mesiánicas. Pidamos al Señor que, en medio de las pruebas que tuviere a bien enviamos, o de las penitencias que nosotros mismos nos impusiéremos por nuestros pecados, nos sostenga siempre con sus divinos consuelos (Or.).
Esta Domínica, conocida con el nombre de Lactare por ser ésta la primera palabra con que empieza el Introito de la Misa, es una de las más célebres del año litúrgico. La Iglesia en este día suspende las saludables tristezas de la Cuaresma: los cantos del Misa no hacen más que invitarnos al gozo santo, a una saludable consolación; el órgano, mudo en los tres domingos precedentes, deja oír sus melodiosas armonías; el diácono vuelve a vestir la dalmática y el subdiácono la túnica, en prueba del gozo de que quiere la Iglesia estemos poseídos en este día. En todo esto guarda perfecta semejanza esta Domínica con la tercera de Adviento, llamada Gaudete.
El motivo que ha inducido a la Iglesia para convidar a una santa alegría, ha sido a fin de felicitar a sus hijos por el celo con que han recorrido la mitad de la Cuaresma, así como para animarles a continuar el tiempo que resta hasta el santo día de Pascua. Esta Domínica de Cuaresma ha sido también denominada Domínica de los cinco panes, por razón del Evangelio de la Misa que nos relata su multiplicación. Este prodigio, obrado por la infinita virtud de Jesús, de vez, según la mente de la Iglesia, recordarnos otro prodigio mucho más grande, debe prepararnos para celebrar la institución de la Eucaristía, al propio tiempo que disponernos a su recepción. Si uno de los fines de la Cuaresma consiste en preparar a los cristianos para que se acerquen dignamente al convite de la Eucaristía, muy justo era recordarle este augusto misterio en día tan señalado, muy debido era proponerles el milagro que Jesucristo obró el día antes de hablar en Cafarnaúm de su real presencia en el Sacramento de su amor. Tanta bondad de nuestro divino Maestro debe llenarnos de saludable alegría, del espiritual gozo que expresar la Liturgia en cada una de las partes de la santa Misa. Fijándonos en ellas, observamos que así el Introito como el Gradual, Tracto y Ofertorio cantan alegría de que deben inundarse nuestras almas; en la Epístola de San Pablo nos manifiesta la dignidad y excelencia de nuestra Madre, y, por ende, la de nosotros sus hijos; el Evangelista nos refiere la misericordiosa bondad y el milagroso poder con que Jesús alimentó a los que en el desierto le seguían fieles para oír sus palabras y que entusiasmados le iban a proclamar por su rey; y en las Oraciones la Iglesia pide, y nosotros con ella, que nos hagamos dignos de las consolaciones divinas, y de participar debidamente preparados de los misterios de la Redención.
Los catecúmenos que querían terminar su preparación para recibir el santo Bautismo, llamados competentes, en esta cuarta Domínica de Cuaresma, según el testimonio de San Agustín en el sermón 213, eran inscritos en el registro o matrícula, de la Iglesia, y en esta ocasión se les daba el nombre espiritual, sin quitárseles el nombre de su familia. Esta imposición se hacía, no como ahora en el día del bautismo, sino antes de recibirle.


TEXTOS DE LA MISA
Introito. Is. 66.10,11: Salm. 121.1-  Alégrate, Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis; regocijaos con ella, gozosos, cuantos por ella hacéis duelo; para que os saciéis del pecho de sus consuelos. Salmo. Me alegré cuando se me dijo: Vamos a la casa del Señor, f. Gloria al Padre.
Colecta.-  Concedednos, ¡oh Dios omnipotente!, que quienes su­frimos lo merecido por nuestras acciones, respiremos con el consuelo de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola. Gal. 4.22-31.-  Con lenguaje alegórico, en que Agar figura a la Sinagoga y Sara a la Iglesia, interpreta san Pablo un pasaje célebre del Génesis (16; 21.1-21), para mostrar que en el orden de la salvación todo reposa sobre el don de Dios, sobre «la promesa». De esta promesa son auténticos herederos los cristianos, pues han sustituido a los judíos.
Hermanos: Escrito está que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre. Mas el de la esclava nació según la carne, y el de la libre en virtud de la promesa; lo cual se dijo en un sentido alegórico. Por que estas dos madres son los dos Testamen­tos. El uno el del monte Sinaí, que engendra esclavos, es Agar; porque el Sinaí es un monte de Arabia. Corresponde ella a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus hijos. Mas aquella Jerusalén de arriba es libre; y es madre nuestra. Porque escrito está: Alégrate, estéril, que no pares; prorrumpe en gritos de júbilo tú que no conoces los dolores del parto, pues son más los hijos de la abandonada, que los de la que tiene marido. Vosotros, pues, hermanos, sois como Israel hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas, así como entonces el que había nacido según la carne, perseguía al nacido según el espí­ritu, así sucede también ahora. Pero ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, pues no será heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Y así, hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y esta libertad nos la ha adquirido Cristo. 
Gradual. Salm. 121.1,7.-  Me alegré cuando se dijo: Vamos a la casa del Señor.  Reine la paz en tu recinto y la abundancia en tus palacios.          
Tracto. Salm. 124 1-2.- Los que confían en el Señor son como el monte Sión; jamás se tambaleará el que habita en Jerusalén. Jerusalén está rodeada de montañas; así rodea el Señor a su pueblo desde ahora y para siempre.
Evangelio. Juan 6.1-15.-  La multiplicación de los panes es anuncio y símbolo de la Eucaristía, el sacramento pascual por excelencia prometido a los bau­tizados. «Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; quien coma de este pan vivirá eternamente. El pan que yo he de dar para salvación del mundo es mi carne.»-
En aquel tiempo: Pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades, y le seguía una gran multitud de gente, porque veían los milagros que hacia con los enfermos. Subió, pues, Jesús a un monte, y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Habiendo, pues, alzado Je­sús los ojos, y viendo que venía hacia sí tan gran multitud, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que coma esta gente? Esto lo decía para probarle, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Respondió Felipe: Doscientos denarios de pan no les alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, An­drés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos cinco mil hombres. Tomó entonces Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los peces, dando a todos cuanto   querían.  Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pier­dan. Hiciéronlo así, y llenaron doce cestos con los trozos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: ¡Éste es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo! Y Jesús, notando que habían  de  venir  para  llevársele y hacerle Rey, huyó otra vez al monte él solo.
Ofertorio. Salm. 134.3,6.- Alabad al Señor porque es benigno; cantad himnos a su nombre, porque es amable. Todo cuanto quiso ha  hecho  el  Señor  en  el cielo y en la tierra.
Secreta.- Te pedimos, Señor, mires propicio el presente sacrificio, a fin de que aproveche a nuestra devoción y a nuestra salud. Por nuestro Señor,         
Prefacio de Cuaresma-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar,  Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión.
Comunión. Salm. 121.3-4.- Jerusalén está construida como una ciudad de partes bien trabadas. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, para alabar tu nombre, Señor,       
Poscomunión.-  Concédenos, ¡oh Dios Misericordioso! , la gracia de tratar siempre con sinceros obsequios este sacramento que incesantemente nos sacia, y de recibirle con gran espíritu de fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
PARTITURASY GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIOS DEL CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES  Y LECCIONES

GRABACIÓN DE LAS LECCIONES
  Epístola
  Evangelio
I VÍSPERAS II VÍSPERAS COMÚN DE CUARESMA PROPIO DEL DOMINGO


Dominica Quarta in QuadragesimaI Classis
Statio ad S. Crucem in Jerusalem

Introitus: Isai. lxvi 10 et11
Lætáre, Jerúsalem: et convéntum fácite, omnes qui dilígitis eam: gaudéte cum lætítia, qui in tristítia fuístis: ut exsultétis, et satiémini ab ubéribus consolatiónis vestræ. [Ps. 121. 1]  Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. Glória Patri.  Lætáre, Jerúsalem
Oratio:
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut qui ex mérito nostræ actiónis afflígimur, tuæ grátiæ consolatióne respirémus. Per Dóminum.

ad Gálatas. iv: 22-31
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Gálatas.
Fratres: Scriptum est: Quóniam Abraham duos fílios hábuit: unum de ancílla, et unum de líbera. Sed qui de ancílla, secúndum carnem natus est: qui autem de líbera, per repromissiónem: quæ sunt per allegoríam dicta. Hæc enim sunt duo testaménta. Unum quidem in monte Sina, in servitútem génerans: quæ est Agar: Sina enim mons est in Arábia, qui conjúnctus est ei, quæ nunc est Jerúsalem, et servit cum fíliis suis. Illa autem, quæ sursum est Jerúsalem, líbera est, quæ est mater nostra. Scriptum est enim: Lætáre, stérilis, quæ non paris: erúmpe, et clama, quæ non párturis: quia multi fílii desértæ, magis quam ejus, quæ habet virum. Nos autem, fratres, secúndum Isaac promissiónis fílii sumus. Sed quómodo tunc is, qui secúndum carnem natus fúerat, persequebátur eum, qui secúndum spíritum: ita et nunc. Sed quid dicit Scriptúra? Ejice ancíllam et fílium ejus: non enim hæres erit fílius ancíllæ cum fílio líberæ. Itaque, fratres, non sumus ancíllæ fílii, sed líberæ: qua libertáte Christus nos liberávit.
 Graduale: Ps. cxxi: 1 et 7
Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. Fiat pax in virtúte tua: et abundántia in túrribus tuis.
Tractus: Ps. cxxiv 1-2
Qui confídunt in Dómino, sicut mons Sion: non commovébitur in ætérnum, qui hábitat in Jerúsalem.  v. Montes in circúitu ejus: et Dóminus in circúitu pópuli sui, ex hoc nunc et usque in sæculum.
 Joann. vi: 1-15
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: Abiit Jesus trans mare Galilææ, quod est Tiberíadis: et sequebátur eum multitúdo magna, quia vidébant signa, quæ faciébat super his, qui infirmabántur. Súbiit ergo in montem Jesus: et ibi sedébat cum discípulis suis. Erat autem próximum Pascha dies festus Judæórum. Cum sublevásset ergo óculos Jesus, et vidísset quia multitúdo máxima venit ad eum, dixit ad Philíppum:  «Unde emémus panes, ut mandúcent hi?»   Hoc autem dicébat tentans eum: ipse enim sciébat quid esset factúrus. Respóndit ei Philíppus:  «Ducentórum denariórum panes non suffíciunt eis, ut unusquísque módicum quid accípiat.»   Dicit ei unus ex discípulis ejus, Andréas frater Simónis Petri:  «Est puer unus hic, qui habet quinque panes hordeáceos, et duos pisces: sed hæc quid sunt inter tantos?»   Dixit ergo Jesus:  «Fácite hómines discúmbere.»  Erat autem fœnum multum in loco.  Discubuérunt ergo viri, número quasi quinque míllia.  Accépit ergo Jesus panes: et cum grátias egísset, distríbuit discumbéntibus: simíliter et ex píscibus quantum volébant. Ut autem impléti sunt, dixit discípulis suis:  «Collígite quæ superavérunt fragménta, ne péreant.»  Collegérunt ergo, et implevérunt duódecim cóphinos fragmentórum ex quinque pánibus hordeáceis, quæ superfuérunt his, qui manducáverant. Illi ergo hómines cum vidíssent quod Jesus fécerat signum, dicébant:  «Quia hic est vere Prophéta, qui ventúrus est in mundum.»   Jesus ergo cum cognovísset, quia ventúri essent ut ráperent eum, et fácerent eum regem, fugit íterum in montem ipse solus.
 Offertorium: Ps. cxxxiv: 3 et 6
Laudáte Dóminum, quia benígnus est: psállite nómini ejus, quóniam suávis est: ómnia quæcúmque vóluit, fecit in cælo et in terra.
 Secreta:
Sacrifíciis præséntibus, Dómine, quǽsumus, inténde placátus: ut et devotióni nostræ profíciant et salúti. Per Dóminum.

Communio: Ps. cxxi: 3-4
Jerúsalem, quæ ædificátur ut cívitas, cujus participátio ejus in idípsum; illuc enim ascendérunt tribus, tribus Dómini, ad confiténdum nómini tuo, Dómine.
 Postcommunio:

Da nobis, quæsumus, miséricors Deus: ut sancta tua, quibus incessánter explémur, sincéris tractémus obséquiis, et fidéli semper mente sumámus. Per Dóminum