lunes, 19 de junio de 2017

II domingo después de Pentecostés

DOMINGO II DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.

Ya el Domingo anterior se nos inculcaba la práctica de la condescendencia y de la caridad fraterna; fruto sabrosísimo del misterio eucarístico, llamado con razón por S. Agustín "atadura de caridad".
Hoy la liturgia nos trae el Evangelio del convite, figura del convite eucarístico, al que todos estamos invitados por el gran Padre de familias, por el Rey, que es Dios; todos, aun los pecadores baldados por la culpa, pues precisamente, para enderezarlos y darles fuerzas, instituyó y preparó la divina Sabiduría este banquete, del que nadie es excluido, si se acerca con la debida buena voluntad, y demás disposiciones de cuerpo y alma.
En esta semana se lee en Maitines el Libro de los Reyes: el niño Samuel ofrecido por su madre Ana al servicio de Dios en el templo aun antes de verlo nacer. En el templo de Jerusalén servía al Señor este niño privilegiado y gran profeta, bajo la tutela del sumo sacerdote Helf, orgulloso y débil con sus hijos Ofni y Finees, los cuales servían también como sacerdotes en el Templo. Estos dos sacerdotes sacrílegos apartaban para si las carnes de las víctimas ofrecidas por los fieles, además de otros abusos abominables en que incurrieron. Pero su padre nada de esto les echó en cara; y así le vino el ejemplar castigo del cielo, porque el Arca de la Alianza fue robada por los Filisteos, y en la refriega murieron Helf y sus dos hijos.
Preferían éstos las delicias sensuales a esa "gran Cena" de que habla el Evangelio de hoy; por eso perdieron lo uno y lo otro. En cambio, el niño Samuel encontraba todas sus delicias en las divinas consolaciones. Helí y sus hijos "amaban su misma hambre" como dice gráficamente S. Gregorio en la Homilía de hoy, porque hambre y no otra cosa causan los deleites carnales, que no pueden aquietar ni saciar al hombre creado para mayores cosas, y no para ser siervo de su cuerpo y de las bajas pasiones que bullen en él y retozan. "Los goces corporales que prenden en nosotros vehementes deseos antes de poseerlos, traen en seguida el hastío, por la misma indigestión que causan al que los experimenta. Los goces espirituales, por el contrario, provocan el desprecio antes de su posesión, pero acucian el deseo una vez poseídos; y el que los ha gustado queda más hambriento de los mismos, cuanto más los saborea. (Homilía, mait.).  Mas ¡ay! que son muchas las almas que corren alocadas tras los placeres mundanos, y rehusan entrar en el banquete de la fe cristiana, en que la Iglesia las saciaría con el manjar de la doctrina evangélica. "Gustad, y ved cuán suave es el Señor. No conoceréis su dulzura mientras no la gustéis; pero tocad con el paladar de vuestro corazón el alimento, para que gustando de su dulcedumbre, seáis capaces de amarla. El hombre perdió sus delicias cuando pecó en el Paraíso, y de él salió el día que cerró la boca al alimento de la eterna dulzura". (S. Gregorio, Mait.). Pero gracias al Espíritu Santo, «hemos pasado de la muerte a la vida. (Ep.) Y por eso buscamos nuestras delicias más bien junto al Tabernáculo en que está oculto Jesús, como aquellos baldados y pobres del Evangelio, como el niño Samuel, cuyas delicias eran morar junto a su Dios y servirle en su santuario. Huyamos del orgullo y del apego a las cosas terrenales, para que «sólidamente cimentados en el amor del santo nombre de Dios" (Or.), y teniendo a éste siempre como norte supremo, nos vayamos de día en día haciendo más celestiales. (Sec.); y así " la gracia de la comunión eucarística, recibida en el divino banquete, acrecentará en nosotros los frutos de salvación (Posc.).
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La liturgia de esta Domínica es como una continuación de la fiesta del Corpus.
En el Introito confesamos que en Dios está nuestro más seguro refugio y nuestro más firme apoyo; en la Colecta pedimos el temor y amor de su santo nombre Clemente.
Son ciertamente estos efectos los más propios de un buen hijo para con su Padre, que le cría y alimenta con su mismo Cuerpo y Sangre.
El Evangelio contiene aquella hermosa parábola con la que Jesucristo nos fuerza y obliga a sentarnos a su mesa sagrada, bajo la amenaza de negarnos la entrada en el cielo, y excluirnos del banquete eterno.

El Ofertorio es, lo mismo que el Gradual, una nueva demanda que el divino socorro, fundada en sus misericordias, cuyo compendio y resumen es este admirable Sacramento. Pidamos una y otra vez, como lo hace la Iglesia, que la frecuentación del Sagrado misterio no sea infecunda para nuestras almas, sino que produzca en ellas fruto de salvación cada vez más abundantes

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Ps. 17, 19-20. - El Señor se ha constituido mi Protector; y me ha colocado en un lugar espacioso; me ha salvado, porque me quiso bien. – Salmo. 17, 2-3. Os amaré, Señor, fortaleza mía. El Señor es mi defensa, mi refugio y mi libertador. Gloria

Oración.- Haced, Señor, que siempre temamos y amemos vuestro santo Nombre;  porque vuestra Providencia jamás abandona a los que fundáis en la solidez de vuestro amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Epístola. 1 Juan. 3, 13-18. - Queridos hermanos: No os sorprenda que el mundo os odie. Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama, permanece en la muerte. El que odia a su hermano, es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en si vida eterna. En esto hemos conocido el ­amor: en que Él dio su vida por nosotros. También., nosotros debemos dar nuestras vidas por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y viendo a su hermano en ­necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

Gradual. Sal. 119, l-2.-  Llamé al Señor en la aflicción, y Él me respondió. Líbrame, Señor, de los labios mentirosos, de la lengua traidora.

Aleluya, aleluya. Sal.7,2.- Señor Dios mío, en ti he confiado: sálvame de mis perseguidores, y líbrame. Aleluya.

Evangelio. Lucas 14 26-24. En aquel tiempo: dijo Jesús a los fariseos esta parábola: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado para que avisara a los convidados: Venid, ya está preparado. Y empezaron a excusarse uno tras otro. El primero le dijo: He comprado un campo Y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor'. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. Volvió el criado y se lo contó a su amo. Entonces el dueño de la casa, indignado, dijo a su criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. Y dijo el criado: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Y el amo dijo al criado: Sal por los caminos v senderos, e insísteles hasta que entren, y se me llene la casa. Porque os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Ofertorio. Ps, 6, 5. - Señor, volveos a mí, y librad mi alma; salvadme por vuestra gran misericordia.

Secreta. - Purifíquenos, Señor, la ofren­da que os hemos ofrecido; y háganos adelantar en obras dignas del Cielo. Por nuestro Señor Jesucristo...

Prefacio de la Santísima Trinidad,.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno: Que con tu Único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque Tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad; A quien alaban los Ángeles y los Arcángeles y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamare con una sola voz:

Comunión. Ps.12,6.- Cantaré al Señor, que tantos bienes me ha dado; cantaré al Nombre del Altísimo Señor.

Poscomunión. - Recibidos vuestros dones, os rogamos. Señor, que frecuentando estos haga más segura nuestra salvación: .Por N. S. ]. C

PARTITURAS DE LOS PROPIOS Y GRABACIONES EN MP3
COMENTARIOS LITÚRGICOS CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
Collect-FestívusCollect-SolémnisEpistleGospel-AntíquiorGospel-LíbitumGospel-EvangéliiPostcomm-FestívusPostcomm-Solémnis
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
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  Epístola
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  Evangelio
I VÍSPERAS II VÍSPERAS PROPIO DEL DOMINGO

TEXTOS EN LATÍN

Dominica Secunda post Pentecosten
II Classis

Introitus: Ps. xvii. 19-20
Factus est Dóminus protéctor meus, et edúxit me in latitúdinem: salvum me fecit, quóniam vóluit me. [Ps. ibid., 2-3] Díligam te, Dómine, virtus mea: Dóminus firmaméntum meum et refúgium meum, et liberátor meus. [v.] Glória Patri. Factus est.
Oratio:
Sancti nóminis tui, Dómine, timórem páriter et amórem fac nos habére perpétuum: quia nunquam tua gubernatióne destítuis, quos in soliditáte tuæ dilectiónis instítuis. Per Dóminum.

1 Joann. iii: 13-18
Léctio Epístolæ beáti Joánnis Apóstoli.
Caríssimi: Nolíte mirári, si odit vos mundus. Nos scimus quóniam transláti sumus de morte ad vitam, quóniam dilígimus fratres. Qui non díligit, manet in morte: omnis qui odit fratrem suum, homicída est. Et scitis quóniam omnis homicída non habet vitam ætérnam in semetípso manéntem. In hoc cognóvimus caritátem Dei, quóniam ille ánimam suam pro nobis pósuit: et nos debémus pro frátribus ánimas pónere. Qui habúerit substántiam hujus mundi, et víderit fratrem suum necessitátem habére et cláuserit víscera sua ab eo: quómodo cáritas Dei manet in eo? Filíoli mei, non diligámus verbo, neque lingua, sed ópere, et veritáte.
Graduale Ps. cxix. 1-2
Ad Dóminum, cum tribulárer, clamávi, et exaudívit me. [v.] Dómine, líbera ánimam meam a lábiis iníquis, et a lingua dolósa.
A
llelúja, allelúja. [Ps. vii: 2] Dómine Deus meus, in te sperávi: salvum me fac ex ómnibus persequéntibus me, et líbera me. Allelúja.
Luc. xiv: 16-24
+ 
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore: Dixit Jesus Pharisǽis parábolam hanc: «Homo quidam fecit cœnam magnam, et vocávit multos. Et misit servum suum hora cœnæ dícere invitátis ut venírent, quia jam paráta sunt ómnia. Et cœpérunt simul omnes excusáre. Primus dixit ei: “Villam emi, et necésse hábeo exíre, et vidére illam: rogo te, habe me excusátum.” Et alter dixit: “Juga boum emi quinque, et eo probáre illa: rogo te, habe me excusátum.” Et álius dixit: “Uxórem duxi, et ídeo non possum veníre.” Et revérsus servus nuntiávit hæc dómino suo. Tunc irátus paterfamílias, dixit servo suo: “Exi cito in platéas, et vicos civitátis: et páuperes, ac débiles, et cæcos, et claudos íntroduc huc.” Et ait servus: “Dómine, factum est ut imperásti, et adhuc locus est.” Et ait dóminus servo: “Exi in vias et sepes: et compélle intráre, ut impleátur domus mea. Dico autem vobis, quod nemo virórum illórum, qui vocáti sunt, gustábit cœnam meam.”»
Credo.
Offertorium: Ps. vi: 5.
Dómine, convértere, et éripe ánimam meam: salvum me fac propter misericórdiam tuam.
Secreta:
Oblátio nos, Dómine, tuo nómini dicánda puríficet: et de die in diem ad cæléstis vitæ tránsferat actiónem. Per Dóminum.
Communio: Ps. xii: 6
Cantábo Dómino, qui bona tríbuit mihi: et psallam nómini Dómini altíssimi.
Postcommunio:
Sumptis munéribus sacris, quǽsumus, Dómine: ut cum frequentatióne mystérii, crescat nostræ salútis efféctus. Per Dominum.