jueves, 16 de marzo de 2017

III domingo de Cuaresma


TERCER DOMINGO DE CUARESMA
(I clase, morado)
Misa propia, sin gloria. Credo y prefacio de Cuaresma.
San Lorenzo extramuros, iglesia estacional, es una de las cinco basílicas patriarcales de Roma. La misa de este domingo nos muestra a Jesús en lucha con Satanás, a quien derrota y expulsa del cuerpo de un poseso (evangelio). Ya en el comienzo de su ministerio se había medido con el demonio; en el momento de su Pasión entablará el debate supremo, que coronará su victoria: “He aquí que llega el príncipe de este mundo, mas no tiene ninguna parte en mi”. El mismo resume toda su obra como una victoria definitiva sobre Satanás: “Ahora va a ser arro jado fuera el príncipe de este mundo; en cuanto a mí, cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré hacia mí a todos los hombres”. Así, pues, toda la misión de Jesús se presenta a nosotros como un banquete y un triunfo sobre Satanás. En este tiempo de cuaresma la iglesia no podía dejar de subrayarlo. El primer domingo nos presentó el evangelio de la tentación. Hoy, Satanás, arrojado del cuerpo de un poseso, ve desvanecérsele el dominio usurpado. Caminemos hacia la Pasión y los bautismos de Pascua. Después de los exorcismos pronunciados sobre los catecúmenos, Cristo tomará posesión de las almas por él rescatadas.
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La plegaria que nos propone la Iglesia en el Introito de la santa Misa, expresa admirablemente los deseos que animan así a los catecúmenos, ya admitidos al santo Bautismo, como a los penitentes, que esperan su próxima reconciliación, de ver realizadas sus aspiraciones. Ellos confiesan con profunda humildad sus miserias; pero la más viva esperanza de que serán atendidos, llena su corazón de consoladora alegría. Para que estos santos deseos puedan realizarse, la Iglesia implora en la Colecta el auxilio de Dios, suplicándole que extienda su poderoso brazo atendiendo las preces de las almas humildes. En la Epístola nos exhorta a San Pablo a que imitemos la santidad del mismo Dios, a que todas nuestras obras vayan informadas del amor, así como Cristo nos amó, y por eso se entregó por nosotros. Y como los vicios que más se oponen a esta santidad son la impureza y la avaricia, por eso quiere el santo Apóstol que estén muy lejos de los cristianos, no permitiendo que ni siquiera se nombre el primero, y comparando la avaricia a la idolatría, tan ajena de los verdaderos adoradores de Dios. Estos grandes enemigos que tanto procuran nuestra perdición deben movernos para elevar confiada y humildemente nuestros corazones a Dios, como nos lo enseña el Tracto. La sincera confesión de nuestras miserias espirituales hará descender sobre nosotros la misericordia del Padre celestial la santa iglesia, que, para enseñarnos la naturaleza de nuestras tentaciones y cómo debíamos vencerlas, nos propuso en el primer domingo de Cuaresma las tentaciones de Jesús en el desierto, hoy nos hace leer en el Evangelio de San Lucas un pasaje, el más propio para completar estas enseñanzas y hacernos ver el poder de nuestros espirituales enemigos. Al mismo tiempo que el imperio de Jesucristo contra el demonio, nos muestra también el Evangelio los ardides de nuestros enemigos; su constancia en los ataques, los compañeros que solicita; en el Ofertorio la alegría de corazón y la dulzura del alma que, escuchando la palabra de Dios, permanece fiel a sus mandamientos, y en las oraciones (Secreta y Poscomunión) los medios de que nos hemos de valer: la continua oración y la frecuentación de los sagrados misterios. La perseverancia en la oración tan encarecida en el santo Evangelio, la debemos practicar especialmente durante este santo tiempos de Cuaresma. Si no podemos imitar las austeridades de los Santos, podemos ciertamente orar, podemos elevar con frecuencia nuestra mente y nuestro corazón para manifestar a nuestro Padre celestial la necesidad que tenemos de su auxilio de su gracia para cumplir nuestros deberes de cristianos, para vivir alejados de todo cuanto sea contrario a la santidad de la vida, y para dedicarnos a la práctica de las sólidas virtudes. Éstas nos prepararán para celebrar dignamente los misterios de nuestra redención.
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La Iglesia, en los oficios nocturnos, lee la historia del Patriarca San José. ¡Qué modelo tan consumado de caridad y de pureza, de esas dos excelsas virtudes cristianas harto más difíciles de practicar que ahora, cuando tenemos de ellas tantos y tan preclaros ejemplos como nos han dado los Santos del Antiguo y Nuevo Testamento y sobre todo Jesús, divino modelo de predestinados! ¿Qué género de disculpa tendremos, los cristianos, si, estando obligados a mayor perfección en virtud de nuestro bautismo, nos quedamos tan atrás en el camino del propio vencimiento?.    El cielo, que esperamos con fundadisima esperanza, lo tenemos figurado en la promoción de José a los cargos más honrosos y elevados del Egipto, después de haber sufrido mil géneros de penalidades en los años de cárcel, que inocente sufrió con entera resignación.  Acicate poderoso para el cristiano, que en este mundo ha de vivir como pobre desterrado, que suspira sin cesar por su patria. Vela allá lejos, pero no le es dado visitarla por tan pronto. ¿Quién hubiera jamás pensado que de la envidia de los hermanos de José había Dios de sacar tan gran partido? Pero, además, tenemos en el Patriarca José una de las figuras más expresivas de Cristo y de su Iglesia. Jesús es, a no dudarlo, el perfecto dechado de pureza virginal.

Hoy precisamente nos le muestra el Evangelio expulsando a un demonio impuro. Esto mismo hace a diario la Iglesia en las almas de los bautizados por medio de la predicación y de los santos Sacramentos. Hácelo sobre todo en este santo tiempo de Cuaresma por medio de la Confesión y del Bautismo. ¿Qué otra cosa si no, son los exorcismos, tan frecuentes en el rito bautismal, en que llega el sacerdote hasta a imitar los gestos del Salvador cuando arrojaba a los demonios de los cuerpos de los infelices posesos? Antes del rito bautismal, dice el sacerdote, soplando sobre la cara del infante: "Sal, espíritu inmundo, de este niño; y cede el lugar al Espíritu Santo Consolador y no te atrevas a violar de nuevo esta morada". Insistiendo en la necesidad de la pureza, dícenos en la Epístola el Apóstol que "la fornicación y toda impureza no deben ni mentarse entre los cristianos, tanto es lo que desdice de la santidad de su vocación; sin contar que ningún fornicario ni impúdico tendrá parte en la herencia del cielo". Sabemos cuál es el arma adecuada contra la carne y sus bajas tendencias: la que el Patriarca José empleó, es decir la fuga; la que emplearon y aconsejan a una todos los Santos y Doctores, conociendo como conocen las aviesas tendencias de nuestra decaida naturaleza. También Jesús fué vendido como José,. y entregado a sus perseguidores por sus mismos hermanos, o sea por los Judíos, y hasta por uno de sus más íntimos amigos.  Una fiera pésima devoró a Jesús y le dio muerte afrentosa de Cruz. Mas por eso precisamente Dios le ensalzó después y dióle el mando de todos los pueblos, hasta los últimos confines de la tierra. Entonces devolvió Jesús bien por mal a los que quisieron aprovecharse del precio de su sangre vertida en el madero de la Cruz por salvar a los hombres, a los mismos verdugos que le atormentaban. Asimismo, Jesús, en las fiestas pascuales, distribuirá entre sus fieles los tesoros amontonados en sus trojes, al distribuir gratis el Pan celestial por medio de sus sacerdotes. Precede una graciosa amnistía, sin más condiciones que el arrepentimiento sincero, la humilde confesión y el propósito firme de no volver a pecar.

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Salm. 24.15-16,1-2.- Tus ojos miran siempre al Señor, porque él librará del lazo mis pies; mírame, ¡oh Dios!, y apiádate de mí, porque me veo solo y desgraciado. Sal. A ti Señor levanto mi alma. Dios mío, en ti confío, no quede yo avergonzado. Gloria al Padre.

Colecta.- Te rogamos, ¡oh Dios omnipotente!, mires los deseos de los humildes, y extiendas la diestra de tu majestad para defendernos. Por nues­tro Señor Jesucristo.

Epístola. Ef. 5.1-9.- Arrancados al poder del demonio, príncipe de las tinieblas, abracemos, en seguimiento de Cristo, una vida de caridad y de pureza, que ilumine con su luz a cuantos se hallen a nuestro lado.
Hermanos: Sed imitadores de Dios, como hijos muy amados. Vivid en el amor, como Cristo nos amó, y se ofreció a sí mismo a Dios por nosotros en oblación y hostia de olor suavísimo. Por tanto, la fornicación y toda clase de impureza, o avaricia, ni se nombre entre vosotros, cual conviene a los santos; ni palabras torpes y necias, ni truhanerías, ni bufonadas, lo cual desdice; sino, antes bien, acciones de gracias. Porque habéis de saber y entender que ningún fornicario, o impúdico, o ava­ro, lo cual viene a ser una idolatría, será heredero del reino de Cristo y Dios. Nadie os engañe con palabras va­nas; pues por tales cosas vino la ira de Dios sobre los incré­dulos. No queráis, por tanto, tener parte con ellos. Porque en otro tiempo erais tinie­blas; mas ahora sois luz en el Señor. Andad como hijos de la luz, pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.

Gradual. Salm. 9.20,4.- Levántate, Señor, no prevalezca el hombre; juzga­das sean las naciones en tu presencia, f. Mis enemigos retroceden; tropiezan y pe­recen en tu presencia.

Tracto. Salm.122,1-3.- A ti levanto mis ojos, que habitas en los cielo. Como los ojos de los siervos están fijos en las manos de sus señores. Y como los ojos de la esclava en las manos de su señora; así lo están nuestros ojos en el Señor y Dios nuestro, hasta que se apiade de nosotros. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Evangelio. Luc.11,14-28.- “Si por virtud de Dios arrojo los demonios, se sigue que el reino de Dios ha llegado a nosotros” Toda victoria contra el demonio es un extensión de ese reino celestial, tanto en nosotros como a nuestro alrededor.
En aquel tiempo: Estaba Jesús lanzando un demonio, el cual era mudo. Y, así que hubo lanzado al demonio, habló el mudo y se maravillaron las turbas. Mas algunos dijeron; Por arte de Belcebú, príncipe de los demonio, expulsa los demonios. Y otros, para tentarle, le pedían algún prodigio del cielo. Jesús, que veía sus pensamientos les dijo: Todo reino dividido en bandos quedará destruido, y caerá casa sobre casa. Si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo sub­sistirá su reino? Pues decís que lanzo los demonios en virtud de Belcebú. Y si yo lanzo los demonios por vir­tud de Belcebú, vuestros hijos, ¿por virtud de quién los lanzan? Por tanto, ellos mismos serán vuestros jueces. Mas si con el dedo de Dios lanzo los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado ya a vosotros. Cuando un valiente armado guarda la puerta de su casa, está seguro todo cuanto po­see. Mas si, asaltándole otro más fuerte que él, le venciere, le quitará todas sus armas, en que confiaba, y repartirá sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el es­píritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares áridos buscando reposo; y, no hallándolo, se dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Y, tornando a ella, la encuentra barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y, entrando en ella, moran allí; y así, el estado de este hombre viene a ser peor que el primero. Así hablaba, cuando una mujer de en medio del pueblo levantó la voz y exclamó: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron! Y él dijo: Dichosos más bien lo que oyen la palabra de Dios y la practican. CREDO.

Ofertorio. Salm. 18,9-12.- Los mandatos del Señor son justos, y alegran el corazón; sus juicios, más dul­ces que la miel de los pana­les. Y tu siervo los observa

Secreta.- Te rogamos, Señor, que esta hostia limpie nuestros de­litos, y santifique los cuerpos y las almas de tus súbditos, para celebrar el sacrificio. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo.

Prefacio de Cuaresma.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, ele­vas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu ma­jestad, la adoran las Domina­ciones, la temen las Potes­tades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión. Santo...

Comunión. Salm.83.4-5.- El pájaro halla casa para sí, y la tórtola nido en donde poner sus polluelos; yo, cabe tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. ¡Dichosos los que moran en tu casa! Ellos te ala­ban eternamente.

Poscomunión.- Te rogamos, Señor, libres propicio de todas las culpas y peligros a los que nos haces participantes de tan gran misterio. Por nuestro Señor Jesucristo.

 Textos on-line castellano-latín
Comentarios Card. Schuster
Sugerencias para la homilía Sermón de San Antonio Padua
Partituras de las oraciones y lecciones
Grabaciones de las lecturas
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  Epístola
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  Evangelio
I VÍSPERAS II VÍSPERAS COMÚN DE CUARESMA PROPIO DEL DOMINGO


Dominica Tertia in QuadragesimaI ClassisStatio ad S. Laurentium extra muros

Introitus: Ps. xxiv 15-16
Óculi mei semper ad Dóminum, quia ipse evéllet de láqueo pedes meos: réspice in me, et miserére mei, quóniam únicus et pauper sum ego. [Ps. ibid. 1-2] Ad te, Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído; non erubéscam. Glória Patri.  Óculi mei.
 Oratio:
Quǽsumus omnípotens Deus: vota humílium réspice; atque ad defensiónem nostram, déxteram tuæ majestátis exténde. Per Dóminum.
ad Ephésios v: 1-9
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Fratres: Estóte imitatóres Dei, sicut fílii caríssimi: et ambuláte in dilectióne, sicut et Christus diléxit nos, et trádidit semetípsum pro nobis oblatiónem et hóstiam Deo in odórem suavitátis. Fornicátio autem, et omnis immundítia, aut avarítia, nec nominétur in vobis, sicut decet sanctos; aut turpitúdo, aut stultilóquium, aut scurrílitas, quæ ad rem non pértinet: sed magis gratiárum áctio. Hoc enim scitóte intelligéntes, quod omnis fornicátor, aut immúndus aut avárus, quod est idolórum sérvitus, non habet hæreditátem in regno Christi, et Dei. Nemo vos sedúcat inánibus verbis: propter hæc enim venit ira Dei in fílios diffidéntiæ. Nolíte ergo éffici partícipes eórum. Erátis enim aliquándo ténebræ, nunc autem lux in Dómino. Ut fílii lucis ambuláte: fructus enim lucis est in omni bonitáte, et justítia, et veritáte.
Graduale: Ps. ix: 20 et 4
Exsúrge, Dómine, non præváleat homo: judicéntur gentes in conspéctu tuo. In converténdo inimícum meum retrórsum, infirmabúntur, et períbunt a fácie tua.
 Tractus: Ps. cxxii: 1-3
Ad te levávi óculos meos, qui hábitas in cælis. v. Ecce sicut óculi servórum in mánibus dominórum suórum.  v. Et sicut óculi ancíllæ in mánibus dóminæ suæ: ita óculi nostri ad Dóminum Deum nostrum, donec misereátur nostri.  v. Miserére nobis Dómine, miserére nobis.
 secúndum Lucam xi: 14-28
+
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
In illo témpore: Erat Jesus ejíciens dæmónium, et illud erat mutum. Et cum ejecísset dæmónium, locútus est mutus, et admirátæ sunt turbæ. Quidam autem ex eis dixérunt: «In Beélzebub príncipe dæmoniórum éjicit dæmónia.»  Et álii tentántes, signum de cælo quærébant ab eo. Ipse autem ut vidit cogitatiónes eórum, dixit eis: «Omne regnum in seípsum divísum desolábitur, et domus supra domum cadet. Si autem et sátanas in seípsum divísus est, quómodo stabit regnum ejus? quia dícitis in Beélzebub me ejícere dæmónia. Si autem ego in Beélzebub ejício dæmónia: fílii vestri in quo ejíciunt? Ideo ipsi júdices vestri erunt. Porro si in dígito Dei ejício dæmónia: profécto pervénit in vos regnum Dei. Cum fortis armátus custódit átrium suum, in pace sunt ea, quæ póssidet. Si autem fórtior eo supervéniens vícerit eum, univérsa arma ejus áuferet, in quibus confidébat, et spólia ejus distríbuet. Qui non est mecum, contra me est: et qui non cólligit mecum, dispérgit. Cum immúndus spíritus exíerit de hómine, ámbulat per loca inaquósa, quærens réquiem: et non invéniens dicit: Revértar in domum meam, unde exívi. Et cum vénerit, ínvenit eam scopis mundátam, et ornátam. Tunc vadit, et assúmit septem álios spíritus secum, nequióres se, et ingréssi hábitant ibi. Et fiunt novíssima hóminis illíus pejóra prióribus.»  Factum est autem, cum hæc díceret: extóllens vocem quædam múlier de turba, dixit illi: «Beátus venter, qui te portávit, et úbera, quæ suxísti.» At ille dixit: «Quinímmo beáti, qui áudiunt verbum Dei, et custódiunt illud.»
 Offertorium: Ps. xviii: 9, 10, 11 et 12
Justítiæ Dómini rectæ, lætificántes corda, et judícia ejus dulcióra super mel et favum: nam et servus tuus custódit ea.
 Secreta:
Hæc hóstia, Dómine, quǽsumus, emúndet nostra delícta, et ad sacrifícium celebrándum, subditórum tibi córpora mentésque sanctíficet. Per Dóminum.

Communio: Ps. lxxxiii 4-5
Passer invénit sibi domum, et turtur nidum, ubi repónat pullos suos: altária tua, Dómine virtútum, Rex meus, et Deus meus: beáti qui hábitant in domo tua, in sǽculum sǽculi laudábunt te.
 Postcommunio:

A cunctis nos, quǽsumus, Dómine, reátibus et perículis propitiátus absólve: quos tanti mystérii tríbuis esse partícipes. Per Dóminum.